Policiales

Cuatro crímenes en 10 días

Réquiem para Carancho, veterano transero de Tablada

Buscó nuevos aires pero el pasado lo alcanzó en su nueva casa villagalvense, donde ya habían matado a su yernos


Juana Rams

Un histórico distribuidor de drogas de barrio Tablada fue acribillado a balazos diez días atrás cuando dos desconocidos en moto abrieron fuego al verlo parado en la puerta de su nueva casa de Cervantes al 300, en Villa Gobernador Gálvez.

Juan Carlos “Carancho” Flores Caminos, de 56 años, vivió la mayor parte de su vida en Alem al 4000 y se había mudado a la vecina localidad hace un año y medio para evitar ser blanco de las balas en la disputa por el liderazgo del territorio entre las facciones de los clanes Ungaro-Funes (barrio Grandoli y un sector de Tablada) contra los Caminos-Segovia (Municipal y la otra parte de Tablada). Carancho tuvo un claro mensaje de que lo buscaban en diciembre pasado, cuando un grupo de motociclistas mató a tiros a su yerno Alberto Menéndez en el mismo lugar donde lo encontró la muerte este abril.

El jueves de la semana pasada acribillaron a balazos a José Eduardo “Pepón” Pérez en la esquina de Patricias Argentinas y Garibaldi. Los conocidos en el tema deslizaron que se equivocaron de blanco: parece que los tiros tenían que ser para un familiar de una veterana transera conocida como Gringa, quien responde a las filas de los Funes. El ataque contra Pepón no tardó en relacionarse como un eco del crimen de Carancho, consumado 48 horas antes.

Carancho tuvo cintura para mantenerse por más de dos décadas en la venta de estupefacientes, siempre en el mismo lugar de Alem y Presidente Quintana. En el 98, la Justicia federal lo condenó a 5 años por infracción a ley de drogas 23.737. La misma pena le cayó en 2001. En 2003, aprovechó una transitoria para mantenerse prófugo hasta 2006, cuando allanaron su casa de Alem al 4000: la Policía provincial tenía el dato de que Carancho también alquilaba armas de fuego.

Los pesquisas hicieron un operativo pero se encontraron con un pariente que estaba prófugo por un homicidio. Javier “Mudo” Reynoso, de 19 años y sobrino de Carancho, estaba escondido porque lo habían señalado como autores del crimen de Gabriel Lorio, de 20 años, y de las graves heridas con las que quedó Alejandro “Mosquito” Lares. La balacera fue a finales de marzo del 2000, en Beruti y Presidente Quintana. El móvil del ataque, donde se contabilizaron por lo menos un centenar orificios calibre 9 y 32 milímetros, se enmarcó en una interna entre dos facciones de la barra de Central. Una tenía su sede en Grandoli al 3800 y la otra se reunía en bulevar Seguí y Circunvalación.  Este tema nunca quedó claro, ni siquiera en el juicio a Mudo, que recibió 12 de prisión.

Al Mudo lo ejecutaron de un tiro en la cabeza en marzo de 2014, en Necochea y Presidente Quintana, a dos cuadras de la casa donde se había escondido años antes. Por ese crimen las vinculaciones con el narcotráfico de la pesada de Rosario Central volvieron a estar en las crónicas policiales.

En el pasillo donde está la casa de Alem al 4000 hubo numerosas balaceras; en noviembre de 2012 frente a un búnker allí instalado se produjo otro homicidio. Fue cuando Carlos Rodríguez, de 21 años, preguntó por Vanesa C., apodada Colorada y familiar de Carancho. La Colorada era la vendedora. Rodríguez intentó hacer la compra pero como respuesta recibió un disparo fatal en el tórax. Los rumores de aquella época eran que el muchacho intentó pagar la droga con un billete de 100 pesos falsos.  “Lo sacaron de adentro del búnker, lo arrastraron de las piernas hasta el volquete que está enfrente y lo dejaron tirado ahí. Afuera se había quedado la chica con un bebé que lo acompañaba, pero rajó porque también la iban a matar”, reconstruyó un vecino.

 

Ataques a Carancho

Desde marzo de 2016, los enfrentamientos entre Grandoli y Municipal se mudaron a Tablada tras el asesinato de Mariela Miranda, madre de dos de los cuatro hermanos Funes, lo que produjo desde entonces medio centenar de asesinatos. Para algunos pesquisas, Carancho respondía a las filas de los Caminos-Segovia. Pero desde hacía de un año y medio que había intentado salir de este negocio mudándose a Villa Gobernador Gálvez, donde puso un local familiar de venta de autos usados. Sin embargo, creen que Carancho siguió con el narcomenudeo, ahora en modalidad delivery, y a la vez cometió el error de pasarse de bando. Por eso el rumor más fuerte tras su ejecución apunta a que los autores fueron los Caminos-Segovia. Otros detectives no creen esta versión y apuntan a que los homicidas respondían al otro bando.

 

Seguidilla fatal

Las réplicas tras el crimen de Carancho siguieron esta semana. El martes, Bruno C., de 24 años y sobrino de Carancho, quedó internado grave tras recibir cinco tiros frente al histórico búnker de Alem al 4000. Tras el ataque cayeron dos jóvenes en Lamadrid al 400 bis.  Al día siguiente y a tres cuadras de la boca de expendio, fue baleado Emanuel N., de 24 años, en Necochea y Doctor Riva. El miércoles, un pibe de 17 años señalado como integrante del bando de Grandoli, fue baleado en Esmeralda y Garay, junto con un hombre de 39 años. En la madrugada del viernes se conoció el tercer crimen: Carlos Fabián Armanino, de 26 años, fue ejecutado cerca de en Chacabuco y Presidente Quintana. El muchacho pertenecía a un histórico clan de barrio Tablada. Al mediodía, se conoció otro homicidio cuando los uniformados hallaron en Ibarlucea el cuerpo acribillado de Alan “Garrafa” Pedraza, de 20 años y con domicilio en Grandoli. Este sábado, los disparos volvieron a resonar y dejaron tres víctimas en Biedma y Colón.

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