El Ciudadano Global

El Ciudadano Global

Rusia, actor central en un contexto mundial en ebullición

Rusia siempre ha sido un país con importantes atributos de poder que lo han situado como un actor central en los distintos órdenes internacionales contemporáneos.


Por Esteban Actis / Especial para El Ciudadano

Rusia siempre ha sido un país con importantes atributos de poder que lo han situado como un actor central en los distintos órdenes internacionales contemporáneos. Su vasto territorio (bisagra entre Europa y Asia), sus recursos energéticos y militares, el temple y carisma de sus líderes y la fortaleza espiritual de su sociedad posibilitaron que Rusia haya ocupado un lugar central en las relaciones internacionales de, por lo menos, los últimos doscientos años.

En la actualidad distintos analistas subrayan los variados recursos de poder (como así también de los que carece) de la Federación de Rusia a la hora de ganar cada vez mayor influencia en los asuntos internacionales. Su condición de potencia energética; su poderío armamentístico/nuclear, la personalidad de Vladimir Putin y el liderazgo en el denominado “ciberpoder” son resaltados a la hora realizar una radiografía del poderío ruso.

Ahora bien, sin desconocer los importantes atributos materiales e inmateriales de poder con los que Rusia cuenta al día de hoy, es dable destacar que el reciente anfitrión de la Copa Mundial de Fútbol cuenta con un factor de poder ajeno a su control y posesión que se constituye como central para explicar por qué Rusia es un actor clave (y lo será aún más) en el actual orden internacional en plena ebullición y mutación: el poder contextual.

La llegada de la administración Trump a la Casa Blanca ha implicado importantes cambios en materia de política exterior de Washington con impactos en todo el sistema internacional.  Uno de ellos ha sido la creciente tensión con China (que se materializa en la dimensión comercial) dada la percepción norteamericana de la amenaza del gigante asiático a la primacía global de los Estados Unidos de la posguerra fría.  Para el interés norteamericano, presionar al gigante asiático y rivalizar su emergencia como potencia mundial, la ampliación de la alianza estratégica chino-rusa resulta altamente nociva. En otras palabras, rivalizar y tensionar simultáneamente las relaciones con China y Rusia es peligroso y desaconsejado como estrategia política. A pesar de las discrepancias en múltiples temas de la agenda internacional (Siria, Crimea, Irán, Ciberpoder) y de los recelos permanentes de la burocracia en Washington hacia Moscú,  el establecimiento de espacios de cooperación y diálogos resultan imperiosos en el delicado tablero global. La reciente cumbre presidencial entre Trump y Putín en Helsinki es un claro ejemplo de lo señalado. Para Rusia, la posibilidad de pivotear entre las dos grandes potencias del sistema acrecienta su poder relativo dado que usufructúa de mayores márgenes de maniobra.

Tensiones más tensiones

Por su parte, el resquebrajamiento de la alianza transatlántica (Estados Unidos y Europa occidental) también representa una importante oportunidad para las ambiciones de Putin. Las tensiones económicas y diplomáticas entre Trump y la Unión Europea operan como fuerzas centrífugas que favorecen el interés de Rusia. Cabe recordar que la diplomacia rusa siempre ha visualizado la consolidación del proyecto europeo como una amenaza a sus intereses vitales en Eurasia.  En el marco de los desacuerdos de la última Cumbre de G-7 en Canadá, Trump declaró el anhelo de un regreso de Rusia al club de poderosos, situación que exacerbó aún más a los líderes europeos que vienen observando atónitos como el Kremlin interviene vía su ciberpoder en todas las contiendas electorales del viejo continente. Trump sabe que la carta rusa es una forma de intentar disciplinar a los díscolos atlantistas. Asimismo,  desde Berlín y París son conscientes que sin un apoyo y respaldo norteamericano resulta imposible cerrar filas con Rusia e intentar contrabalancear su influencia, situación que obliga a buscar mecanismos de negociación con Moscú. Las reiteradas y recientes cumbres entre Macron y Putin evidencian (la última durante la finalización del Mundial) y ponen de manifiesto la relectura europea del problema ruso.

Las oportunidades externas

En definitiva, el actual contexto internacional de disolución de ciertos marcadores de certidumbre como consecuencia  –principalmente– de un nuevo enfoque global de la potencia hegemónica, se ha transformado en una plataforma propicia y funcional a los intereses de Rusia. Independientemente de los vastos atributos  con los que cuenta el Kremlin para poder revitalizar su condición de actor relevante en las relaciones internacionales. El principal desafío de la política exterior de Rusia parece ser revertir la famosa tesis del diplomático brasileño Celso Lafer: traducir  las “oportunidades externas” en necesidades internas.

Doctor en Relaciones Internacionales. Docente e investigador de la UNR. Secretario Técnico Escuela de Relaciones Internacionales (UNR)

Si te gustó esta nota, compartila

Comentarios