Ciudad, Edición Impresa

Técnicas ecológicas con el fin de mejorar la calidad de vida

Huertas orgánicas y viveros se suman a la separación de residuos y la reutilización de deshechos.

Lattuca en la huerta urbana de Lamadrid 250 bis.
Lattuca en la huerta urbana de Lamadrid 250 bis.

Luciana Sosa

Desde hace años se habla de la importancia del cuidado del medio ambiente. Si bien muchos grupos ecológicos han realizado campañas mundiales con mensajes sobre la tala de árboles, el cuidado de las reservas ecológicas, los bancos de agua y la contaminación del aire en las grandes ciudades, poco se ha prestado atención a la frase que dice que para cambiar hay que empezar por casa. ¿Qué mejor que producir y consumir alimentos sanos, reutilizar el material que se deshecha a diario en casa y, de a poco, cuidar la ciudad en la que se vive? Parte de esta responsabilidad la tienen el programa Separe, creado por la Dirección de Planificación y Gestión Ambiental municipal, que brega por la separación de los residuos, con la instalación de los ya conocidos contenedores anaranjados. En tanto, las huertas orgánicas generan alimentos y plantas medicinales libres de agroquímicos, bajo las premisas del programa Agricultura Urbana. Finalmente, un aporte extra, y no menos importante, es el del vivero ecológico, que además de brindar mayores “pulmones” a la ciudad, entre árboles y plantines, incluye a jóvenes con capacidades diferentes en su producción y venta.

Las huertas solidarias del Programa Agricultura Urbana fueron una importante vía de escape a la crisis que dejó la tormenta política de diciembre de 2001. Luego se establecieron como un canal de producción de frutas, verduras y plantas medicinales sin agroquímicos, trabajadas por vecinos desempleados, generando así una nueva fuente de trabajo.

Antonio Lattuca, coordinador de este programa, dialogó con El Ciudadano y remarcó las técnicas ecológicas con las que se trabaja esta producción. El programa cuenta también con el apoyo del Ministerio de Asuntos Exteriores de Italia y el Instituto de Cooperazione Economica Internazionale (Icei).

“Este programa surgió en el año 2002 y retomó la experiencia conocida con las huertas escolares y las de los programas nacionales. Ante la crisis de diciembre de 2001 se buscó la manera de que personas sin empleo puedan producir frutas, verduras, hortalizas y plantas medicinales para su venta, libres de agroquímicos”, sostuvo.

Tal como indicó Lattuca, en la ciudad no había actividad similar que contara con el apoyo del municipio local. Fue por eso que en febrero de 2002 se dio inicio a la plantación de semillas para luego recolectar la producción y en septiembre de 2002 concretar la primera feria para la comercialización del material. La feria fue un éxito, y dio paso a otras para los meses siguientes, en las que se incorporaron productos de panificación y dulces que los mismos trabajadores realizaron de manera artesanal.

Lo valioso de esta producción es que en las ferias se comercializa al mismo precio que en los mercados, a diferencia de ciudades como Buenos Aires, o países como Estados Unidos y del continente europeo, donde esta creación ecológica, libre de agroquímicos, tiene un precio de entre el 20 y el 60 por ciento superior al de las góndolas. Lattuca, aclaró que el abono utilizado para las plantaciones se realiza con el reciclado de pasto, hojas y otros materiales orgánicos, lo cual permite un mayor y mejor desarrollo del producto, en el marco de un eje de consumo responsable, alimentación saludable y cuidado del medio ambiente. 

“A partir de los buenos resultados, surgió la posibilidad de poner manos a la obra al valor agregado de la presentación de las verduras y hortalizas. Porque más allá de la importancia de ocupar a personas sin trabajo es también fundamental que la gente compre estos productos no por lástima, ni por ayuda, sino por la buena calidad de los mismos”, expresó el coordinador. También enunció que desde el Estado municipal, en conjunto con el Inta, se aportó parte de los insumos necesario para este tipo de producción, como semillas y la rebaja en precios para la obtención de herramientas necesarias y capacitación gratuita.

En la actualidad, el Programa de Agricultura Urbana trabaja en la tenencia segura de las tierras. Según explicó Antonio Lattuca, en un comienzo se crearon huertas en espacios deshabitados, se trató de mejorar el suelo y se trabajó sobre los mismos. “Es muy complicado mejorar los terrenos inhabitados para la producción de las huertas; por ende decidimos, junto al municipio, incorporar este proyecto dentro de la planificación de la ciudad. Es decir: que se contemplen espacios aptos para este tipo de emprendimientos en todo Rosario”, indicó. Asimismo, comentó que las actuales huertas funcionan en espacio “no edificables”, como costados de autopistas, veras de arroyos y vías del ferrocarril. “Así –explicó– se aprovecha el suelo para las huertas y se preservan del mal uso, dado que gran parte de estas superficies suelen ser ocupadas con viviendas precarias (en la mayoría de los casos) y tierras como éstas son fácilmente inundables. Por ende, estaríamos evitando un problema a futuro”. comentó. 

Paralelamente, Lattuca promovió la producción de estas huertas aduciendo que hay ventas semanales de bolsones de verduras y hortalizas –además de mayor información sobre el programa– a través del correo electrónico [email protected]

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