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Rosario también tuvo su Bicentenario

Por: Ernesto Del Gesso

Rosario creció en torno de su capilla.
Rosario creció en torno de su capilla.

En este año en que los ciudadanos de todo el país nos aprestamos a la conmemoración del Bicentenario de la Revolución de Mayo, resulta oportuno recordar a los rosarinos que por una historia que luego las investigaciones desecharon totalmente, en 1925, con la presencia del presidente de la Nación, Marcelo T. de Alvear, invitado especialmente para los actos, se festejó –con bombos y platillos– el bicentenario de la fundación de la ciudad. Poco más de una década después, los historiadores contemporáneos de esta época demostraron la inexistencia del supuesto fundador don Francisco de Godoy. Sin embargo, una avenida, de las pocas en diagonal de la ciudad, llevó su nombre hasta no hace mucho tiempo, hasta que fue reemplazado por el de avenida Presidente Perón. Después de aclarado el error histórico, se consideraron posibles nombres y fechas de diferentes hechos ciertos y documentados, pero predominó la idea del nucleamiento espontáneo, potenciado luego de las subdivisiones y donación por parte de uno de los pobladores del terreno donde ya existía una capilla construida por un nieto heredero de parte de la merced otorgada a don Romero de Pineda en 1689 en el Pago de los Arroyos.     

Durante diez días a partir del 2 de octubre de 1925, la ciudad estuvo de fiesta corrida conmemorando el segundo centenario de la supuesta fundación en 1725. En su Historia de Rosario, Juan Álvarez cita los eventos realizados que aquí resumimos. Comenzaron con el arribo de una flotilla de tres barcos de guerra. Al día siguiente llegó por tren el presidente Alvear escoltado por aeroplanos. Luego siguieron el TeDeum, banquete,  función teatral, fuegos artificiales y colocación de piedra fundamental en varias obras. Actos en diversas instituciones y escuelas e inauguración de fuentes y esculturas; no faltaron competencias deportivas, conciertos y procesión cívica. Muchas de esas piedras fundamentales se transformaron en obras que hoy existen. Entre los actos debe destacarse la presentación al señor presidente, con la presencia del gobernador de la provincia, doctor Ricardo C. Aldao, y del intendente municipal, doctor Manuel V. Pignetto, del camarín de la Virgen que acababa de terminarse, que Álvarez califica de “joyita arquitectónica”: una obra llevada a cabo bajo la dirección de monseñor Nicolás Grenón.

Aquella historia tuvo un autor, que fue don Pedro Tuella y Mompesar. También un título: Relación histórica del Pueblo y Jurisdicción del Rosario de los Arroyos en el Gobierno de Santa Fe, Provincia de Buenos Aires, dada a conocer en el primer periódico en la historia del país, el Telégrafo Mercantil, Rural, Político-Económico e Historiográfico del Río de la Plata dirigido por el español Francisco Antonio Cabello y Mesa, que apareció en abril de 1801. En Santa Fe el periódico tuvo dos suscriptores, uno en la capital, el teniente de gobernador don Prudencio María Gaztañaduy y Zamora Luzuriaga Galardi, y el otro en Rosario, don Pedro Tuella. Nuestro hombre comenzó sus publicaciones en septiembre de ese año con unas décimas, composición poética que remata con un pedido de limosnas para una nueva iglesia en Rosario, obra para la que fue nombrado mayordomo. Era éste un signo de la respetabilidad que tenía Tuella en la pequeña sociedad de la aldea, que según sus propios datos, puede estimarse en no más de 300 personas. Al año siguiente, en las ediciones de los días 4, 11 y 18 de abril, esta vez en prosa, publicó su historia. Por esta obra ganó la titulación ciudadana posterior de primer historiógrafo de Rosario.      

Don Pedro Tuella era español de la región aragonesa, estimándose que llegó al país por 1759 y en 1774 se lo registra oficialmente en el pequeño poblado conocido como Capilla del Rosario en funciones de maestro con sueldo. Pronto se transformó en destacado vecino del lugar, donde se casó con doña Nicolasa Costey, matrimonio del que no nacieron hijos. Se deduce que ha ganado prestigio por cuanto pronto tendrá nombramiento oficial para hacerse cargo de la administración de la renta del estanco del tabaco y de la alcabala, más la responsabilidad dada a su gestión por el edificio de la iglesia. También se dedicó al comercio abriendo una pulpería. A pesar de todas sus actividades y responsabilidades, disfrutaba de la tranquilidad reinante en el lugar, según lo manifiesta en carta de respuesta a don Vicente Anastasio Echevarría, en la que agrega que, después de levantarse de la siesta, leyó la recibida y luego de unos mates, posiblemente vaya a sacar un pacú. Podemos imaginarlo oteando el Paraná desde la barranca, detrás del rancho que hacía de capilla, igual como lo hacemos ahora a espaldas de la Catedral y desde el Monumento a la Bandera, porque este buen hombre vivió en lo que actualmente es Córdoba y 25 de Diciembre (Juan Manuel de Rosas). El paisaje debe haberlo inspirado para escribir poesías e historia. Frente a su casa, descontando su presencia en el solemne acto, Belgrano enarboló por primera vez la enseña patria. Sobre este acontecimiento, Tuella tiene alguna relación. Lo sabremos en una futura columna sobre su vida.

De su actividad literaria, los versos no entran en la crítica; siempre habrá peores. En cuanto al género histórico que produjo, los historiadores le reconocen muchos aportes por las informaciones geográficas, étnicas y estadísticas e ideas de irrigación aprovechando las aguas del Carcarañá. Pero más allá de estos datos, la parte propiamente histórica fue castigada desde la metodología hasta la falsedad de los contenidos por exceso de imaginación y algo de mística. El historiador Álvarez no descarta intenciones de obtener ciertos beneficios oficiales, no económicos pero sí honoríficos, basado en cartas de Tuella a su ya mencionado amigo Echevarría, personaje de quien tenemos mucho para decir en otras entregas.

La historia escrita por Tuella es larga y tediosa. Queda para el análisis de los investigadores, ya que aquí sólo hacemos difusión con el objetivo de recordar aquellos festejos del bicentenario de la fundación, basados en la misma y en breves aspectos de la vida de su autor por el respeto que se merece. Como se ha señalado más arriba, habrá una próxima columna dedicada a don Pedro Tuella con todo lo que falta agregar hasta su muerte ocurrida en 1814, mención con la que finaliza este recordatorio de hechos ocurridos en la historia de Rosario.

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