Crónicas, Observatorio

Voces femeninas

Se escucharon gritos rapaces: la poesía como discurso de resistencia

Con la presencia de más de 25 poetas de distintos lugares del país, el Segundo Encuentro Poéticas Feministas no sólo fue un espacio de encuentro y difusión, sino también de reflexión poética y política


Vande Guru

Los gritos de la calle Córdoba a las dos de la tarde anunciaban medias a tres por diez pesos y la poca gente que circulaba por la peatonal iba en búsqueda de ese tipo de ofertas. Doblando por calle Entre Ríos de golpe aparece la Facultad de Humanidades y Artes. Con una estética medieval, lúgubre y conservadora, el edificio se encuentra generalmente despoblado a la una de la tarde. Sin embargo, el viernes último se oía un murmullo perturbador al traspasar la puerta. El cartel indicaba con una flecha de dónde venían esas voces que se expandían por los pasillos: Aula 150.

Gritos desgarraduras rapaces es el nombre del Segundo Encuentro Poéticas Feministas organizado por Eugenia Straccali, del Centro de Estudios de Teoría y Crítica Literaria de la Universidad Nacional de La Plata, y Rosana Guardalá de la Facultad de Humanidades y Artes de Rosario. El primer encuentro tuvo lugar en mayo del año pasado, y como la experiencia abrió no solo un espacio de encuentro y difusión, sino también de reflexión poética y política, decidieron replicarlo el fin de semana último en Rosario.

Poesía y política

¿Qué significa ser mujer? ¿Cuál es el territorio que se habita al serlo? ¿Qué acciones supone la poesía dentro de esta cartografía? Son las preguntas que sirvieron de eje para que más de veinticinco poetas de todo el país se dieran cita en un evento que rompió los esquemas de los encuentros de poesía a los que estamos habituados.

El pasillo de la facultad estaba repleto de mujeres que llegaron desde puntos tan lejanos como Neuquén, Catamarca, Buenos Aires. Se saludaban, se abrazaban, se daban la bienvenida. Los libros circulaban de mano en mano, se abrían en distintas páginas, pasaban como recomendaciones de boca en boca, se firmaban con mensajes amorosos y de lucha. Las mesas de lectura aún no habían comenzado y todo ya tenía el color de una fiesta.

Organizado en tres mesas de lectura de cuatro o cinco poetas por día, separadas por intervalos de veinte minutos, este encuentro tuvo entre sus objetivos reflexionar acerca del lugar de las mujeres en la poesía y generar una participación activa de las poetas en el contexto de debates que involucran temas como poesía y política o poesía y militancia.

Pañuelos verdes

Cuando la primera mesa de lectura abrió el encuentro, lo que antes había sido un bullicio alegre se transformó en un silencio atento. Dos o tres varones sentados aleatoriamente cortaban las filas de mujeres que habían dispuesto sus pañuelos verdes en sus mochilas, en sus muñecas o sobre su pecho. El primer corte dio cierre a la mesa y toda la emoción de la escucha se comentaba en un pasillo que esperó siempre con café, mate y tentempiés. Esta secuencia se repitió dos veces más en una tarde en la que ni la humedad ni el calor pudo contra la fuerza de la poesía. Mónica Tracey, Silvia Guerra, Sonia Scarabelli, Gabriela Franco, Paula Jiménez España y las rosarinas Concepción Bertone y Alejandra Méndez entre otras voces llenaron de sensaciones y preguntas las silenciosas tardes de los pasillos de Humanidades. El aula 150 marcaba los límites que el espacio le fijó a un público que iba creciendo cada vez más. El panel sobre Literatura y Feminismo a cargo de Laura Klein y Eugenia Straccali abordó temas como el erotismo en la poesía y el humor en el discurso feminista.
Abriendo diálogos

El cierre estuvo a cargo de Gabby De Cicco. Para Gabby, la poesía habla por sí misma y no hace falta más que escribirla, o decirla en este caso. En esa lógica le puso voz a una de las escritoras feministas reconocida por la mayoría de las presentes como un faro, una matriarca que alumbró el camino de la poesía y la militancia. Hilda Rais actualizada en la voz de Gabby abrió el juego para que se generara un ping-pong de poemas entre las tres panelistas que doblaban la apuesta en cada lectura para conmover no sólo las fibras sensibles de quienes estaban escuchando, sino también el pensamiento crítico, la pregunta inquietante. La lectura terminó en un abrazo y una frase que renovó la invitación para el día siguiente: “Cerramos la jornada abriendo diálogos”.

Para que lleguen las palabras

Los criterios de selección de autores, el pago de derechos, los posicionamientos estéticos e ideológicos que rigen las políticas de las editoriales independientes fueron algunos de los temas que abrieron el panel del día sábado. Las editoriales Baltasara, Hilos, Prueba de Galera, Ediciones en Danza y Turba conversaron sobre estos temas, mostraron su producción y reflexionaron acerca de la presencia de las voces de mujeres en sus catálogos. Hacia el final de la primera mesa, el espacio estaba desbordado y la gente se amontonaba en los pasillos tratando de adivinar los rostros que le ponían cuerpo a las palabras que agitaban lectura. Beatriz Vignoli, Rosario Andrada y Valeria Cervero respondieron preguntas que llenaron la sala de risas y aires calchaquíes. Fue necesario gestionar sobre la marcha un aula más grande para garantizar que la palabra llegue a todas las presentes. Con más espacio, la lectura multiplicó su fuerza. La poesía parecía cobrar forma en un cuerpo de oyentes que se agigantaba cada vez más. Por las dos mesas siguientes pasaron poetas de la talla de Silvia Castro, Alejandra Correa, Liliana Ponce, Julia Magistratti y Lidia Fernández Budelli.

Lo personal es político

La poesía como un “discurso de la resistencia”. Desde su propuesta, la organización sostuvo que un encuentro de poetas feministas es en sí mismo un gesto político. Ese gesto se hizo explícito en la intervención de Claudia Masin cuando advirtió que “en tiempos tan opacos, de tanta pobreza simbólica, esta era una invitación brillante” y aclaró que “todo lo que se escribe tiene una impronta política, un posicionamiento subjetivo frente al mundo. En el mismo tono, De Cicco reconoce allí un nuevo territorio donde lo personal y lo poético conforman lo político. Territorio donde se multiplican las voces de las presentes, pero también de las que ya no tienen voz. Aunque, tal como aclaró Silvia Mellado, la poesía no viene a hablar por ellas, sino que aparece como el grito rapaz de lo que necesita ser dicho.

Feminismo a pura poesía

Apenas alumbrado por las luces tenues del bar Oui, el encuentro tuvo el cierre de lujo que merecía. En consonancia con el despliegue poético que llenó de voces la ciudad y en conjunto con el ciclo “Poesía y narrativa argentina” de la Biblioteca Argentina, Diana Bellesi, poeta y referente, cerró un fin de semana que vino a reclamar, desde la poesía, un lugar para hablar de feminismo y política. En este contexto donde la banalización del discurso feminista en los medios de comunicación es moneda corriente y genera la confusión entre feminismo, consumo, mercado y moda, este tipo de encuentros devuelven al territorio de la lucha a un movimiento heterogéneo, pero compacto, que tiene voces profundas y las hace escuchar. A gritos. Y a pura poesía.

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