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Informe Especial

Talento y dinero: Lance Stroll, el pibe de los millones

El canadiense, con 18 años, convulsionó al mundo con su llegada a la F1. Resultados y billetera lo respaldan.


Aún con un rostro que denota una adolescencia apenas en retirada, todo el tiempo, este joven canadiense deja verse como si recién se estuviera despertando un domingo al mediodía bajo el habitual mandato de sus padres, en pos de cumplir con la ceremonia, por estas latitudes, del almuerzo en familia; aún cuando sobrevuelan los resabios de una noche de alegrías a cuestas, lógicamente, junto a sus mejores amigos.

Su abultada, voluminosa y revuelta cabellera no hace más que confirmar que se trata de un joven más, acudido al encuentro de una normalidad que lo abraza a cada paso, entre incertidumbre de quién se encuentra en una etapa de crecimiento, dejando atrás un pasado y habilitándose a sí mismo hacia un futuro aún bastante nebuloso.

Pero hay algo distinto en él; tal descripción choca irremediablemente con una de las premisas más férreas que tiene el periodismo: contar historias que tengan un relieve, que se jacten de ser novedosas. El punto de despegue en todo este relato es que Lance Stroll es el piloto por el que Williams ha puesto sus ojos y sus esperanzas. A partir de allí, cada paso suyo permite captar miradas, en un acto de reflejo irremediable para este muchachito que el próximo 26 de marzo, en Australia, estará haciendo su debut en Fórmula 1.

Cuando Claire Williams, hija del “Viejo” Frank, líder histórico de su propia escudería junto a Patrick Head, confirmó la presencia de este joven piloto para encarar la temporada 2017 de la Fórmula 1, los ecos de su arribo inmediatamente se hicieron sentir. Como suele acontecer casi siempre, el mundo se transforma en un hábitat hostil para el nuevo talento, y más aún en un ámbito tan selecto, con lugares tan exclusivos y codiciados por todos como lo es el hecho de ser uno de los apenas veinte pilotos en el mundo que se subirán a un auto de carrera de la máxima categoría en la temporada que se avecina.

Rápidamente, y en detrimento de sus habilidades conductivas, trascendió que desde su Canadá natal, Lance Stroll llegaba a Williams con la compañía de un maletín que reunía la suma de 72 millones de dólares, cifra proveniente de un espónsor muy particular: su padre, el magnate Lawrence Stroll.

“Él abrió oportunidades, pero yo era el que tenía que hacer las cosas. Mi padre no pilotaba el coche. Sin fortuna, no habría sido capaz de alcanzar esta carrera, a no ser que hubiera encontrado un patrocinador. Se puede ver que muchos hijos de padres ricos, que tienen las mismas oportunidades que yo, no llegan a nada. He ganado todos los campeonatos en los que he rodado hasta ahora”, dice.

La cruz que acarrea Stroll irónicamente se encuentra al extremo opuesto de uno de los principales inconvenientes con los que debe lidiar todo piloto: el vil metal. Lo que a la mayoría le cercena las oportunidades, a Lance Stroll lo pone bajo una lupa bastante incómoda para alguien que recién está desarrollando sus habilidades. Termina siendo lo que habitualmente se menciona como los problemas de la abundancia. Al respecto, Stroll parece tenerlo claro: “Voy a centrarme en mí mismo e ir carrera a carrera. No quiero crear falsas expectativas en mi mente ni objetivos que sean inalcanzables. Tengo que ver las áreas donde puedo mejorar, saber dónde voy mejor y luego ir centrándome en cada fin de semana. Esa es la mejor forma de afrontarlo y así es como he disputado todos los campeonatos. En la Fórmula 1, será lo mismo”, expresó el juvenil piloto.

El dinero, ese “pecado”

Lewis Hamilton, probablemente la figura más emblemática de la Fórmula 1 actual, junto a Fernando Alonso y Sebastian Vettel, a menudo ha recurrido a establecer una diferencia entre él y quién hasta la temporada anterior era su compañero, y a la postre quién le arrebataría el título: Nico Rosberg. El inglés, proveniente de uno de los barrios más bajos de Londres, acostumbraba a jugar psicológicamente con él aludiendo que el alemán no tenía el hambre de gloria necesario por ser el hijo de Keke, campeón del mundo de Fórmula 1 en 1982, y haber nacido en “cuna de oro”. Stroll, de criterio claro pese a su corta edad, no se deja amedrentar por tal juicio.

“Yo no lo creo. Eres tú mismo responsable de tu propia motivación. Cuando se viene de una familia rica, no puedes cambiar las cosas. La presión que tengo es la que me pongo. Siempre quise ganar. Cuando estás atado al cockpit y llevás el casco, tus orígenes son irrelevantes. Sólo influyen el talento, el trabajo duro, la voluntad, las ganas de ganar y el punto hasta el que quieres llegar en tu carrera”, sostiene.

Por su parte, Claire Williams, como directora del equipo, salió a respaldar a su piloto: “No entiendo por qué en este deporte que es un negocio tan grande, en el que los equipos confían en grandes presupuestos de millones de euros para tener éxito, hay una connotación tan negativa en tener a un piloto que aporta respaldo; y no sólo en F1. Los deportes del motor en general son un negocio caro, no llegas a los escalones más altos a menos que puedas encontrar presupuestos significativos para competir”, dijo.

Un talento prometedor

Lejos de las especulaciones, y las simplificaciones que pueden tejerse sobre su persona, Lance Stroll ha demostrado sus habilidades al volante en cada oportunidad que se le ha presentado. De hecho se ha consagrado como campeón de cada categoría por la que ha transitado, tal es el caso de la Fórmula 3 Europea, que históricamente provee de pilotos a la Fórmula 1 y en la que se quedó con el título en 2015 y 2016, logrando en esta última oportunidad un récord de 14 victorias y 20 podios sobre 30 competencias. También cuenta en su haber el campeonato logrado en la Fórmula 4 Italiana, en 2014 y en la Toyota Racing Series en 2015. Ese mismo año se unió nada menos que a Ferrari como piloto de pruebas. Al siguiente, firmó contrato con Williams, donde ahora, con sólo días de espera y haciendo frente a los test de pretemporada, en Barcelona, espera cumplir con el ansiado anhelo de dejar su huella en lo más alto del automovilismo mundial.

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