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Soñar con el Soviet, despertar con Perón: a un siglo de la toma revolucionaria de la Municipalidad

El 7 de febrero de 1921 una avanzada anarquista tomó el Palacio y declaró un gobierno revolucionario. Depuesto horas después por el Ejército, uno de los encarcelados dos décadas después organizaría los Centro Cívicos Coronel Perón en la ciudad, que hicieron posible el triunfo en 1946


Paulo Menotti (*)

Especial para El Ciudadano

Hace cien años, el 7 de febrero de 1921 un grupo de obreros y estudiantes de la nueva Facultad de Medicina, todos ellos anarquistas, tomaron la Municipalidad de Rosario, izaron la bandera roja y armaron un gobierno Soviet. La experiencia no duró mucho porque los soldados del Regimiento 11, que por entonces estaba en la esquina de Córdoba y Buenos Aires, rodearon el edificio por la tarde y depusieron a los revolucionarios. Entre los catorce que se llevaron detenidos había tres personas que luego tomaron otro rumbo político: dos décadas después se hicieron peronistas. Fueron los hermanos Carlos y Ricardo Chaminaud y Armando Roche: este último fue el principal impulsor de los Centros Cívicos Coronel Perón hacia 1944.

Un Carnaval distinto

En 1921 la ciudad de Rosario era una gran urbe que había acogido a miles de inmigrantes ultramarinos y, por eso, contaba con el 47 por ciento de extranjeros entre sus casi 400 mil residentes. Gran parte de estos eran de la clase trabajadora. Por entonces el puerto, los talleres ferroviarios (actual shopping Alto Rosario) y Refinería Argentina de Azúcar (actual Puerto Norte) eran los principales centros de producción y servicios en una Rosario que había sufrido la crisis de la Primera Guerra Mundial y estaba recibiendo noticias de una revolución en Rusia.

Trabajadoras y trabajadores no dejaron de ilusionarse con un mundo nuevo a partir de la Revolución, y eso los alentó a llevar adelante sus reclamos. Entre 1917 y 1921 se desarrolló en el país un ciclo de huelgas, tal vez el más conflictivo del movimiento obrero argentino. Algunos de sus sucesos más importantes fueron la Semana Trágica, la Patagonia Rebelde y la masacre de La Forestal.

Precisamente, mientras en enero de ese año en el norte santafesino se plantaba una huelga con escenas de violencia que informaban que había 500 trabajadores armados en lucha contra las fuerzas de seguridad, en Rosario se comenzó a agitar el escenario social con varios paros y enfrentamientos con la Policía.

Desde el Concejo Deliberante, dirigido por los demócratas progresistas, no aportaron soluciones sino un problema más cuando decidieron bajarles el salario a los obreros municipales. Eso derivó en la declaración de huelga de trabajadores de limpieza, barrenderos, del Matadero Municipal y hasta de la Asistencia Pública, entre otros.

El intendente local, Fernando Schleisinger, quien por entonces era designado por el gobernador, el radical Enrique Mosca, decidió suspender el Carnaval que se iniciaría, justamente, el lunes 7 de febrero.

Esas decisiones políticas y el marco de revuelta obrera que atravesaba la provincia y la ciudad impulsaron a un grupo de jóvenes estudiantes y obreros a tomar la Municipalidad ese lunes a las cinco de la mañana. Una vez adentro, izaron la bandera roja desde el balcón y decretaron una serie de normativas obreristas, como aumento de salarios, ocho horas de trabajo y eliminación de impuestos para los más pobres.

Del anarquismo al peronismo

A media tarde los revolucionarios fueron depuestos por soldados del Ejército y conducidos a la Jefatura de Policía por bomberos, que en esos tiempos cumplían funciones policiales. Entre los arrestados están Felipe Morales, Luis Armando Roche, Luis Tafalla, Saturnino Ricardo, Lorenzo Biamino, Adolfo Gómez, Telémaco Giorgiades, José Manuel Dumas, Carlos Chaminaud, Francisco Schoor, Carlos Ábalos, Carlos Oliva, Antonio Stenberg, Ricardo Chaminaud, Manuel Martínez y Antonio Ferreyra. Varios de ellos son estudiantes y otros jornaleros panaderos, albañiles, ladrilleros, obreros municipales y empleados de comercio. Todos eran anarquistas y estaban ligados a los grupos llamados “anarco-bolcheviques” del Centro Ciencia y Progreso, en el que militó Juan Lazarte y Luis Di Filippo, y del diario El Comunista, dirigido por Jesús M. Suárez. En 1924 fueron sobreseídos de la causa de rebelión que estaba a cargo del juez Granel, y varios de ellos siguieron siendo anarquistas durante mucho tiempo, aunque algunos se fueron alejando de la política. Martínez, por ejemplo, estuvo ligado a la organización de Severino Di Giovanni. Schoor militó luego en el Partido Comunista. Ábalos participó en las filas del radicalismo yrigoyenista y sus intentos revolucionarios en 1933 y 1934. Giorgiadis se volvió un eminente médico en Misiones y los hermanos Chaminaud tuvieron una clínica en la zona sur de Rosario. Estos últimos se hicieron peronistas durante la década de 1940.

Luis Armando Roche también se hizo peronista, e incluso él fue uno de los gestores de ese partido político en Rosario. Cuando Juan Domingo Perón llegó a la Secretaría de Trabajo y Previsión y se puso en contacto con dirigentes sindicales, se contactó con Roche, quien había llegado ser durante la década de 1930 inspector municipal de mercados. Así fue que entre 1943 y 1944 ese antiguo anarquista organizó los Centros Cívicos Coronel Perón en Rosario, que dieron pie al Partido Peronista e hicieron posible su triunfo electoral en febrero de 1946.

Durante los años de los dos primeros gobierno de Perón, Roche estuvo en una buena posición siendo delegado primero de la Dirección General de Propaganda del Estado y, luego administrador de la Aduana de Rosario. Sin embargo, con la caída de Perón, Roche se exilió en Paraguay.

(*) Historiador y docente

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