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Reflexiones

Revival Scioli-Randazzo y lápiz para las listas 2017

¿Quién tendrá la lapicera para amar las listas de candidatos a diputados y senadores nacionales en el peronismo? ¿Podrán los intendentes bonaerenses cercar sus municipios de influencia kirchnerista o serán perforados por Sergio Massa?


¿Quién tendrá la lapicera para amar las listas de candidatos a diputados y senadores nacionales en el peronismo? ¿Podrán los intendentes bonaerenses cercar sus municipios de influencia kirchnerista o serán perforados por Sergio Massa? Sin líder global ni bonaerense, con una sobreoferta electoral que lo atomiza en términos competitivos y con múltiples “barones” sin vocación de asumir la jefatura, el PJ reunirá hoy a sus huestes, de los pseudo grupos Esmeralda, Fénix y Establo, en Lobos, para explorar un por ahora lejano principio de unidad.

La principal palanca para traccionar las esquirlas de la implosión peronista de diciembre de 2015 es la hipótesis de una Paso entre el kirchnerismo residual que encarna la dupla Cristina de Kirchner-Daniel Scioli y el post kirchnerismo mudo e invisible de Florencio Randazzo. No encaja en el esquema, a pesar de las invitaciones de Máximo Kirchner para volver al PJ, el Frente Renovador de Massa. Tampoco el presidente del partido a nivel nacional, José Luis Gioja, logra amalgamar la unidad con el massismo que apuesta a una construcción transversal con el GEN de Margarita Stolbizer y Libres del Sur de Victoria Donda.

Las señales de humo previas a la cumbre de unidad en Lobos no son del todo alentadoras en el peronismo. La semana pasada, Rogelio Frigerio y Lucas Delfino recibieron al Esmeralda de Martín Insaurralde y compañía para armar una Federación Argentina de Municipios (FAM) paralela con el objetivo de aislar a su actual titular, Verónica Magario, de La Matanza. Ese municipio, el más poblado del conurbano, anima una histórica pelea por el control de la tercera sección electoral con Lomas de Zamora. Insaurralde aceptó gustoso la invitación del Ministerio de Interior para institucionalizar el vínculo con los intendentes y canalizar obra pública por fuera de la FAM de Magario.

Fuera del radar bonaerense, que se activará hoy en Lobos, cuna del general Juan Domingo Perón, flotan los gobernadores peronistas. Ninguno se encolumna ahora con Cristina de Kirchner ni con Scioli. Cada uno tiene su propio juego con la Casa Rosada, con Miguel Pichetto como gerente para el reclamo de partidas a través del Senado: ya lograron la restitución del 15% de los fondos coparticipables que retenía la Ansés. La cartera de Frigerio casi duplicó las partidas para obra pública y el giro de fondos a las provincias. Ahora se suman reclamos por la automaticidad de los ATN y también para reformar la ley de Responsabilidad Fiscal que habilite a sus distritos a contraer deuda ante organismos internacionales sin autorización de Nación.

Los gobernadores no se meten en la interna peronista de la provincia de Buenos Aires. Sólo el salteño Juan Manuel Urtubey, el único que blanqueó aspiraciones presidenciales, tantea un incipiente armado bonaerense de la mano de Julián Domínguez. Son los escuderos papales del peronismo y se reivindican como la tercera vía: ni massistas ni kirchneristas. Urtubey fracturó el bloque kirchnerista del FpV en Diputados, retiró a sus legisladores de esa bancada y conformó el Bloque Justicialista, encabezado por dos bonaerenses: Diego Bossio y Oscar Romero.

Además de los gobernadores y los intendentes en diáspora, la otra viga estructural del peronismo son los sindicatos. Con poder de movilización pero con marginal representatividad en las urnas de cara a 2017, la CGT se encuentra anestesiada y, al igual que el peronismo bonaerense, atomizada. El triunvirato de conducción está cerca de Massa a través de Héctor Daer, diputado del FR, y Carlos Acuña, también legislador massista. Se destaca por afuera el moyanista Juan Carlos Schmid. El jefe del sindicato de camioneros fue clave para desactivar el amague de paro nacional y amansar las protestas. La cuota de docilidad faltante la aportó Luis Barrionuevo: “A este gobierno hay que darle por lo menos dos años”. Una sintomática fijación con los períodos de dos años.

Más allá del diagnóstico, en el peronismo existe un solo dato tangible: “Acá pueden surgir muchos armados y podemos putearnos todas las veces que haga falta. Pero en la interna lo único que no cambia desde que asumió Macri es que Cristina y Scioli siguen conservando un piso de entre el 25 y el 30% de intención de voto”, explica un intendente. Sobre la base de esa certeza, admitida tanto por el Esmeralda de Insaurralde como por el Fénix de Magario (La Matanza) y Leonardo Nardini (Malvinas Argentinas), ya se activó el operativo para que Randazzo tenga la interna contra Scioli, que Cristina de Kirchner le negó en 2015 cuando consagró al entonces gobernador bonaerense como candidato único con Carlos Zannini como compañero de fórmula.

La Casa Rosada sigue de cerca la interna ajena, casi con rigor peronista. El peor escenario sería el peronismo reunificado con el kirchnerismo residual de Scioli y el post kirchnerismo de Randazzo dirimiendo liderazgos en una Paso. El factor irritante de Cristina podría tener otra salida: la ex presidenta saldría de la interna bonaerense para ser candidata por Santa Cruz.

Para debilitar esa construcción, la Casa Rosada todavía tiene al Grupo Establo de intendentes peronistas del interior bonaerense. Teniendo en cuenta que Macri bajó las retenciones al campo como una de sus principales medidas de reactivación económica, este sector conserva su autonomía tanto frente al filokirchnerista Fénix como ante el Esmeralda. Y, alentados por Joaquín de la Torre, ministro de la Producción de María Eugenia Vidal, exploran su propia lista de candidatos para 2017.

Respecto del presupuesto bonaerense 2017, Vidal necesita los votos peronistas en la Legislatura para aprobar los gastos por 522.000 millones de pesos y el endeudamiento de 60.000 millones para cubrir el déficit, ya que no resulta suficiente para Cambiemos que potencie el acuerdo establecido con Massa porque ahora también precisa voluntades peronistas, como sucedió en diciembre pasado. Alejandro Granados (Ezeiza) y Mario Ishii (José C. Paz), los intendentes peronistas más cercanos al PRO, adelantaron que no asistirán a Lobos y que apoyan el proyecto de Presupuesto 2017 que envió la gobernadora.

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