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Singular antídoto contra lo efímero: Música para Volar cierra el año

Después de una extensa gira de la mano de su último show titulado Cerati sinfónico, la formación rosarina Música Para Volar, que revisita el repertorio de Soda Stereo y Gustavo Cerati, volverá a poner en escena aquel espectáculo con el que dieron sus primeros pasos en 2012, basado en el disco Soda Stereo MTV Unplugged, titulado Comfort y Música para volar.


Después de una extensa gira de la mano de su último show titulado Cerati sinfónico, la formación rosarina Música Para Volar, que revisita el repertorio de Soda Stereo y Gustavo Cerati, volverá a poner en escena aquel espectáculo con el que dieron sus primeros pasos en 2012, basado en el disco Soda Stereo MTV Unplugged, titulado Comfort y Música para volar. “Tiene que ver con volver un poco a los orígenes después de tantos conciertos con la grandilocuencia que implica hacer arreglos de tipo sinfónico. Pensamos cerrar el año con una revisión de cómo surgió la banda”, aseguró José Matteucci, vocalista y baterista de la formación cuya presentación tendrá lugar este sábado a las 21.30, y el domingo a las 20.30, en la Terraza de la Cúpula de la Plataforma Lavardén (Sarmiento y Mendoza).

“Más que formar una banda nosotros quisimos hacer ese espectáculo”, confesó el músico y agregó: “Por eso, ahora quisimos volver a ese primer concepto con todo el aprendizaje de estos años y lo que fuimos sumando. Aprendimos a interactuar con instrumentos que no son habituales en un ensamble de rock y fuimos sumando un montón de trabajo en lo que respecta a lo escénico, a lo visual”.

Tal y como ocurrió la primera vez que la banda subió a un escenario, los temas que forman parte de aquel emblemático disco que la formación que lideraba Gustavo Cerati grabó en 1996 se combinarán con imágenes de la filmografía del cineasta estadounidense Stanley Kubrick. “Ahora le dimos una vuelta de tuerca a eso aprovechando las posibilidades técnicas que tenemos y lo que aprendimos los últimos años trabajando con un DJ encargado de las proyecciones. Además, el espectáculo fue adaptado para tocarlo al aire libre en la Terraza de la Plataforma Lavardén”, adelantó el músico.

Celosos de la puesta en escena y el diálogo entre el espectador, el espacio elegido, los audiovisuales y, por supuesto, la música, la formación que completan Alexis Thompson en guitarras, Julieta Sciasci en bajo y Bruno Moreno en piano, viene ensayando al aire libre para no perder detalle. “Para nosotros, la experiencia del espectador  trasciende lo puramente musical y está bueno que nos ocupemos de los otros factores. Todo el marco forma parte de la experiencia”, confesó Matteucci quien a la hora de señalar las particularidades de ese disco de Soda que dio vida a este proyecto, señaló: “Tiene el sonido relajado de un grupo de rock tocando sus canciones. Pero más allá de eso, interactúan con otros elementos como las máquinas, la música electrónica, los samplers, eso que tenía Soda Stereo y que no resignó para hacer un unplugged. Con esos elementos e incorporando cuerdas, generaron distintos matices”.

Consultado sobre el abordaje del repertorio de una banda tan emblemática como Soda Stereo, Matteucci confesó: “Es un desafío, pero lo tomamos con la doble cara de la responsabilidad y el placer que implica ponerle el cuerpo a un objeto cultural que uno disfruta. Ahí es donde radica todo el trabajo que hacemos”.

En esta ocasión, completarán la formación la violinista Julia Testa, el violoncellista Paolo Ferrara, la cantante Laura Marcé y el saxofonista Facundo Aride.

Volver a los clásicos

En Rosario, son cada vez más los espectáculos que citan, a modo de tributo o retrabajando sus repertorios, a bandas emblemáticas del rock tanto nacional como internacional. Consultado sobre ese contexto, Matteucci opinó: “Lo veo como un fenómeno que tiene que ver con la etapa a la que llegó el rock, un estilo musical que en Argentina es relativamente nuevo, tiene poco más de 50 años de historia, y en este momento tiene sus propios clásicos. Hay repertorios comunes que se vuelven casi un «estándar»”. Y agregó: “Además, la gran cantidad de información que existe, genera la necesidad de construir remansos de sentido donde uno pueda retransitar algo que ya conoce, porque si es todo nuevo, terminamos en una especie de flujo constante donde no podemos generar sentido, significar, porque todo termina siendo efímero. Entonces, surge la idea de rescatar algo del pasado como una especie de vacuna contra esa velocidad de la que parece que no podemos escapar”.

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