Ciudad, Edición Impresa

Nunca más

Mónica Gangemi: “Sueño con que la organización Compromiso Vial no exista más”

Es mamá de Úrsula Notz, quien hace 10 años perdió la vida cuando el auto en el que iba con otros jóvenes se estampó contra un árbol a 100 kilómetros por hora en Rivadavia y Santiago. Desde entonces, busca generar conciencia


No es un sueño recurrente. Sí una esperanza y una aparente contradicción: Mónica Gangemi, fundadora de la asociación Compromiso Vial por Úrsula y Carla, quiere que la organización que formó, empujada por la muerte de su propia hija, se extinga. Desea que desaparezca por innecesaria. Esto supondría que el Estado y sus poderes asuman la responsabilidad de prevenir, cuidar y concientizar acerca de siniestros viales. No son accidentes: no hay nada de azaroso en alguien que al conducir, desafía toda pauta vial y provoca una muerte. El término “siniestro” vale. Así lo nombran las ONG que contienen a familiares y víctimas de hechos de tránsito. La sucesión de hechos y víctimas –y la extrema gravedad de algunos– después del emblemático “caso Capozucca”parecen mostrar que el sueño de Mónica todavía está, cuanto menos, lejano. Santa Fe sigue segunda en el ranking de las provincias con más muertes en rutas y calles de Argentina.

Hoy se cumplen 10 años del fatal siniestro vial de la madrugada del domingo 22 de mayo de 2005. Esa mañana, Úrsula Notz dejó sus 16 años en la avenida Rivadavia. Estaba dentro del BMW manejado por Matías Capozucca, quien resultó ileso, junto a Nayin Abraham, de 19 años. Él también perdió la vida. Distinta suerte corrió Carla Alfaro, de 16 años. Desde ese día padece graves secuelas: no puede moverse por sí misma, y sólo de a ratos está conciente. Los médicos lo llaman coma vigil.

El caso, conocido por el nombre del conductor, tuvo resolución judicial muchos años atrás. Fue condenado a cuatro años de prisión efectiva pero la decisión se apeló. Sólo pasó ocho meses presó por el dictamen de la Corte Suprema.

Igual, el caso siguió presente por el esfuerzo de familiares de las víctimas. Ellos se volvieron referentes de una lucha que se replica en distintas provincias para bajar las fatalidades hermanadas con el tránsito. Mónica Gangemi dialogó con El Ciudadano.

—¿Qué lugar pensó hace 10 años que iba a ocupar la asociación Cómpromiso Vial? ¿Quiénes integraron ese primer impulso y cómo fue madurando?

—No tenía una clara conciencia de qué íbamos a ser. Estar en duelo no te permite tanto. Creíamos que debía haber un espacio de contención para los jóvenes donde tuvieran la posibilidad de pensar que el mundo podía ser distinto e intentar cambiar. El impacto mayor fue a los amigos de mis hijas Úrsula y su hermana Mica, que tenían entre 13 y 17 años. Pensar que ellos iban a tener un futuro frustrado era terrible. Buscamos darle un espacio para que puedan creer en un cambio. Y para nosotras mismas: o hacíamos eso o nos moríamos. Después de 2007 empezamos a tener más forma, hasta conseguir la personería jurídica en 2008. En el andar nos dimos cuenta de que teníamos más derechos que los que conocíamos y que la situación vial era mucho más grave de lo que imaginábamos. Empezamos a ejercer los derechos. Esa fue la clave. No es para cualquiera. Hay que tener fuerza, convicción y prescindir del odio, porque si no te quedás solo. Hay muchas ONG de una sola persona.

—¿Cuales son los objetivos actuales?

—Trabajar en sensibilización, concientización y la transformación judicial en torno a siniestros viales. Vemos que tenemos que concientizar y marcar un camino fuerte con los derechos judiciales de los ciudadanos, que no se garantizan. El juicio de Emiliano Ferreyra y Facundo Aguirre renovó el debate sobre la pena efectiva en homicidios culposos, esto es, sin intención. Existen proyectos para modificar el Código Penal y así incluir la figura de “delito vial” y tipificar agravantes en lo que sería un intento de unificar criterios para los jueces.

—¿Sin este marco es más fácil para los magistrados evitar dar una pena efectiva?

—Queremos un parámetro más acotado. Si no, queda en las manos de los actores judiciales, que son impunes. Pretenden alivianar las penas y que desaparezcan las cárceles. Y eso sería fantástico en una cultura que lo permitiera. Pero no es así.

—El camarista Otto Crippa, involucrado en la sentencia del caso Sebastián Pira, dijo que la renovación del Código es urgente, porque el actual se quedó desvirtuado con modificaciones que dejaron penas más bajas para delitos dolosos (con intención) que para los culposos. ¿Coincide con esto?

—Sí. Tuvimos un problema muy grande con (Juan Carlos) Blumberg. Ahí hicieron un desmadre del Código. Lo que también dice Crippa es que con la legislación que hay, las penas podrían, si los magistrados quisiesen, ser efectivas. Y no lo son. Las penas quedan en condicionalidad y desaparecen.

—A nivel municipal, hace más de un año se creó una nueva área y se implementaron más operativos de control con remisión de vehículos, multas e inhabilitaciones. Y en Rosario bajaron los porcentajes de alcoholemia positiva. ¿Qué pasa por fuera de la ciudad?

—Hay un alto grado de inconciencia de la población. Desvalorizan la vida porque no hay un trabajo de sensibilización adecuado para lo que la realidad necesita. Una ciudad como Rosario es una metrópoli y necesita una forma particular. Y una localidad más chica, con otra cultura –en la que andar en el auto es compulsivo– requiere otra. La Agencia Provincial de Seguridad Vial es paupérrima. Cuando se trabajan las cosas se transforman, y cuando no, cada vez se mueren más.

—Entonces, ¿qué tanto sirve una ley de Alcohol Cero para todos los conductores si no hay controles en las rutas?

—Sirve porque genera un marco de referencia legal. Después lucharemos por el control. Si tenemos control pero no marco de referencia, tenemos problemas con los jueces, que interpretan lo que quieren. Si luchamos por el control en la ciudad y lo logramos, vamos por la provincia.

—¿No se hace todo cuesta arriba cuando no están unificadas las normativas de seguridad vial desde la Nación hasta el nivel de municipios?

—Somos un país federal, y eso tiene beneficios y perjuicios. A nosotros nos toca trabajar con los perjuicios. Tendríamos que tener leyes unificadas para las conductas humanas como manejar o practicar medicina, por lo cual puede llegar a un delito culposo como mala praxis. Hasta entonces, la tarea de sensibilización recae en el Estado. Sueño con que mi ONG no exista más: el Estado debe ocuparse. Debería ocuparme de mi vida, que está partida, para mantener el recuerdo de mi hija y de los que me quedan vivos.

Más que tener licencia

—Matías Capozucca, que cumplió una condena reducida por el siniestro y este año culmina su inhabilitación para manejar, solicitó sacar el carnet de conducir…

—No debería. El año pasado, con los estudios que le hicieron, entendemos que no pudo tramitar el arrepentimiento. En noviembre va a poder sacar la licencia pero debe volver a hacer los estudios, según figura en la reglamentación. Es una persona que no se ha arrepentido, que no pudo revisar su conducta. Porque si lo hubiese hecho, pensar en volver a manejar lo asustaría.

—¿Vos manejas?

—No, desde 2004 (un año antes de la muerte de Úrsula). Hoy me aterra porque hay mucha violencia. Lo primero que debe hacer alguien que conduce de forma segura en un choque es bajarse y ver si le hizo algo a alguien. Y no a fijarse cómo le quedó el auto.

Diez años viendo la realidad detrás de un vidrio (Por Paola Cándido)

Hoy se cumplen 10 años del siniestro que dejó a Carla Elisabeth Alfaro con lesiones neurológicas irreversibles. Ayer Carla cumplió 26 años. Sus padres, María Teresa y Abenamar, saben que dedicarán el resto de sus vidas a cuidarla. Carla se alimenta por una sonda gástrica y necesita permanente atención fonoaudilógica y kinesiológica, entre otros cuidados exhaustivos. En su cumpleaños su papá entró a la habitación –que tiene un gran ventanal orientado a la calle– y le preguntó a Carla: “¿Tenés un beso para mí?”.

Carla está atrapada en su propio cuerpo, no se mueve, no habla, y no sabemos qué piensa. Pero puede leerse su mirada: sus ojos negros e intensos como la noche parpadearon y contestaron que sí. Esto constituye un remedio entre padre e hija ante semejante dolor.

Una década atrás

El 22 de mayo de 2005 a las 6.30 de la madrugada el BMW negro que manejaba Matías Capozucca a más de 115 kilómetros por hora por Rivadavia a la altura de Santiago, se estrelló de frente contra dos árboles del Parque Norte. Úrsula Notz y Nayib Abraham murieron en el acto. Carla Alfaro quedó en estado de coma vigil. Capozucca, de 19 años en ese entonces, resultó ileso y escapó del lugar. Esa noche había sacado el auto de la concesionaria de su padre sin permiso.

Después de aquella fatídica noche, los Alfaro tuvieron que mudarse de un departamento céntrico a una casa en barrio Belgrano donde Carla puede ser trasladada sin tener que subir y bajar ascensores o escaleras. “Tenemos un patio en el que ella puede tomar un poco de sol y en el verano armamos una pileta para que haga sus ejercicios”, comentó su mamá a El Ciudadano.

La rutina de Carla incluye sus comidas, vitaminas, baños y siestas. Diez años antes, vivía una realidad muy diferente. “Tenía muchos amigos, y unas ganas de vivir intensas. Quería trabajar y estudiar psicología. Estaba apurada. Quería hacer todo. Los sábados iba a bailar, al gimnasio, al club, practicaba hockey, le gustaba todo. Era tremenda, no la paraba nadie”, aseguró María Teresa.

Gracias a la buena calidad de vida que le brindan, Carla puede mover su cabeza, no tiene más la mirada fija, y puede tragar. “Antes no podía hacerlo. Ahora toma su jugo de naranja todos los días. Antes estaba dura, ahora más relajada. El médico dice que ella está como atrás de un vidrio, tiene conciencia mínima. Tenemos un bebote grande”, expresó entre lágrimas.

Los padres de Carla nunca recibieron un llamado de parte de la familia Capozucca para preguntarles por su hija o si necesitaban algo. “Tenemos una preocupación aún mayor, no sé si algún día Carla saldrá del coma y mucho menos si nosotros lo vamos a poder ver. Ya somos personas grandes”, dijo Abenamar con un profundo respiro y conteniendo su llanto. A su alrededor está la cama ortopédica donde Carla hace sus ejercicios y las fotos que tiene en portarretratos por toda la casa, que relatan cómo fue la vida de la joven.

Caso Murúa-Secondino

La Fiscalía de San Lorenzo llamará la semana que viene a una audiencia imputativa a Jesús D., testigo en el juicio por la muerte de Mario Secondino, de 17 años. En 2008 Raquel Murúa, una mujer policía que conducía su auto de contramano, chocó la moto en la que iba Secondino en el intercambiador de las rutas 11 y A-012. La Justicia sospecha que Jesús, que iba delante de la moto de Secondino, dio falso testimonio al declarar que no vio que Murúa condujera de contramano. Familiares de Secondino dijeron que el testigo fue “apretado por la Policía” para que apoyara la versión de Murúa, que aseguró que conducía en el mismo sentido y en la dirección correcta.

Caso Pira: impunidad total

Sebastián Pira fue imputado por dos homicidios culposos en 1997 cuando manejaba un auto a más de 100 kilómetros por hora por calle Salta y Oroño y atropelló a Celeste Haiek (22 años) y Daniela Caruso (16 años). Haiek murió en el acto, pero Caruso quedó sobre el capó de su coche. Pira la arrastró más de una cuadra, según testimonios, volanteando para que la adolescente se desprendiera. Cuando al fin cayó al pavimento, le pasó por encima. Un juez le concedió libertad por entender que no había posibilidad de que el joven de 21 años entorpeciera la causa ni se fugara. Recién volvieron a saber de él cuatro años después, en Holanda, donde lo detuvo Interpol. Pira echó mano una vez más a su extraña habilidad, y desde entonces nunca estuvo expuesto a comparecer.

Hoy es un hombre de casi 40 años que ya no debe rendir cuentas: la causa prescribió el año pasado.

Emi y Facu: en apelación

La Fiscalía y ambas querellas en el primer juicio oral y público por un siniestro vial, apelaron la sentencia del juez José Luis Suárez. El magistrado falló dando una pena de tres años de prisión condicional y 10 de inhabilitación al conductor de 18 años del vehículo en el que murieron Emiliano Ferreyra y Facundo Aguirre, ambos de 18 años, el año pasado.

Desde las querellas indicaron que apelaron la decisión porque entienden que hubo agravantes (alta velocidad, consumo de alcohol y una conducta reprochable del conductor) que fueron probados en el juicio. “La apelación fue a la modalidad del cumplimiento de la pena (condicional) cuando los elementos en la causa son suficientes para una pena efectiva”, dijeron. Fuentes judiciales aseguraron que esta semana se conformó el tribunal en la Cámara de Apelación que analizará el fallo.

A la par, se prepara una causa por irregularidades en la investigación del choque. Según denunciaron familiares ante Fiscalía, se alteraron pruebas médicas y se sustrajeron elementos del lugar del hecho (Pellegrini y Provincias Unidas). La acusación, formulada ante el fiscal Aníbal Vescovo, quien analiza testimonios, apunta a la madre del imputado que forma parte de la UR II.

Caso Sena: entre la resignación y el dolor

Las familias de Florencia Crovetto (30 años) y Laura Sena (45 años), resolvieron no apelar el fallo del juez de Nogoyá Jorge Sebastián Gallino que condenó a tres años de prisión condicional, esto es, sin cárcel, a Francisco Álvarez más 9 años de inhabilitación para manejar. El delito fue homicidio culposo. El hombre –así se comprobó durante el juicio realizado hace 15 días– ocasionó el siniestro vial en el que murieron Sena y Crovetto en junio de 2012. Fue en el kilómetro 16 del puente Rosario-Victoria, donde Álvarez sobrepasó a un camión mosquito transgrediendo la doble línea amarilla que prohíbe esa maniobra. No se sólo se adelantó sino que impactó de frente contra el auto en el que viajaba Laura con su beba Clara, su esposo Santiago y su amiga Florencia.

Álvarez, con domicilio en La Matanza, provincia de Buenos Aires desoyó toda citación de la Justicia entrerriana, hasta el proceso en el que recibió condena. Pese a que los familiares de las víctimas consideraron la pena casi como un sinónimo de impunidad, aceptaron la derrota. “El Estado nos dio un cachetazo. No vamos a ser cómplices de un sistema judicial que sigue entendiendo a estos siniestros como accidentes”, lamentó Mariana Sena, hermana de Laura. “Lo siniestro anda en traje y atiende por expediente, con palabras frías y desalmadas que no intentan ni en lo más mínimo, mitigar el dolor y frenar la locura a la que todos estamos expuestos”, escribieron desde la agrupación Puente Estrella, impulsada por Sena para concientizar sobre conducción peligrosa en la conexión Rosario-Victoria.

El último siniestro registrado

Hace dos semanas cuatro personas que iban a bordo de un Chevrolet Corsa fallecieron al colisionar su vehículo con la parte trasera de un camión recolector de residuos. Ocurrió las 6.30 en avenida Pellegrini, entre Paraguay y Presidente Roca. Si bien está en investigación, testigos aseguraron que el auto circulaba a gran velocidad. Los semáforos estaban en funcionamiento.

Comentarios