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Situación de calle y trabajo social: la experiencia de abordaje desde la Municipalidad de Rosario

Aprendimos a sentarnos en la vereda a charlar con un señor, a compartir el silencio, a detectar olores que comunican infecciones, a problematizar la violencia, a visibilizar dolores, a reconocer la importancia de un DNI. Aprendimos que en la calle siempre se come, que el enfermo pide ayuda


Luciana Gracia*

“…Por cierto, ya había vagabundos y aislados, incluso desde antes del año 1000, como una constante del paisaje social (…) El vagabundo, como veremos, representaba otro tipo de “ajeno”. Se había convertido en otro, al ser desafiliado de un orden social al que había pertenecido antes…”  Robert Castel. La metamorfosis de la cuestión social. 

Castel nos da la posibilidad de pensar que personas viviendo en la calle hay desde hace muchos siglos y en todo el mundo, que lo que se modifica es la forma de enunciarlos, las características de estas poblaciones en el tiempo, y obviamente las políticas estatales para abordarlos.

En Argentina los más conocidos fueron los “crotos”, aquellos trabajadores golondrina que utilizaban el tren como forma de trasloarse haciendo uso de la resolución del gobernador de Buenos Aires, el Sr. Croto que les permitía hacerlo gratuitamente. Estos crotos eran ideológicamente anarquistas,  militaban en ranchadas en las localidades por las que hacían paradas las ideas de Bakunin.

Luego en algún momento esto quedó visto en la historia como una figura romántica, para pasar a ocupar la calle personas con otras características muy alejadas de esa visión ideológica.

 

Una forma de trabajo en la Municipalidad de Rosario

Al ser esta una problemática que en general tiene relevancia en las grandes metrópolis, Rosario no es la excepción. Es así que el Estado debe buscar una forma de abordar esto que se le presenta como un problema, aunque la sociedad en general solo lo puede visibilizar en invierno, en momentos como los actuales en donde el frío cala los huesos.

Durante muchos años, cuando la “normalidad” era moneda corriente, el equipo de operadores de calle trabajaba recorriendo las calles de la ciudad en circuitos pre establecidos tomando todas las franjas etáreas. Los modos de abordaje son diferentes en función de las singularidades de las situaciones, intervenciones individuales, familiares, dispositivos lúdicos, de capacitaciones, etc.

Siempre sostuvimos que la situación de calle no se puede reducir a la falta de una vivienda, que  influyen múltiples dimensiones para que una persona llegue a vivir en la calle.

El abordaje de la problemática de situación de calle en la Municipalidad de Rosario, desde la Secretaría de Promoción Social, luego llamada Desarrollo Social y recientemente Secretaría de Desarrollo Humano y Hábitat, fue modificándose desde las primeras intervenciones especificas en 1997, en función de los contextos sociales, políticos e institucionales.

Internacionalmente e históricamente la situación de calle fue tomada desde los dispositivos de control, eran sujetos que había que ocultar, controlar, invisibilizar, personas que no eran funcionales a un modelo de orden y progreso.

Desde el inicio del Estado Argentino existen personas en situación de calle, lo que se fue modificando fue la idea con la cual abordar la problemática, y obviamente el rol del Estado en ello. En Rosario, particularmente, en los albores de la crisis del 2001 la asistencia era alimentaria, en la calle circulaban familias en busca de dinero o alimentos,  vinculada a instituciones o espacios más comunitarios, de sus barrios de origen. Pionero de ese abordaje fue (y sigue siéndolo) el Centro de Día La Casa, un lugar de gestión compartida entre la Asociación CHICOS y la muni. También por aquel entonces los Centro Crecer eran referencia para las familias en los barrios.

Cuando Argentina no debatía abiertamente el cuidado de la niñez, aquí era algo corriente hacer eje en la niñez y adolescencia como portadores de derechos.

Luego la intervención se dividió entre equipos que trabajaban con la niñez y sus familias, y por otro lado, las personas adultas y adultas mayores, dos áreas diferentes de la Secretaría trabajaban la intervención con  dichas poblaciones. El Área de la Niñez, precursora para aquel entonces, tenía equipos de operadores de calle y equipos de profesionales en los barrios que trabajan con los Centros Territoriales de Referencia (ex Crecer). El Programa de Asistencia e Intervención Directa con el proyecto de operadores de calle abordaba la problemática de situación de calle de los más grandes.

En el año 2012 la idea de políticas integrales llega a la Secretaría y allí se conforma el Área de Intervención en Situaciones de Calle dependiente de la Dirección General de Infancias y Familias. De a poco les operadores de calle, en su mayoría trabajadoras sociales mujeres, aprendimos a trabajar con toda la población, de intervenciones individuales a espacios grupales, de intervenciones con les niñes a intervenir con personas adultas mayores, comenzamos a visibilizar las particularidades de las intervenciones con mujeres al menos hacia dentro del equipo. Cada franja etárea poblacional tiene  lógicas diferentes, son diferentes los “motivos” que los llevan a estar en situación de calle, así como también es diferente el concepto de situación de calle en niñes y adolescentes que en adultos (a partir de 18 años).

Aprendimos casi en recitado las leyes, nacional y provincial,  de protección integral de niños, niñas y adolescentes, el entramado institucional de protección de la niñez fueron pasillos que recorrimos cientos de veces.

Aprendimos a sentarnos en la vereda a charlar con un señor, a compartir el silencio, a detectar olores que comunican infecciones, a problematizar con las mujeres la violencia, a visibilizar dolores, a generar demandas, a reconocer la importancia de la identidad, a tener un DNI, aprendimos que en la calle siempre se come, que quien esta enfermo pide ayuda, a que el alcohol en la calle te abraza, te consuela, te permite soñar una realidad menos dolorosa.

También aprendimos que algunos cargaban con la responsabilidad de algún acto no honroso contra algún familiar que los exilió de núcleo más primario de afectos, que nadie se va a la calle por placer, ni por ideología por estos tiempos.  Aprendimos a desplegar nuestras habilidades y capacidades de trabajadoras sociales.

 

Historias mínimas

“El croto no se definió por la carencia que implica la preposición ‘sin’. Su estilo fue más la renuncia que el despido. Y más el abandono del hogar que la perdida de la vivienda.” 

Osvaldo Baigorria. Anarquismo Transhumante

 

Podemos llenar hojas de varios libros con las historias que conocimos y las que acompañamos a escribir. Allá por el 2007 más o menos conocimos a uno de los últimos “crotos” en esta ciudad, esos que andaban en los trenes con su bagallera, que tenían ideas anarquista, que sobrevivían de changas, que no les interesaba dormir bajo techo.

Conocimos la historia de hombre pequeño, de contextura, pero de un gran corazón que se había roto años atrás cuando perdió su esposa e hijo mueren en un accidente, y luego una secesión de hechos desafortunados lo despojaron de la poca materialidad que tenia,  ya no pudo remontar todos esos dolores y entregado a los brazos del alcohol se asilo en la calle hasta que la edad avanzada y la mano de una trabajadora social le devolvieron las ganas de torcer ese camino, de buscar un poco de reparación a tanto dolor.

Conocimos a una “pequeña mujer” con una gran historia, que durante más de 20 años vivió en la calle delirando su presente con un dolor tan grande del pasado que lo borro totalmente de su vida hasta que la paciencia de una trabajadora social de salud y otra del área de calle junto a otras instituciones y profesionales encontraron el momento exacto para tomarla de la mano y lograr el  el salto a una pensión y a reencontrarse con su historia de vida, con su nombre, con fecha de nacimiento. Aunque les parezca de novela, la “pequeña mujer” no los recordaba, no quería recordarlo y así se cuidaba.

Hace varios años conocimos a un señor con un consumo problemático de alcohol muy elevado,  amable,  con ojos celestes cielo pero llenos de melancolía, nunca nos quiso contar que le pasaba, hasta que una cirrosis profunda lo llevó a pedir ayuda pero ya no había mucho para hacer. Allí conocimos su historia, una novia lo había dejado por su hermano, fue tanto el dolor que lo adormeció bebiendo, lo que produce muchos problemas en su entorno, en su casa, con su familia, y de apoco lo expulsa a la calle, y el lo acepta como tantos otros porque estaba entregado y vencido por tanto sufrimiento.

Conocimos a Samuel, cómo olvidarlo. Un muchachito que la pobreza, el patronato y luego las instituciones de seguridad lo maltrataron mucho. Igual él nos regalo su histrionismo, su dulzura cuando estaba bien, su defensa de los más débiles. Samuel a pesar de sus treinta era un niño, atravesado por consumos, padecimientos de salud mental, y una historia pesada sobre sus hombros, un invierno se cansó y se fue.  Aprendimos, aunque cueste entenderlo que en general quien tiene una dolencia física insoportable pide ayuda, pero que las otras dolencias, las subjetivas son mucho más difícil de detectar y mucho más complejo de tratar.

El objetivo de estas pequeñas y pocas experiencias que les cuento, no es ponerle romanticismo a esta problemática pero si visibilizar que hay muchas personas con las que trabajamos y podemos decir que pudieron con mucho esfuerzo avanzar hacia otra forma de vivir la vida, de tramitar los dolores, y muchas otras situaciones en las que los cambios no se vieron, no se ven o que no alcanzaron. Por que más allá de que el Estado intervenga a través de profesionales debemos decir y remarcar que trabajamos con personas, sujetos que tienen voz y decisión, y aunque muchas veces no acordemos con ellos en sus decisiones, no podemos obligarlos a ver la vida como nosotros la pensamos o a hacer lo que nosotros haríamos. Todos tenemos tiempos en los que procesamos nuestras historias, dolencias, vivencias y una de las claves de nuestras intervenciones siempre fue y es respetar esos tiempos, que la mayoría de las veces no coinciden con los de la ciudadanía que llaman reclamando que “hagamos algo”, la mayoría de las veces hacemos ….. Y mucho.

Sobre la población y sus características

Podemos decir que alrededor de los últimos 5 años, la edad de la población en calle y las características de ella cambió, son mucho más jóvenes los que la habitan, con serios problemas de consumos, con  problemas de violencias que los atraviesan, muchas parejas jóvenes con niñes que son expulsados de donde vivían con familiares por problemas de convivencia. Muchos jóvenes que han sido sobre-intervenidos en su infancias por parte del estado, y que llevan las marcas subjetivas de la falta de cuidados de quienes tenían esa responsabilidad (adultos o estado). Jóvenes que han conformado familias como pueden y replican aquella falta que ellos tuvieron.

Lo que el virus nos trajo

En el 2020, como a todes también nos sorprendió la Emergencia Sanitaria por la Pandemia COVID-19, y estableció algunas prioridades en el abordaje de la situación de calle.  Trajo formas diferentes de trabajo y de intervención con las situaciones que se presentan en diferentes ámbitos del Estado.

Al Área de situación de calle le tocó trabajar en la crisis sanitaria que estamos viviendo desde un lugar de prevención. Lo que llevó al replanteo de la forma de abordar situaciones.

En medio del Aislamiento Social, Preventivo y Obligatorio, como personal esencial en la Secretaria de Desarrollo Humano y Hábitat (Resolución 49 del 01 de abril de 2020  de la Municipalidad de Rosario) el Área de Intervención en Situación de Calle, y algunas otras áreas, seguimos trabajando con la premisa de la prevención,  asistiendo desde la alimentación o  trabajando con el alojamiento de las personas en situación de calle.

Las trabajadoras sociales trabajan con las poblaciones de los refugios que, a diferencia de los años anteriores, por la características de este momento son espacios que funcionan las 24 horas para cumplir con la cuarentena y los cuidados  necesarios de poblaciones de riesgo. Así como también asistiendo a aquellas personas con las que se trabaja desde hace más tiempo y se encuentran viviendo en pensiones con el objetivo de evitar que todo el trabajo realizado hasta hoy se caiga. En los refugios también se cuenta con trabajadores sociales de otras áreas de la Secretaria e incluso de Salud Pública.

En este momento histórico lo que hacemos habitualmente se complejizó, y se le sumaron otras demandas y la necesidad de dar respuestas en ámbitos que no es nuestro quehacer. A saber…. les trabajadores sociales que seguimos trabajando en cuarentena hemos aprendido los secretos más encumbrados de Ansés, hoy todes les trabajadores sociales podemos asesorar sobre todos los trámites que se pueden o no hacer desde la virtualidad, que quiere decir tal o cual leyenda en Ingreso Familiar de Emergencia, cómo restaurar una clave de seguridad social, como tramitar en una APP de Afip la clave fiscal, aprendimos por qué Ansés te puede retirar depósito de AUH que realizó si no lo cobraste, como recuperar jubilaciones no cobradas, como habilitar tarjeta de débito de toooodoooss los bancos, como blanquear PIN de forma virtual, de memoria los 0-800 de los bancos.  Hoy sabemos como cobrar sin tarjeta, qué es el punto efectivo, como bajar el DNI virtual en el celular,  hacer cuentas de mail, a validar claves, entre otros tantos aprendizajes en cuarentena.

Algún colega docente nos habló de la “burocracia amiga” y esa es la que nos dio una mano en muchos casos, para afiliar a algún adulto mayor a Pami, a responder alguna duda de Ansés, las experiencias de otres en la misma situación que se nos presentaba. Y sabemos también que esto no se terminó aún y podemos seguir aprendiendo muchas más cosas.

Por los tres refugios que permanecen abiertos con modalidad de 24 horas, más dos que ya han modificado la modalidad de funcionamiento han transitado alrededor de 130 personas, con las cuales les Trabajadores Sociales han trabajado el acceso a su DNI para 38 personas que no contaban con el mismo, han tramitado el Ingreso Familiar de Emergencia de 24 personas, han acompañado junto a los equipos de salud que allí están trabajando variadas estrategias de cuidado de la salud y salud mental, han intervenido en función de reconstruir algunos vínculos familiares en pos de pensar un plan de egreso acompañado, han presentado ingreso a instituciones geriátricas por medio de su obra social en algunos casos en los que las personas acordaron esa como una posibilidad de residencia permanente, entre otras acciones destinadas a pensar esta estadía por esos refugios como algo un poco más amplio que simplemente el cumplimiento con el ASPO.

Lo que el virus nos dejará

“…la ternura es el escenario formidable donde un sujeto se hace sujeto pulsional, sujeto ético,  y se hace sujeto político porque la política empieza por interés…”Fernando Ulloa. Ternura, numerosidad e insurgencias.

Mientras vivamos en un sistema capitalista existirán personas viviendo en la calle, lo que a los gobiernos les compete es lograr que sea la menor cantidad de personas posibles, que ese transito por las calles deje la menor huella posible, y que si alguien puede subjetivamente salir de dicha situación tenga la posibilidad para lograrlo.

Para ello es necesario contar con los recursos materiales y profesionales acorde a la problemática, esta crisis sanitaria puede darnos una posibilidad diferente de trabajo, improvisada por la emergencia, una oportunidad de pensar la intervención con la población de calle de forma integral con equipos de salud, (reclamo histórico de las profesionales). Quizás los resultados de estos meses muestren qué para que las intervenciones tengan un impacto real  con esta población son necesarios equipos interdisciplinarios de, por lo menos, dos secretarias (desarrollo humano y salud pública).

En momentos de incertidumbre poder pensar alternativas de trabajo diferentes a las sostenidas hasta ahora para poblaciones que también se van modificando en sus características, intervenciones que modifiquen la trayectoria de vida de las personas realmente, es algo positivo.

No sabemos cuando será el tiempo de la pos pandemia, momento deseado y añorado por toda la humanidad, por ahora parece un horizonte lejano pero quizás cuando llegue estemos preparados para comprender que  la incertidumbre también puede darnos una posibilidad.

De aquí no volvemos iguales, no solo por todo lo que aprendimos, sin planificarlo, sino porque también experimentamos formas nuevas de intervención que parecen tener otro tipo de impacto en las trayectorias de vida de algunas de las personas con las que trabajamos, así como también en nosotres.

*Licenciada en Trabajo Social

Colegio de Profesionales de Trabajo Social de la 2da Circunscripción.

Fotos: gentileza de Sur Productora

 

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