Mundo Laboral
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Las barricadas del primero de mayo
Obreros y estudiantes protagonizaron y pusieron de relieve en cada lucha conjunta el verdadero sentido de la tragedia, la injusticia y la rebeldía que conmemora el 1° de mayo a partir del alevoso asesinato de los Mártires de Chicago

Existe una fecha conmemorativa que sintetiza las múltiples experiencias vividas por los trabajadores, y se convirtió en una referencia identitaria indeleble en su memoria: el alevoso asesinato de los llamados Mártires de Chicago en 1886. El primero de mayo nace asociado a la lucha por la conquista de derechos, pero también a la tragedia. Es una jornada de luto y remembranza de la sangre derramada, pero también es celebración de la dignidad de la rebeldía ante la muerte.

Como lo testimonia en su discurso de asunción el diputado socialista Alfredo Palacios: “He dicho que traía los agravios de la gente trabajadora, y toda la Honorable Cámara sabe perfectamente que me refiero a los acontecimientos luctuosos del 1º de Mayo (de 1904), día nefasto, porque ha corrido sangre proletaria por las calles de la Capital. Era la gran fiesta del trabajo; en todos los talleres del mundo reinaba el silencio; la máquina, ese esclavo de acero que un régimen económico ha convertido en el implacable enemigo del proletario, no rugía, el silbato estaba mudo y el horno estaba apagado. La clase laboriosa, la masa poseedora de la fuerza de trabajo se exhibía, estaba de fiesta, cruzaba las calles (…) Todos los obreros que parecía que debían ser doblegados, los vencidos, los caídos, iban como triunfadores, el paso firme, la frente alta, los ojos llenos de ideal, como si despidieran claridades infinitas”.

El sentimiento de la tragedia, de la injusticia y el espíritu de rebeldía tendieron puentes para el encuentro entre los trabajadores y otros sectores sociales, los estudiantes, los sectores medios, ante un mundo político que los excluía, les retaceaba derechos. Así se gestó la aproximación histórica de estos dos sujetos colectivos en el contexto de la Reforma del año 18; los estudiantes de la FUC se reconocieron en la lucha de los obreros cordobeses, en la represión sufrida, dando forma a la solidaridad obrero-estudiantil: “(…) la juventud universitaria no puede ser indiferente ni permanecer extraña a las reivindicaciones de los oprimidos ni a las demandas que soportan tiranías y ansían la emancipación que ha de libertarlos de una vez por todas del despotismo que ahoga a los desheredados. La clase obrera de Córdoba, cuando se desarrollaron los acontecimientos universitarios acompañó a los estudiantes con su adhesión enérgica y decidida en los momentos más arduos de la lucha” (La Voz del Interior, 6/9/1918).

Si bien esta relación estuvo atravesada por idas y vueltas, distancias y enfrentamientos, especialmente a partir de la emergencia del peronismo en la vida política argentina, en el contexto dictatorial del Onganiato, los hilos de la historia de lucha de obreros y estudiantes volvieron a anudarse, especialmente después de la violenta intervención a las universidades en la “Noche de los bastones largos”. A partir de la aparición de la CGT de los Argentinos, se fue forjando el vínculo que protagonizó el Cordobazo, los Rosariazos y las movilizaciones contestatarias del 69. Un año antes, con motivo de esa fecha tan sentida por los trabajadores, la CGT-A lanzaba el Programa del 1º de Mayo de 1968, que convocaba a “unirse desde abajo y organizarse combatiendo” e interpelaba a los estudiantes a trascender el propio ámbito universitario para gestar una revolución social y política, frente a un régimen autoritario, que a través de la represión clausuró la vida política.

Como ejemplos de esta unidad podemos mencionar que durante las jornadas del primer rosariazo funcionaron ollas populares, organizadas por la CGT-A, para suplir el cierre del comedor universitario, así como la organización conjunta de marchas en conmemoración de los estudiantes asesinados y la convocatoria sindical a medidas de fuerza en esos días de rebeldía antidictatorial.
Si bien para muchos la primera jornada de mayo aparece como una oportunidad para el descanso, siguen resonando los ecos históricos de aquellas barricadas que nos alertan de los desafíos actuales que atraviesan trabajadores y estudiantes frente a la amenaza de la pérdida de los derechos laborales y educativos. Esos gritos de la historia deben concitar la recreación del vínculo solidario para defender, frente a las políticas de ajuste, las conquistas del pueblo a una vida digna.

*Docente e investigador de la UNR. Desarrolla su tarea en el Instituto de Investigaciones Socio-históricas Regionales de Rosario (Ishir-Conicet/UNR)

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