Ciudad

Salud pública de Santa Fe

Santa Fe avanza ahora con tres tipos de misoprostol

Se distribuirá de manera gratuita en hospitales y centros de salud donde se garantizan los abortos que el código penal permite. Será en formato oral, sublingual y vaginal y estarán listos entre marzo y abril del año que viene


Arte El Ciudadano

El Laboratorio Industrial Farmacéutico (LIF) de Santa Fe avanza en la producción de tres variantes de misoprostol, la droga considerada esencial por la Organización Mundial de la Salud (OMS) para un aborto seguro y ambulatorio. En enero la fábrica estatal de medicamentos hizo los primeros 100 mil comprimidos para usar por vía oral, que están en etapa de prueba de estabilidad. Ahora sumará el formato sublingual y vaginal, en fase de estudio. Desde el LIF calcularon que los tres productos estarán listos entre marzo y abril del año que viene para ser distribuidos de manera gratuita en la salud pública de Santa Fe. El laboratorio tiene capacidad de abastecer al resto del país. También trabajan en un proyecto para sumar la producción de mifepristona, no disponible hasta ahora en Argentina, aunque según informaron desde el Ministerio de Salud aún es una idea incipiente. Las dos drogas combinadas son una de las formas más efectivas para interrumpir el embarazo hasta la semana 12, con una efectividad del 98 por ciento. Tras el debate por la legalización y despenalización del aborto, el Congreso Nacional debate un proyecto de producción pública de misoprostol y mifepristona para abastecer al sector público que atiende los abortos que el código penal permite: en casos de violación y riesgo de salud de la mujer. También busca que estén incluidas en el Plan Médico Obligatorio.

El LIF fue el primer laboratorio público en anunciar la producción de misoprostol en medio del debate por el proyecto de ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo (IVE). Había empezado los estudios de la droga dos años antes a pedido del Ministerio de Salud de Santa Fe. La provincia es una de las diez que adhirió al protocolo de Interrupción Legal del Embarazo (ILE) y desde 2013 distribuye el medicamento en hospitales y centros de salud. Aplica el protocolo con un criterio de ampliación de derechos en base a la definición de la OMS de la salud como física, psíquica, emocional y social. Rosario tiene una experiencia modelo: desde 2012 no murió ninguna mujer por aborto clandestino.

Los profesionales del sistema municipal hacen un promedio de entre 500 y 600 interrupciones anuales, un número estable en la última década. La mayoría se hacen con misoprostol, que permite abortar de manera ambulatoria, es decir, la mujer puede hacerlo en la casa en el momento que prefiera, con el seguimiento del médico o la médica de cabecera antes y después.

Desde 2016 también hacen ILEs con el método de aspiración manual endouterina (Ameu), una intervención quirúrgica de baja complejidad que no necesita internación, como pasaba con el viejo raspaje que la OMS recomienda abandonar desde 2002.

El gobierno provincial compra el misoprostol a la única empresa que hasta este año lo fabricó en Argentina. El laboratorio Beta lo hace bajo el nombre de Oxaprost y en el prospecto está indicado para problemas gástricos. Viene mezclado con diclofenac y al usarlo para abortar hay que separar la cápsula interna que contiene el analgésico. Beta tiene el monopolio de la venta en farmacias y abastece a la salud pública de todo el país. La caja vale 4 mil pesos y aumentó un 300 por ciento en los últimos tres años. Desde esta semana hay un nuevo producto en circulación: el Misop del Laboratorio Domínguez de Buenos Aires. La empresa fue la primera autorizada por la Anmat a fabricar misoprostol para uso ginecológico de distribución gratuita y este jueves llegó a los hospitales y centros de salud de la ciudad de Buenos Aires.

El laboratorio santafesino empezó la producción en enero con 100 mil comprimidos para usar por vía oral. Están en etapa de prueba de estabilidad natural hasta enero de 2019 y ya pasaron con éxito los testeos artificiales. Ahora sumó la producción de dosis para usar de manera sublingual o vaginal. La droga servirá también para otros tratamientos ginecológicos y calculan que estará lista para llegar en los tres formatos a los centros de salud entre marzo y abril.

Mifepristona en el horizonte

Si bien aún es una idea incipiente, desde el LIF apuntan a poder producir también mifepristona, un producto que hoy no se hace en Argentina. En países como Francia, Estados Unidos y China, la mifepristona se usa junto con el misoprostol para alcanzar el 98 por ciento de efectividad. El misoprostol produce las contracciones en el útero y es 90 por ciento eficaz. La mifepristona corta el vínculo del embrión con el útero, interrumpe el embarazo, y aumenta la producción de prostaglandinas.

Producción pública por ley

Después del rechazo en el Senado del proyecto de IVE, un grupo de diputados y diputadas impulsaron una ley de producción pública de misoprostol y mifepristona. La iniciativa busca que la salud pública de todo el país no tenga que recurrir a laboratorios privados para garantizar los abortos no punibles.

En diálogo con El Ciudadano, la diputada del movimiento Evita Lucila de Ponti explicó que el proyecto de ley pide que el Estado garantice la producción pública en los laboratorios dependientes del Ministerio de Salud nacional y que apoye las producciones en los laboratorios provinciales, como el de Santa Fe. Además, buscan que las dos drogas estén incluidas en el Plan Médico Obligatorio, para que las prepagas y obras sociales lo cubran.

Otro de los puntos del proyecto es el pedido para que la Anmat autorice al misoprostol para uso ginecológico. “Tiene que haber una elaboración específica para los abortos no punibles y no para problemas gástricos como es hoy. Al venir con diclofenac hay que separarlo y deteriora la calidad del fármaco para uso ginecológico”, explicó De Ponti.

El proyecto ya tiene dictamen unificado y en la próxima convocatoria de la comisión de Salud será incluido en el temario. “Las perspectivas son buenas porque hay consenso. La producción pública tiene que ver con que se garantice el cumplimiento de la ILE que ya existe en nuestro país y sería una reducción de costos para el Estado”, agregó.

La droga política

El misoprostol no nació como una droga para abortar. El uso para terminar con embarazos no deseados fue un descubrimiento de las mujeres en la búsqueda de métodos seguros. A mediados de los 80, Brasil aprobó la fabricación y comercialización del fármaco para problemas gástricos. En el prospecto decía que no debían usarlo las embarazadas y el dato sirvió para que las mujeres probaran y se pasaran el conocimiento. Algunas hipótesis dicen que el saber se diseminó de boca en boca en toda América Latina. Años después la venta libre quedó prohibida en Brasil pero el uso ya había sido comprobado. Como pasó con el cannabis medicinal, las madres de chicos con epilepsia refractaria y otras dolencias experimentaron y después la ciencia y la medicina lo estudiaron. En el caso del misoprostol los estudios determinaron que no se acumula en el cuerpo ni afecta la fertilidad y la OMS lo incluyó entre los medicamentos esenciales.

El descubrimiento como método fue un cambio revolucionario. Por primera vez las mujeres y personas gestantes podían interrumpir un embarazo sin ir una clínica clandestina o recurrir a técnicas inseguras. En los países con aborto legal significó bajar los gastos de internación y anestesia porque la interrupción puede hacerse en casa en el momento que cada una elija.

Comentarios