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Héctor Quagliaro: un dirigente acorde a los tiempos del Rosariazo
El histórico sindicalista tuvo una destacada participación como Secretario General de la CGT en los hechos de mayo del 69. Algunos rasgos de coherencia y audacia definieron su rol combativo en tiempos oscuros

Corría el año 1969 y Héctor Quagliaro estaba al frente de la Seccional Rosario de la CGT de los Argentinos, central obrera esta última que en aquella época estaba comandada por Raimundo Ongaro y sobresalía por su carácter radicalizado en un momento en que las corporaciones estaban en la trastienda del gobierno dictatorial de Onganía, que lo había usurpado en 1966 luego de echar –literalmente– a Arturo Illia de la Casa Rosada. Rosario bullía de conflictos obreros que ocurrían casi en todas las zonas fabriles de la ciudad. A esto contribuía que buena parte de la clase obrera estaba concientizada y conocía su potencial combativo. En pocos días, a raíz de distintas situaciones que tenían eje en represiones en otras ciudades del país, en Rosario se conjugaron la militancia gremial y estudiantes secundarios y universitarios que darían lugar a lo que se conoció con el nombre de Rosariazo. Fueron esos hechos los que dieron inicio al fin de la dictadura de Onganía, que caería poco después, cuando estalló la ciudad de Córdoba al igual que lo había hecho Rosario.

Quagliaro había sido elegido en la CGT de Rosario cuando tenía 22 años mientras gobernaba Arturo Frondizi, en 1959. Y a los pocos días ya debutó como dirigente en la histórica huelga del frigorífico nacional Lisandro de la Torre. En 1963 se renovaban las autoridades gremiales en la CGT nacional y en las delegaciones regionales, que en el caso de la de Rosario abarcaba el departamento San Lorenzo y Villa Constitución. En esas elecciones Quagliaro fue propuesto como candidato a Secretario General de la CGT Rosario y una vez que asumió, la política implementada fue la de impulsar una participación masiva de todos los sectores: estudiantes, obreros, ONG’s, profesionales en una línea de acción caracterizada por un planteo social justo, plural y democrático, lo que fue generando una enorme confianza en el seno de la sociedad en su conjunto. Esto no impidió que hubiera momentos de disputa entre sectores sindicales, estudiantiles y grupos de izquierda, como el fatal enfrentamiento en el sindicato cervecero donde luego de una sangrienta gresca murieron tres personas. El eje geográfico que eran Tucumán, Córdoba y Rosario era a la vez donde el conflicto social bullía permanentemente y los sucesos luego conocidos como el Rosariazo quedarían registrados como audaces hechos históricos donde el mismo Quagliaro y otros dirigentes salvaron su vida por casualidad.

 

En 1976, Quagliaro fue cesanteado por la dictadura cívico-militar, separado de la conducción nacional de ATE y finalmente expulsado del gremio en un congreso fraudulento. Poco después generó espacios de resistencia civil junto a militantes sindicales y políticos como Germán Abdala y Víctor De Gennaro creando la Agrupación Nacional de ATE, que más tarde, ya en democracia, recuperaría la conducción nacional de la Asociación. Como resultado de la lucha del movimiento sindical, en 1985 fue reincorporado a su antiguo puesto en el Distrito Inferior de la Dirección Nacional de Construcciones Portuarias y Vías Navegables y también fue designado director de la Escuela de Capacitación Sindical de ATE. En 1987 fue elegido secretario General de ATE, cargo en el que fue reelecto hasta el año 1999. En 2003 fue nombrado presidente del Centro Nacional de Jubilados de ATE y de la Federación de Jubilados de CTA, cargo que ocupó hasta su muerte en 2010.

Sobre los hechos del Rosariazo, que se cobró la vida del estudiante Adolfo Bello y del también estudiante secundario y obrero metalúrgico Luis Blanco, Quagliaro había contado: “En septiembre del 69 estalla un conflicto ferroviario por la suspensión de dos compañeros que eran militantes sindicales, la unión ferroviaria estaba intervenida y se autoconvocó a una asamblea en la Unión Ferroviaria. Yo participé en mi carácter de Secretario de la CGT y ellos decidieron un paro general con movilización. En ese tiempo inauguramos un nuevo mecanismo de protesta, que ya no era el paro dominguero, sino que convocábamos a la ciudad, o dividíamos a la ciudad en zonas y convocábamos desde las 10 de la mañana a encontrarse en determinado lugar a todos los sectores para confluir en el centro. Eso produjo una represión que tuvo también una connotación social muy importante. Lo principal es haber actuado en esas circunstancias, revelando y exponiendo con absoluta claridad y certeza los valores éticos y morales que deben adornar la gestión de un dirigente social y político. En ese momento hay una movilización de los estudiantes, y matan a un joven, que era estudiante y obrero metalúrgico, Blanco, frente a LT8. La disculpa de la policía fue que iban a tomar LT8. Un estudiante que después fue político, Aníbal Reynaldo, lo quiso ingresar al sanatorio Palace, que estaba en calle Italia, la policía se lo impidió y el chico murió desangrándose en la calle. En el velatorio de este chico se reunieron más de 10 mil personas acompañando el féretro hasta el cementerio”

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