Policiales

En Fisherton

Tirotearon a un empresario frente al colegio San Bartolomé

Un auto lo esperaba con varias personas a bordo y abrieron fuego después de que la víctima dejó a sus hijos en la escuela. Se escucharon una veintena de detonaciones. Seis impactaron sobre Andrés Lamboy


Foto: Juan José garcía

Un empresario rosarino se debate entre la vida y la muerte luego de ser víctima de una emboscada en las afueras del colegio San Bartolomé, en Wilde al 1100, cuando al menos dos desconocidos lo atacaron a balazos. Seis tiros, repartidos en zona de pelvis y tórax, lo dejaron en estado reservado, aunque estable, en el Hospital de Emergencias Clemente Álvarez (Heca). “Por la cercanía en la cual se hizo el ataque podemos interpretar que no han querido darle muerte sino que han querido dar un mensaje”, dijeron voceros del caso. Ocurre que en el lugar los peritos encontraron una veintena de vainas servidas, cuyos plomos en algunos casos llegaron a atravesar el tapial que separa la calle del predio donde alumnos del colegio inglés practican rugby a diario.

A las 9 de la mañana, un despliegue inusitado de balas –una veintena– no logró matar al empresario Andrés Gerardo Lamboy, de 45 años, quien le puso cuerpo a unos seis plomos en ambas piernas, pelvis y tórax. Fue trasladado por una ambulancia, aún lúcido. Antes, un médico del colegio logró socorrerlo. A las 11.15 de la mañana Lamboy fue operado, en una intervención que se preveía de seis largas horas de duración. En el interín, según trascendió, el hombre logró contar detalles de la agresión que quizá puedan echar luz en la búsqueda de los autores, que huyeron en un Gold Trend oscuro hacia el sur, por calle Wilde.

Según reconstruyeron testigos y fuentes judiciales y policiales, Lamboy llevó a dos de sus hijas al San Bartolomé, el centenario colegio bilingüe de barrio Fisherton. Allí estacionó su suntuosa Dodge Ram y luego de despedir a sus hijas enfiló hacia el bar del club Caranchos, ubicado frente a la escuela. Terminado el café, a punto de subirse a la 4×4, dos tipos –que algunos testigos describieron como encapuchados– desataron un pandemonio sobre su cuerpo. “Fueron segundos”, dijo un obrero de la construcción que escuchó una veintena de detonaciones.

“Estábamos entrenando en el gimnasio y se escucharon muchos disparos; salimos y había un hombre tirado en la vereda. Salió el mánager a socorrerlo, lo llevó al médico y lo pudieron atender. Con los albañiles estábamos mirando: no entendíamos nada. Tampoco sabíamos quién era. Esto pasa todos los días, ya no te asombra nada, pero en la puerta del colegio es muy raro”, atestiguó un joven profesor de rugby a los medios de prensa.

“Los testimonios coincidentes hablan de dos personas que lo habrían interceptado cuando se dirigía a su camioneta”, dijo Sebastián Carranza, vocero del MPA, para agregar: “Se está haciendo un relevamiento de las cámaras para poder reconstruir el recorrido anterior y posterior del hecho”.

“Por la cercanía en la cual se hizo el ataque (podemos interpretar) que no han querido darle muerte sino que han querido dar un mensaje, esto es, por los lugares donde recibió las heridas. Pero eso sería una hipótesis arriesgada en este momento, arriesgar cuál sería el fin de esta agresión. No tenemos indicios claros de una motivación”, amplió Carranza. El caso es investigado por el fiscal de Homicidios Dolosos Luis Schiappa Pietra, quien ya maneja “líneas concretas” de investigación.

En la red social Linkedin, Lamboy, que se recibió de abogado pero no ejerce la profesión, se presenta como un empresario vinculado con la compra y venta de propiedades y campos. Fue hasta director de South American Docks SA (Sadocks) –según él, hasta 2007–, un depósito fiscal de Barracas desde el que en 2008 se traficó efedrina a México. Declaró como testigo en la causa en la que, por ese hecho, fue condenado Mario Segovia, conocido como el Rey de la Efedrina. Ver nota: Empresario baleado fue testigo en causa de la efedrina

Alrededor la Dodge negra metalizada y con vidrios polarizados, la Policía de Investigaciones efectuó trabajos de planimetría y recolección de vainas que, marcadas con conos blancos, circunvalaban el vehículo. Un celoso perímetro impidió que curiosos y periodistas se acercaran a la escena. Mientras, el rostro de un joven en un cartel estampado en unos postes de luz, observaba la escena. “Justicia por Brandon Ruiz!!”, se lee. El pibe murió asesinado en julio, aparentemente cuando le quisieron robar la moto, no muy lejos del lugar donde fue atacado Lamboy.

Pedido de Justicia en Fisherton.

Entre los obreros de construcción que edifican un predio en el club Resian y los pocos alumnos que se animaron a hablar, surgieron detalles, la mayoría de segunda mano, sobre los minutos que Lamboy permaneció malherido. “Dicen que habló sobre un pintor que trabajó en el country Kentucky y con el que tuvo problemas”, contó un trabajador. Otro retrucó: “A mí no me convence esa versión: fueron muchos tiros”. En el lugar incluso se llegó a escuchar la palabra “Monos”, en un muestra del arraigo que posee la organización delictiva en el imaginario popular. Todas las versiones fueron recogidas por personal de la Policía de Investigaciones.

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