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Reconstruir a un papá y un abuelo desaparecido

Nora Pastorini declaró en la última audiencia en la causa Klotzman que se retomaron este martes. En esta nota hablan ella y su hija sobre cómo reconstruyeron la figura de Alejandro Pastorini, militante del Socialismo Revolucionario desaparecido por la última dictadura.


El miércoles 3 de marzo Nora Pastorini declaró por primera vez en 45 años ante un tribunal sobre el secuestro de su papá Alejandro. Él era médico psiquiatra, militante del Socialismo Revolucionario y fue secuestrado el 7 de agosto de 1976 en pleno centro rosarino, en su casa Presidente Roca al 100. Nora tenía 8 años y desde entonces intenta reconstruir quién fue su papá a través de sus propios recuerdos y el de sus compañeros y amigos. De eso se trató su declaración en la causa Klotzman cuyas audiencias se retomaron este martes 23 de marzo en Tribunales Federales.

El juicio investiga por primera vez los crímenes cometidos en la Quinta de Fisherton (San José de Calazans al 9100), a miembros de la Policía Federal de Rosario y un caso de apropiación y robo de identidad: se trata de la nieta recuperada número 103. Está a cargo del Tribunal Oral Federal N° 2 de Rosario, integrado por Emilce Rojas, Eugenio Martínez y Osvaldo Facciano.

Nora tuvo que declarar en condiciones que nunca se había imaginado: en su casa, ante una computadora con cámara en medio de una pandemia. Podía hacerlo de forma presencial si lo hubiera solicitado, pero saber que afuera no la estarían esperando sus compañeros y compañeras de militancia, sus afectos, hizo que eligiera un espacio más íntimo para declarar.

Ese día fue importante por más de un motivo. No solo fue la primera vez que pudo decir en un tribunal quién fue su papá, qué significó para ella y exigir justicia por su desaparición sino que ese mismo día, a la noche, falleció el militante y periodista Juane Basso. También su compañero de militancia. El impacto de la noticia y las emociones vividas por declarar se mezclaron y Nora contó a El Ciudadano que todavía no pudo procesar del todo ese momento. Extraña a su amigo, el mismo que la acompañó en los días previos y ese día después de la declaración, la última vez que lo vio.

Nora conocía a Juane por HIJOS, agrupación a la que se sumó después de una marcha por el aniversario del golpe en marzo de 1996. Ella ya venía de experiencias militantes en el ámbito estudiantil -hoy es médica, como su papá-.

“En mi acercamiento a HIJOS advierto una cosa: no es por ser hija de mi papá que fue desaparecido en la dictadura. No es por eso que me sentí convocada sino porque compartí y comparto los criterios que tenemos. Para nosotros hay algo fundamental y es que todos somos hijos e hijas de una misma historia. Desde ese lugar me sentí convocada a militar. Es un espacio inclusivo y abierto, de construcción y creatividad. También es un lugar de resistencia. Siento orgullo por mis compañeras y compañeros. Estar ahí me suma un montón de valores que tienen que ver con la solidaridad, con el compartir y construir”, desarrolló.

La decisión de declarar en su casa y más tarde estar acompañada por sus familiares y compañeros tuvo que ver con una idea que tienen desde HIJOS: “La declaración es el lugar de la justicia pero a su vez para nosotros, el lugar de la justicia no está solo en Tribunales Federales sino en cada uno de nuestros actos y declaraciones, la lucha por la justicia también está en la calle y la militancia”.

Alejandro Ramón Pastorini nació en Venado Tuerto en 1942. A pesar de ser psiquiatra su práctica se desentendió de muchos de sus preceptos, se interiorizó en el psicoanálisis y militó en la Federación Juvenil Comunista y luego, en el Socialismo Revolucionario. Además de Nora tuvo otra hija que hoy vive en Canadá.

Nora planteó: “El tema de mi declaración tuvo que ver fundamentalmente con reconstruir la dimensión de lo humano en un papá del que yo tengo recuerdos de mi infancia”. Para esta titánica tarea tuvo una ayuda diaria y atenta: la escucha de su hija Lua Conechny.

Lua siempre asistió con su mamá a las marchas del 24 de marzo, antes de la pandemia. Hoy tiene 18 años y desde hace un tiempo en las movilizaciones se divide entre amigas, amigos y su familia. Tiene un vago recuerdo de esperar fuera de los Tribunales, con muchas personas, de ver muchos carteles y globos amarillos con inscripciones. Más tarde se enteraría que era la primera sentencia de lesa humanidad de Rosario, en abril de 2010.

“Yo era muy chiquita, tenía 8 años. Me acuerdo mucho que en cada momento que nombraban  un dictador o genocida y su sentencia, mi mamá y todos los compañeros de HIJOS gritaban, lloraban, saltaban. Era muy emocionante”, contó a El Ciudadano.

“Esta declaración la viví escuchando a mi mamá todas las noches anteriores , cuando intentaba contarme lo que iba a decir. A veces no le salían bien las palabras o se confundía porque debe ser difícil contárselo a su hija. Lo viví tratando de abrazar a mi mamá, de acompañarla. Ella también me propuso hacer una bandera, ella estaba muy pendiente de la declaración, así que yo hice una bandera que dice que les desaparecides nos faltan a todes”, sintetizó.

Nora contó que Lua la acompañó “como hija, como nieta y desde su propio lugar de construcción y militancia que fue eligiendo”. Recordó que desde muy chiquita le explicó de qué se trató el golpe, qué le pasó a su abuelo e intentó transmitirle sus propios recuerdos. “Ella miraba, escuchaba en silencio y se quedaba pensando”.

“Los recuerdos que me cuenta mi mamá tienen que ver más con ir a tomar helados o ir al cine, que son las cosas que uno hace de chico. Sé que le sonreía mucho, que buscaba canciones infantiles para tocarlas en el violín. De más grande me empezaron a contar sobre su militancia y las anécdotas que tenían. Conocí mucha gente gracias a las marchas, como mi mamá y yo llevamos un cartel con su foto, muchos se nos acercaron a decir que lo conocían. Era muy querido mi abuelo”, describió.

Reconstruir un papá y un abuelo es un eslabón más del proceso de Memoria, Verdad y Justicia. Nora y Lua lo hacen juntas y con todas las personas que caminan junto a ellas los caminos de la militancia. Lua tiene un deseo: que a su abuelo lo recuerden por su sonrisa y su militancia “para que todas y todos podamos acceder a derechos como la educación y la salud, que lo recuerden como alguien que tuvo el sueño de un país para todos”.

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