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Panorama Político

Rosario busca evitar otro tarifazo

El envío al Concejo Municipal del nuevo estudio de costos del transporte urbano activó uno de los grandes clásicos de la política local.


El envío al Concejo Municipal del nuevo estudio de costos del transporte urbano activó uno de los grandes clásicos de la política local. El Ente de la Movilidad fijó en 9,45 pesos el valor técnico por pasaje, pero la cifra era pura ficción como quedó confirmado 24 horas después, cuando de paso por Rosario, el ministro de Transporte Guillermo Dietrich confirmó que la Nación mantendrá congelados los subsidios al transporte con los que desde hacía muchos años se enfrentaba el determinante aumento salarial para los choferes. La cuenta es clara: si los subsidios no se modifican y los sueldos de la UTA sí, el costo técnico del pasaje ya no es 9,45 sino que pellizca los 12 pesos, según proyectan en la Municipalidad.

Para que lo entienda el usuario del transporte y cualquier lector: durante los últimos años, cada vez que los choferes negociaban un aumento salarial, la Nación se hacía cargo con fondos propios de ese aumento. De esa manera bajaba los costos de prestación que debían asumir los concesionarios o la Semtur y La Mixta que son públicas. Ahora, al romperse esa ecuación, el aumento salarial engorda lo que cuesta hacer circular los colectivos.

El gobierno mantendrá en cambio los subsidios al combustible e incluso está dispuesto a otorgar un “pequeño incremento”. Habrá que ver a qué se refería el ministro, ya que el aumento de los combustibles en el último año no fue pequeño. Cabe recordar que este subsidio está financiado con impuestos específicos que recauda el Estado nacional en la venta de cada litro de nafta o gasoil.

La intendenta se preocupó especialmente en aclarar que no pretende un salto tarifario de 6,30 a 9,45 pesos, sino que Concejo y Ejecutivo encuentren una salida política que evite un tarifazo al estilo Cambiemos. El escenario obliga a agudizar el ingenio para generar recursos. ¿Si el costo pasa a ser 12 y no 9,45, cuál será la tarifa que deberá pagar el usuario? Ejemplo: Córdoba ya paga 9,15 y ahora debe definir de qué bolsillo sale el dinero para pagar el incremento salarial que le lleva los costos a 12 o 13 pesos.

Por eso la solución que se requiere es política y no técnica. Ejecutivo y Concejo definirán quiénes asumirán esos costos. Es decir qué parte de esos, supongamos 12 pesos, paga el usuario a través de la tarifa; qué partes cubren los fondos compensadores de la provincia (5% de la recaudación del impuesto a los Sellos) y de la Municipalidad (ingresos por Casino, estacionamiento medido y multas de tránsito) y qué parte los subsidios nacionales.

Al caerse esta última variable, es inevitable explorar fuentes de financiamiento: reasignar partidas del presupuesto con otro destino o cobrar nuevas tasas a las empresas o sector de contribuyentes. En cualquier caso el ajuste lo ahorra la Nación y lo paga la ciudad.

Hay otras opciones que siempre son la variable de ajuste de los costos, algunas positivas y otras negativas. Entre las primeras cuentan los carriles exclusivos y el Movibus Norte que se habilitará a mediados de año, porque incrementan la velocidad comercial y permiten optimizar el número de unidades y choferes en la calle, que en cambio de tardar equis tiempo en cruzar el centro lo pueden hacer en la mitad. Otro tanto con la aplicación “Cuándo Llega”, que organiza la oferta y demanda del servicio y da previsibilidad al usuario sobre el horario de las frecuencias en horario nocturno, evitando tener unidades circulando vacías a la caza de pasajeros, como hace 20 años.

Entre las cuestiones negativas es que una parte del ajuste se hace reduciendo frecuencias, ahorrando en limpieza y mantenimiento de colectivos.

Hay otro aspecto que es llamativo: cabe preguntarse por qué si los colectivos tienen mayor velocidad comercial gracias a carriles exclusivos los usuarios no perciben que el transporte público les haya mejorado los tiempos de viaje, entendido no por lo que tarda el trayecto, sino desde que sale de su casa o trabajo, llega a la parada, espera el ómnibus y se baja en su destino.

Una hipótesis a corroborar es que ese innovador paquete de infraestructura y cambios implementados en los últimos cuatro años fueron capitalizados por la economía interna de las empresas más que por el usuario. Es cierto que si las prestadores del servicio no se fortalecen el primero que pierde es ese usuario, pero quizás ahí radique la respuesta a por qué después de tanta innovación, el servicio no termina de despegar en la consideración del público.

La apuesta de fondo del gobierno municipal es a un nuevo sistema de transporte, para lo cual ha hecho todo este trabajo previo de implementación de carriles y otras decisiones tendientes a limitar el uso de vehículos en la zona central que no deberían subestimarse. El cambio de política en materia de subsidios nacionales obliga a reajustes en la licitación del nuevo sistema.

Así las cosas, la caída de subsidios nacionales es el ingrediente novedoso para el gran clásico de la política local en el Concejo.

Lo que se ahorra en subsidios, el gobierno nacional lo pagará en términos políticos a medida que haya que tomar definiciones. Se le reprochará que empezó con la electricidad, siguió con el gas y ahora el transporte. Los concejales del PRO tendrán que mostrar uñas de guitarrero y espalda de estibador. Alivio para Mónica Fein, a quien los números desfavorables que arrastra en el Concejo le costaron tremendos dolores de cabeza, uno tras otro. Cada vez que en estos cuatro años tuvo que promover un aumento de boleto o de la tasa general de inmuebles fue sometida a un desgaste fenomenal. En esta etapa pareciera por lo menos tener ordenado el interbloque oficialista.

Con respecto al gobierno nacional, expresa en su discurso (y lo repitió el ministro Dietrich el viernes en Rosario) la voluntad de corregir las asimetrías que favorecen al Área Metropolitana Buenos Aires con respecto al resto del país en materia de subsidios de transporte y demás servicios públicos. Sin embargo aún no se vislumbra cómo piensa traducir a la práctica esas buenas intenciones. Y si lo está haciendo, no lo está explicando bien.

El gobierno municipal se adelantó al escenario que se viene. Desempolvó un proyecto parado hace ya unos años en el Concejo Municipal y con potencial recaudador como para financiar el agujero que deja la Nación en el transporte.

Como la Fifa

Se trata de utilizar las cámaras de videovigilancia instaladas en toda la ciudad para, además del rol que ya cumplen, verificar y eventualmente sancionar infracciones de tránsito. El proyecto se estancó en un punto irrisorio, similar al que la Fifa mantenía con respecto al uso de la tecnología en las canchas de fútbol.

La tecnología está en el mercado, pero en el caso de Rosario además está pagada, instalada y funcionando en las calles. Entonces, ¿por qué seguir permitiendo que se estacione en doble fila, se gire sobre el carril exclusivo del transporte, se pase con el semáforo en rojo o se doble a la izquierda cuando los carteles lo prohíben expresamente?

¿Cuál es el motivo de registrar con pelos y señales al conductor que viola la luz roja y permitirle marcharse impune? Quienes se oponen al uso argumentan que se persigue un fin recaudador. Como si estuviera mal o fuera una idea infeliz recaudar de quienes ignoran un semáforo poniendo en riesgo la vida y los bienes de los demás. El que cumple no paga.

No es una cuestión moral, sino práctica. La videovigilancia en estos casos es una herramienta auxiliar para el ordenamiento y control de ciudades como Rosario que en las últimas décadas se complejizaron, desbordando la capacidad de respuesta que el Estado tradicionalmente daba.

El escenario está abierto. Una de las posibilidades es un acuerdo legislativo entre oficialismo y PRO (son los dos espacios políticos mayoritarios). Por tratarse de un tema donde el PRO paga costos, podría inferirse que quiera construir un rápido entendimiento que le evite ser el padre de un nuevo tarifazo.

Para el oficialismo, otra opción pasa por entablar acuerdos con sectores peronistas y otros espacios opositores. A diferencia del PRO, este es un universo de bloques unipersonales que se alinean y desalinean en cada votación, lo cual vuelve trabajoso armar una mayoría aunque sea circunstancial.

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