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Facundo Regalia, mano a mano con El Hincha

“Tengo el talento suficiente para estar corriendo en cualquier equipo de la F1”


El piloto argentino Facundo Regalia no pierde las esperanzas de reunir el presupuesto que le permita volver a correr en Europa y llegar a la Fórmula 1. En entrevista exclusiva con El Hincha, habló de la falta de apoyo, de cómo lo estafaron y confiesa una dura realidad fronteras afuera. “Entre los pilotos argentinos no nos ayudamos”, reconoció.

Inconscientemente y casi al pie de la letra, Regalia parece haber tomado nota de aquella frase que John F. Kennedy acuñó para su leyenda. “No te preguntes qué puede hacer tu país por ti, si no tú por tu país”. Extrañamente, el piloto nacido en Tigre hace 25 años, se encuentra desde hace un tiempo inmerso en una trampa matemática. La misma que hace que el orden de los factores sí altere el producto. Hoy, al igual que con otros pilotos de estas tierras, la falta de un apoyo económico proveniente de la Argentina pone en jaque a su porvenir competitivo en el Viejo Continente. Y pese a haber hecho su parte, ganándoles a pilotos como Sainz o Kvyat, actualmente en Fórmula 1, termina siendo su propio país el que termina dándole la espalda.

“Tengo una sensación de impotencia muy grande porque creo que representé a mi país de la mejor manera, llevando la bandera a todas partes del mundo. Se ve que todavía no terminan de valorarlo”, lamenta.

“Representé a mi país de la mejor manera, llevando la bandera. Pero se ve que no terminan de valorarlo”, dijo Regalia.

Se lo nota con bronca, por momentos desilusionado; aunque hay latidos en él que dejan ver señales de vida. Indicios de que todavía es posible llevar adelante su sueño: el de tener una cita con la Fórmula 1, con la misma que coqueteó allá por 2013 y 2014, pero que todavía no pudo encontrarse cara a cara. Hoy se adivina en un punto distante, impensadamente a lo que, apenas, en diciembre pasado se encontraba. “Es un momento complicadísimo el que vivo. Contábamos con el apoyo de una petrolera nacional y una multinacional de las que solamente faltaban las firmas. Para finales de febrero yo me vine para acá, para Madrid, para afrontar la pretemporada y me llevé esta sorpresa: ambas posibilidades se cayeron a finales de ese mes. Y eso hizo que entremos en crisis, porque ya faltaba poco para que empiece la pretemporada de la World Series 3,5 V8, que es la categoría que quiero y debiera estar corriendo este año”.

—¿Tenés otra puerta a la cual tocar para reflotar esta posibilidad?

—Tenemos todavía el apoyo de una multinacional de aquí, de España, que es realmente mi única esperanza. Es un banco privado del que dependemos, por estos momentos, en un ciento por ciento.

—Parece mentira que desde el exterior te apoyen y no desde la Argentina.

—No he contado nunca en mi carrera con un apoyo procedente de mi país. Llegué hasta donde llegué con el apoyo de mi familia. Si no fuera por ellos, no existiría. Facu Regalia no existiría.

—¿Cuánto dinero es el que necesitás para correr en la World Series?

—El presupuesto que estábamos necesitando para correr todo el año era de 700 mil euros. El equipo es el Teo Martin Motorsport y nos hacía una rebaja importante ya que el total ronda los 850 mil. En sí, nos hacían esa rebaja porque tenían muchísimo interés de que yo formara parte del equipo. Obviamente, a raíz de que ha pasado la pretemporada y tres carreras, el presupuesto se reduce en un buen porcentaje: hoy necesitaríamos unos 500 mil euros aproximadamente. El equipo me viene esperando, tengo que agradecerles un montón esa paciencia. Todavía tengo la posibilidad de firmar por el segundo auto y tengo fe en que esto se puede dar. Una vez que esto se pueda destrabar, creo que será beneficioso no sólo para este año, sino también para el futuro. Soy consciente de que corriendo casi cuatro carreras menos es imposible pelear por el campeonato, pero quiero terminar activo este año, peleando, consiguiendo buenos resultados para agarrar mi ritmo. Y después plantear un proyecto para 2018 con los patrocinantes, bien armado, apuntando a estar nuevamente en un equipo de la World Series o de la Fórmula 2.

—¿Intentaste hablar con otros pilotos argentinos que pasaron por la misma situación tuya, para aprender de errores ajenos y capitalizar esa experiencia?

—La verdad es que no. La realidad es que no nos ayudamos los pilotos argentinos, todo lo contrario. Hay otros países que sí realmente se intentan ayudar entre ellos, como pasaba con Venezuela o ahora con México. Además me he dado cuenta que algunos intentan perjudicar a otros para quedarse con tal espónsor: hablando mal, diciendo que ya no tenés ninguna posibilidad. Es difícil. Por ejemplo, no tengo una relación personal con Pechito López para estar hablando de eso. Con Esteban Guerrieri sí tengo una relación un poco más cercana, pero la comunicación no es muy fluida ni mucho menos.

—Si no es en la World Series, ¿hay un plan alternativo para que sigas en Europa?

—No, no hay un plan B, pero más que nada por un tema de presupuesto. Para correr en Fórmula 2, todo el año, y más en un equipo de punta, necesitás mínimamente entre 1,5 y 2 millones de euros. Y por eso, en su momento, se descartó correr allí. La F2 era hasta octubre del año pasado mi plan A, y la World Series, la alternativa. Al margen de eso, la World Series es una grandísima categoría, es espectacular. No tiene la difusión mediática que tiene la Fórmula 2, porque no acompaña a la Fórmula 1, pero desde allí saltaron pilotos como Sebastian Vettel, Daniel Ricciardo, Kevin Magnussen, Stoffel Vandoorne, Robert Kubica, Carlos Sainz Jr… La mitad de la grilla de la Fórmula 1 actual proviene directamente de allí. Por muchas razones pasó a ser el plan A, y sigue siéndolo. Los autos de la World Series son muy exigentes, mucho más que los de la Fórmula 2. Al tener una mayor carga aerodinámica y unos neumáticos más anchos, te permite tener un agarre mayor; y físicamente, más en circuitos trabados como el de Jerez de la Frontera o Hungría, se vuelven más exigentes aún. Lo pude comprobar cuando estuve en la pretemporada de invierno, a fines del año pasado.

—¿Te acompaña un equipo de trabajo en las negociaciones?

—Sí, yo tenía dos representantes. Uno de ellos sigue estando a mi lado junto a Marcos Gastaldi, que está haciendo una labor muy grande. Hay un par de personas más que, de buena fe y corazón, realmente me quieren ayudar. Había una tercera persona, proveniente del gobierno actual que pensábamos que era la clave para conseguir ese apoyo necesario de parte del gobierno, para poder tener esa conexión directa. Pero todo salió mal porque aparentemente manejó las cosas muy mal.

—¿Quién es esa persona?

—Prefiero no nombrarlo todavía.

—Después de que se cayera la posibilidad del apoyo de la petrolera argentina, es decir YPF, ¿tuviste algún nuevo acercamiento con el gobierno nacional?

—Sí. Sé que llegando por los caminos correctos, no por el que tomamos antes, se pueden plantear buenas cosas. Es por eso que hemos intentado buscar otro camino para poder llegar al presidente, que sabe de mí y está al tanto de la situación; pero no hemos podido llegar a una reunión en persona o a una comunicación directa con él. Por lo menos no es como antes, con el gobierno anterior, el de Cristina Kirchner, que ni te escuchaban. Te ignoraban. Y eso fue en 2013 y 2014 cuando realmente estaba en mi momento. Fue una pena no haber aprovechado esa oportunidad.

—De poder hablar con Mauricio Macri, ¿cuál sería el proyecto que le plantearían?

—No queremos un apoyo económico, queremos que nos respalden institucionalmente para establecer una conexión con otras empresas. Sea YPF nuevamente, sea Banco Nación, o sean las que tengan que ser.

—A menudo se habla de la falta de un proyecto para promover pilotos al exterior, ¿crees que esto podría ser la solución?

—Sí, creo que hay nombres y apellidos que debieran agarrar esto con sus manos y pedir que se arme un proyecto. Gente muy vinculada al automovilismo nacional junto al Automóvil Club Argentino. Armar algo junto a empresarios o inversores, como pasa en México y también en Brasil. Hasta que no exista algo así, en Argentina jamás se va a poder pensar en un piloto ni en un Gran Premio de Fórmula 1. No por nada hace casi 20 años que no se corre una carrera en nuestro país, y otros 15 años que no hay pilotos argentinos.

—Tanto el ACA como la ACTC, las dos grandes instituciones de automovilismo que tiene la Argentina, ¿te respaldan como necesitarías?

—La ACTC no existe. Están metidos en un mundo del cual no pueden salir, que es el Turismo Carretera, y de ahí no salen, y se olvidan totalmente del resto. Es difícil entender como con el presupuesto que tienen no puedan destinar un porcentaje mínimo para los que corren en el exterior. Por otro lado, Jorge Rosales, el presidente del Automóvil Club Argentino, tiene mis respetos, es una gran persona. Me ha ayudado realmente en lo que ha podido. El ACA me ha apoyado de una manera institucional y, muchas veces, participando también económicamente con el presupuesto. Pero hay personas en el medio que no entiendo como el ACA permite que estén.

—¿De quién hablás?

—Me refiero al señor Eduardo Ramírez, una de las personas más ‘chantas’ que he conocido durante mi carrera deportiva. Él intenta que, vos piloto argentino, piloto apoyado por el ACA, no consigas espónsors, sino que lo haga el piloto que esté bajo su manejo. En este momento es Marcos Siebert, al que le deseo lo mejor, pero le digo que está muy mal rodeado. Deberá tener mucho cuidado.

—¿Qué fue lo que pasó con Eduardo Ramírez?

—Estábamos en París, junto a mi papá, Adrián Campos y Frederic Vasseur, dueño del equipo ART y quien fuera hasta el año pasado director jefe de Renault, para firmar el contrato por la temporada completa de GP3, en 2013. Eduardo Ramírez era una persona que el ACA me había puesto para se encargara de los patrocinios en Argentina. En este momento, él, vía telefónica, en una comunicación que se encuentra grabada, me garantizó para ese año un aporte de 250 mil euros de dos empresas privadas para completar un presupuesto de 600 mil. Los 350 mil euros restantes los tenía que poner mi familia. Después de la carrera en Silverstone, que fue mi segundo podio, Eduardo Ramírez desapareció completamente del mapa, nunca volvió a contestar un teléfono, un mail; y por lo tanto, estos dos patrocinadores que estaban confirmados dejaron de existir. Nos metieron en una situación súper complicada. A pesar de que estuve peleando el campeonato, el equipo me estuvo por bajar en un momento en el que no le podíamos pagar. De hecho, quedamos debiendo una parte al equipo por culpa de este personaje que se ha dedicado a estafar. Personas como Ramírez son un mal para el automovilismo argentino y para todo aquel que intenta correr en Europa. Lamento que el ACA nunca haya decidido sacárselo de encima.

—En ese 2013 fuiste subcampeón en la GP3, aunque alguna vez dijiste que realmente el campeón fuiste vos, ¿por qué?

—Todo comenzó el jueves previo a la actividad de la carrera de Monza. Hasta ahí, Daniel Kvyat iba cuarto en el campeonato. Yo le llevaba 35 o 40 puntos de ventaja. Sin razón alguna, la categoría le autoriza el cambio de motor, que sólo es permitido cuando tenés un problema. Aunque no estaba clara esa situación todavía. Casualmente ese día lo nombraban piloto de Toro Rosso para 2014, en la Fórmula 1, lo cual causó en una revolución grande en el paddock. Justo en esa carrera, marca la primera pole del año. En la penúltima competencia. Raro. Y más en un circuito como Monza que necesitás motor. En la primera carrera nos pega un baile a todos, yo termino tercero. En la segunda carrera, él larga octavo y yo sexto porque se invierte la grilla. Kvyat tenía un misil: terminó segundo, casi ganando, algo que nadie había hecho en la GP3; yo volví a terminar tercero, pero él ahí se puso segundo en el campeonato, a 7 puntos de mí. Llega Abu Dhabi y allí me entero por mi amigo Carlos Sainz Jr., su compañero de equipo, lo del cambio de motor. ¡Él hace la pole por medio segundo! Quedando yo décimo debido a que se me rompe el disco de freno delantero. El sábado termina ganando la carrera, y a mí se me terminan las opciones porque tenía que terminar quinto y terminé sexto. Lamentablemente no pude evitar que ganara el campeonato. Posteriormente, cuando me ven lamentándome junto a mi familia, se aparece Carlos Sainz (padre) y me dice que me quede tranquilo que el ganador real de este campeonato soy yo. Me confirma todo lo que había pasado. Ahí entendés por qué el premio de Pirelli de los 200 mil euros que es para el campeón, me lo terminan dando a mí.

—¿Cómo venís llevando tu rol analítico en el canal F1 Latinoamérica?

—Estoy muy contento de formar parte de este proyecto y estoy súper agradecido por la oportunidad que nuevamente me están dando. Tuve el honor de estar en el debut del canal, en 2015.

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