Sociedad

Taller Nueva Oportunidad

Trabajar para vivir, y nunca al revés


Por  Eva Aranda (*)

Mi primer trabajo fue a los 16. Era muy sencillo: cuidaba una nena de 6 años. Tengo 4 hermanos menores y ya estaba acostumbrada. Me gustaba tener mi propia plata y ayudar a mis padres, pero los tiempos cambian y el dinero que me pagaban ya no me servía más que para un fin de semana. Decidí buscar otra cosa y así fue como entré a trabajar a un local de comidas rápidas, aunque sin dejar mi trabajo de niñera. Mantuve ambos trabajos. A la mañana en el bar, y de tarde cuidando a la nena, Carolina.

Dejé la escuela, ya que lo que ganaba le servía muchísimo a mis padres. Con el tiempo el trabajo se había vuelto una obligación y no algo que me gustara. No disfrutaba de estar con Carolina. Salía cansada del local y con poca paciencia. Tampoco soportaba a mi jefe del bar, que siempre tenía la costumbre de gritarme y apurarme cuando se llenaba de clientes el local. Ya no conocía lo que era estar un fin de semanas con amigos porque mi franco entre los dos trabajos era un martes y mis amigos estaban en la escuela. Había perdido esa vida pacifica de estudiante…y la extrañaba mucho.

 

* Eva comparte dos veces por semana el taller de escritura dictado en la Cooperativa La Cigarra como parte de las capacitaciones del programa Nueva Oportunidad. Ella llegó a conocerlo a través del Club Reflejos, en la zona norte, y forma parte de las 17 mil personas de entre 13 y 30 años en situación de vulnerabilidad que buscan contención y una forma de entrar al mundo laboral.

Acompañados por periodistas del diario El Ciudadano, Eva se animó a escribir. Usó el espacio para hablar de su barrio y su familia, de aventuras con amigos, recuerdos lindos (y no tantos) de la infancia y muchos temas más que surgieron luego de ir conociendo distintos autores como Gabriel García Márquez, Julio Cortázar, Abelardo Castillo, Mauricio Rosencof, Osvaldo Soriano o Eduardo Sacheri, entre tantos otros. Eva y sus historias son parte de la ciudad y sentimos mucho orgullo de poder compartirlas.

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