Un pasado que pretende volver
¿Cómo interpretar estos hechos en medio de un anunciado cambio de paradigma en las relaciones argentino-británicas donde se supone que la cooperación está en la base de una nueva etapa?

Ignacio Gutierrez Brondolo / Especial para El Ciudadano

El pasado martes 9 de octubre, Cancillería emitió un comunicado de prensa donde se expedía acerca de la notificación del gobierno británico del inicio de pruebas militares por parte de dicho país en el Atlántico sur. Las mismas darán inicio hoy y se harán efectivas hasta el 29 de este mismo mes. En virtud de la gravedad que supone un acontecimiento de este tipo para la región, el Estado argentino cumple con los protocolos correspondientes y se expide de manera oficial al respecto. En el mismo sentido, apenas con unos días de diferencia, el presidente argentino expresaba ante la Asamblea General de Naciones Unidas la voluntad inquebrantable del Estado para reiniciar el proceso de diálogo que posibilite ofrecer una solución a la disputa territorial por las Islas Malvinas.

¿Cómo interpretar estos hechos en medio de un anunciado cambio de paradigma en las relaciones argentino-británicas donde se supone que la cooperación está en la base de una nueva etapa? Para avanzar en la comprensión de este contexto basta con retroceder el almanaque precisamente dos años, a septiembre de 2016. En esos tiempos se celebraba el encuentro entre los vicecancilleres Foradori y Duncan, donde una serie de puntos fueron sometidos a consideración y divulgados ante la opinión pública, tales como la acción conjunta junto a la Cruz Roja Internacional para el reconocimiento de los caídos, el retorno de los vuelos regulares entre Argentina y las Islas, y cooperación en materia de licencias para explotación de recursos naturales. Más allá de las valoraciones oportunamente hechas acerca de los efectos negativos de este encuentro, existieron una serie de condicionamientos ocultos sobre los que hoy se echa luz, que surgieron por el pedido de colaboración argentina en la cuestión militar.

Controlar es la razón

En este marco, someter la región del Atlántico Sur a una prueba de armamento, con la inclusión de misiles y submarinos nucleares es aceptar el inicio de una nueva fase en la militarización de la zona que implica la instalación de nuevos armamentos de largo alcance, mayor poder bélico (lo que supone hipótesis de conflicto latente) y mayor control geoestratégico no sólo de las aguas, sino de todo el Cono Sur. La razón de ser de este planteo, radica en que la instalación de una base militar en Malvinas se suma a las existentes en Colombia, Guayana y Surinam por parte de la Otan, lo que deja entrever que ante América Latina puede ser controlada militarmente en cuestión de minutos. Pero el control de las aguas del sur no constituye sólo un resguardo ante un inminente conflicto, es también parte del avasallamiento que las principales potencias están realizando sobre los recursos naturales de nuestros mares. Malvinas es para el Reino Unido la puerta de entrada a la Antártida y a sus recursos. Al arrogarse los derechos sobre el archipiélago obtiene “derechos” para discutir una porción de espacio antártico.

Seducir a los kelpers

El gobierno de Mauricio Macri, con Susana Malcorra como estratega, se jactó de iniciar una nueva era en las relaciones diplomáticas bilaterales entre Argentina y el Reino Unido, etapa que se caracterizaría por el restablecimiento del dialogo cooperativo y a partir de allí el retorno de las negociaciones por la soberanía sobre Malvinas. Lejos de esto, ya con Jorge Faurie como Canciller, la estrategia Argentina parece tener matices más vinculados al plan Di Tella de “seducción a los Kelpers” y resultados propios del “paraguas de soberanía” que el retorno a cualquier tipo de negociación sobre soberanía.

Durante un tiempo, nos quisieron hacer creer que el discurso confrontativo empleado por Néstor Kirchner y agudizado por Cristina Fernández de Kirchner produjo años de atraso y riesgo de conflicto permanente entre nuestro país e Inglaterra. Puede ser que por aquellos tiempos América Latina era considerada zona de paz y diálogo, con excesos verbales o de choque en lo discursivo. Pero hoy, con un nuevo viraje de timón, seremos testigos de otro acontecer militar en la región de Malvinas después de 36 años, ¿cómo tiene lugar esto en épocas de diálogo y cooperación? Solo puede entenderse asumiendo que lo que acontecerá en breve es parte de un acuerdo de sumisión y entrega. Sólo puede entenderse como parte de un todo. Las Islas Malvinas, Georgias y Sandwich del Sur se encuentran inmersas dentro del modelo de acercamiento a los principales poderes económicos y financieros. El acercamiento a estos lugares implica la condescendencia, aun renunciando a pelear por lo que nos pertenece. Malvinas cae atrapada en la telaraña de la restauración neoliberal como parte de ese todo, siendo víctima de la carencia de conducta diplomática estratégica.

El escueto comunicado emitido por cancillería, casi con incomodidad y sin precisar detalles, sumado al pedido poco encendido de retorno al diálogo por parte de Macri en Nueva York no hacen muestran que se trata de una retórica de mero procedimiento con el objetivo de brindar un mensaje patriótico ante el pueblo, escondiendo el trasfondo del entramado que desde el acuerdo Foradori/Duncan se viene tejiendo.

En el precipicio

Ante esto, sólo resta finalizar asignando al gobierno nacional una conducta políticamente correcta en el equilibrio de doble moral entre el accionar y el mensaje, un camino que nos deposita en el precipicio. Por eso no se trata de ser políticamente correctos porque aquí se ponen en juego nuestros recursos, nuestros espacios. Se pone en juego parte de nuestra libertad y de nuestra soberanía y para ello la única opción es dejar lo políticamente correcto para ser ideológicamente correctos.

Grupo de Estudios Malvinas / UNR

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