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Santa Fe

Sembró el pánico en la EPE con falsas amenazas de bomba y podría quedar preso

Una versión no oficial indica que el acusado actuó por despecho: su ex pareja trabaja en esa dependencia de la EPE.


Un joven de 29 años quedó imputado tras una investigación por falsas amenazas de bomba realizadas en llamados telefónicos a la Empresa Provincial de la Energía (EPE) en la ciudad de Santa Fe. Fiscalía le achacó los delitos de intimidación pública (por siete llamados) y amenazas calificadas por ser anónimas (por uno de los llamados). Prevén penas de 2 a 6 años de prisión. Una versión no oficial indica que el acusado actuó por despecho: su ex pareja trabaja en esa dependencia de la EPE.

Gabriel –tal el nombre del acusado– por el momento está en libertad. Según se supo, el joven es estudiante de Medicina en Rosario, donde vive durante la semana.

María Laura Martí, la fiscal que instruye la causa, adelantó: “Finalizados los peritajes a dos teléfonos celulares que fueron secuestrados, elevaremos la causa a juicio. Se trata de un delito para el cual el Código Penal prevé penas de entre 2 a 6 años de prisión”.

“Fiscalía considera que lo ocurrido es grave no sólo por la modalidad y su reiteración, sino también por la cantidad de veces que debieron activarse los protocolos de seguridad”, analizó Martí.

Más que una broma pesada

La fiscal le atribuyó al acusado ocho llamados telefónicos entre diciembre y mayo de este año. El primero ocurrió el viernes 23 de diciembre de 2016. Minutos antes de las 10 de la mañana, la EPE recibió un llamado al número para “Grandes Usuarios” en el que una persona –a través de una voz impostada y ronca– dijo que había una bomba en la institución. Inmediatamente después cortó el llamado.

“En los otros llamados, palabras más palabras menos, el mensaje fue el mismo. También la modalidad: decía que había una bomba y luego cortaba el llamado”, detalló Martí.

Por la investigación se supo que tres de los llamados fueron realizados desde el celular de la abuela del imputado, y los otros cinco de un teléfono celular de Gabriel.

“En total, tres llamados fueron hechos a la línea Grandes Usuarios; tres a la central de emergencias 911; y otros dos a la mesa de entradas de la empresa”, enumeró Martí.

Pánico a la velocidad de la luz

“En siete de los ocho llamados, se generó temor tanto en los empleados de la EPE como en los clientes y en el público en general que estaba en las oficinas de la empresa ubicada en Boulevard Pellegrini al 2.600 de la ciudad de Santa Fe”, informó Martí. “Además, se debieron activar los protocolos de evacuación, se cortó el tránsito, personal de los Bomberos Zapadores de la Unidad Regional I debieron ir al lugar, al igual que las ambulancias y las autoridades de prevención”, agregó la fiscal.

Martí explicó que “la diferencia con uno de los llamados –el realizado el 23 de abril– es que fue hecho un domingo antes de las 7 de la mañana, razón por la cual no había ni empleados ni clientes de la empresa. La policía fue al lugar y entrevistó a la empleada de la empresa de seguridad privada que estaba de guardia, quien confirmó que no había ingresado ninguna persona. Tras una recorrida por el lugar no se encontró ningún artefacto explosivo”.

El viernes 2 de junio fue detenido en la casa de su abuela, en calle República de Siria al 3900 de barrio Candioti. Apenas le pusieron las esposas, esa noche supo que la “venganza” que había iniciado a fines de 2016 había llegado a su fin.

Aunque no se trata de una información oficial, el día que lo detuvieron circuló la versión de que Gabriel S. reconoció que lo hizo porque su ex pareja trabaja en la EPE y sólo quería “molestarla”.

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