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Por un pelito

Reconocido médico cazador de virus fue presa del covid-19 y la pasó muy mal

El virólogo inglés Peter Piot, de 71 años, es una leyenda en las luchas contra el Ébola y el Sida, pero recientemente el contagio del nuevo coronavirus casi le quita la vida aunque finalmente pudo contar la traumática experiencia en un relato vívido y emotivo


“Esta es la revancha de los virus”, afirmó Peter Piot, director de la Escuela de Higiene y Medicina Tropical de Londres. “Les he hecho la vida imposible.

Ahora están intentando derrotarme”. Piot, de 71 años, es una leyenda en las luchas contra el ébola y el sida, pero recientemente el covid-19 casi le quita la vida. “Hace una semana todavía tenía dificultades para respirar luego de 10 minutos”.

En retrospectiva, mientras recordaba con pesar que fue abatido por un virus luego de pasar toda su vida como cazador de virus, Piot dijo que había juzgado mal a su presa y se había convertido en la víctima.

“Lo subestimé, subestimé lo rápido que se propagaría, al principio nada indicaba la velocidad que alcanzaría el covid-19”, afirmó. “Mi error fue pensar que era como el SRAG (Síndrome agudo respiratorio severo), que tiene un alcance bastante limitado. O que era como la influenza. Pero no es ninguno de los dos”, contó

Combatiendo al Ébola y al Sida

En 1976, siendo un estudiante de posgrado en virología en el Instituto de Medicina Tropical en Amberes, Bélgica, Piot formó parte de un equipo internacional que investigaba una misteriosa fiebre hemorrágica viral en lo que ahora es la República Democrática del Congo.

Para evitar la estigmatización de ese pueblo, los miembros del equipo lo llamaron el “virus del Ébola”, por un río homónimo cercano. Años después, en la década de los 80, fue uno de los científicos que probó que la enfermedad degenerativa conocida como “slim”, en África, era causada por el mismo virus que estaba matando a homosexuales en otras partes del mundo.

De 1991 a 1994 Piot presidió la Sociedad Internacional de Sida y luego fue el primer director de Onusida, el programa de las Naciones Unidas para combatir el VIH. Esa experiencia lo puso muy alerta sobre el peligro que entrañaba el nuevo coronavirus.

A fines de enero de 2020, Piot y su esposa, la antropóloga Heidi Larson, fueron a una conferencia médica en Singapur, país que había registrado su primer caso una semana antes y que incluso no había tenido todavía mucha difusión.

En esa instancia, Piot tuvo una entrevista con la televisión local justo el día en que la Organización Mundial de la Salud declaró al virus como una emergencia de salud pública de interés internacional, lisa y llanamente una pandemia.

Dudosa preocupación

A principios de marzo Piot y su mujer, quien dirige el Proyecto de Confianza en las Vacunas en la Escuela de Higiene y Medicina Tropical de Londres, fueron a Boston. Larson dio una charla sobre los rumores que perjudican a las campañas de vacunación y Piot tuvo que responder preguntas sobre el nuevo virus.

Una de ellas fue si debería preocuparse por contagiarse covid-19, que en realidad le costó responder puesto que supo si le  preocupaba seriamente el asunto.

A  su regreso a Londres, Piot estuvo en audiencias públicas donde hubo entre 30 y 250 personas en cada una; también asistió a una fiesta de cumpleaños con otras 50 personas y estuvo en algunos restaurantes en Londres y Cambridge.

“Lo que hago habitualmente”, dijo Piot. Más allá de evitar los apretones de mano, en cada una de esas ocasiones no tomó precauciones particulares. “Realmente no sé dónde me infecté”,  dijo una vez que  ya fue diagnosticado.

Aunque existían muchos casos confirmados, el Reino Unido no decretó oficialmente la cuarentena hasta que se confirmaron 335 muertes. En contraste, desde ese momento, Piot y su mujer comenzaron a trabajar desde su casa.

De médico a paciente

Piot comenzó a tener fiebre y sintió dolor de cabeza y rogó porque no fueran síntomas del coronavirus covid-19. Cada día que pasaba se sentía más cansado, y su fiebre no bajaba de los 38 grados.

“Fue como si me chocase un autobús”, dijo después. “Tuve un agotamiento extremo, fue como si cada célula de mi cuerpo estuviera cansada. Y mi cuero cabelludo estaba muy sensible, me dolía si mi mujer me tocaba.

Eso es un síntoma neurológico”, refirió cuando pudo contarlo. En aquel momento, el principio del caos en que después se sumió el mundo, era casi imposible conseguir una prueba de diagnóstico.

Los pocos kits disponibles estaban reservados para los hospitales. Finalmente, el 26 de marzo, Piot consiguió hacerse una prueba de diagnóstico a través de un médico privado y dio positivo y su fiebre siguió incrementándose hasta picos alarmantes.

A fines de marzo, la fiebre llegó a los 40 grados y comenzó a sentirse confundido. Piot y su mujer fueron a la sala de emergencias de un hospital y aunque no tenía dificultades para respirar su saturación de oxígeno era de solo el 84 por ciento, un nivel peligrosamente bajo.

Una radiografía reveló fluidos en ambos pulmones, un patrón que indicaba una neumonía bacteriana. Sus exámenes de sangre “dieron resultados muy malos”, contó.

“Nunca me había encontrado en esa situación, inmediatamente pasé de médico a paciente”, afirmó. Le pusieron oxígeno y lo mandaron al piso de arriba en una camilla.

“Ahí fue cuando realmente me asusté”, diría luego su mujer. Larson continuó: “Cuando vi que pasaban a Peter por las puertas dobles en una camilla, tuve la misma sensación que experimentaban las familias afectadas por el ébola que conocimos en Sierra Leona.

Esas personas ocultaban no querían separarse de ellos emocionalmente, ya que sabían que podría ser la última vez que los verían”.

No es sólo una simple gripe

Piot contaría que al principio estaba tan agotado que se sentía apático. Pidió un cuarto individual, pero le informaron que estaban reservados para personas que no habían dado positivo, para su protección.

Lo pusieron en un cuarto de seis por seis, con un solo baño, junto a otros tres hombres. “En el hospital éramos todos iguales, todos comíamos salchichas con puré”.

“Estaba particularmente nervioso por la posibilidad de que me pusieran en un respirador”, dijo. “Los respiradores pueden salvar vidas, pero también pueden hacer mucho daño.

Cuando estás en uno, tus posibilidades de sobrevivir son las mismas que las del Ébola, mínimas”. “Si esto hubiera sucedido antes de los celulares, ¿podrían imaginarse la soledad?”, dijo Piot una vez recuperado.

“Es como estar en prisión. Yo sé que soy un privilegiado, que no voy a estar encerrado aquí 27 años como Mandela. Pero el mundo se reduce a las cosas esenciales.

En lo único que se piensa es en cómo está la respiración”, apuntó. Finalmente, contó Piot, su saturación de oxígeno se elevó al 92 por ciento y fue dado de alta el 8 de abril. Sin embargo, su cuerpo no había terminado de lidiar con la enfermedad. Antes de que el hospital le diera de alta, había dado negativo en la prueba del virus.

Pero ahora lo asaltaba una reacción inmune tardía y comenzó a tener problemas para respirar, no podía subir a la planta alta de su casa. Su mujer compró entonces un monitor que se coloca en la punta del dedo y mide los niveles de oxígeno en la sangre. Ella se hizo un examen y dio positivo pero su caso fue tan leve que no está segura de cuándo alcanzó el punto máximo.

A mediados de abril, el corazón de Piot empezó a acelerarse y el porcentaje de oxígeno en su sangre volvió a bajar al rango de los 80. Junto a su mujer fueron al University College Hospital, donde se realizó una radiografía del tórax. Esta vez, los estudios le dieron un diagnóstico de neumonía.

Estaba sufriendo lo que se llama “tormenta de citoquinas”: los glóbulos blancos amenazaban con bloquear las rutas que el oxígeno normalmente toma para sus glóbulos rojos. Piot pensó que volverían a hospitalizarlo pero una neumonóloga le redujo la inflamación y no fue necesario hacerlo.

Hace un par de semanas una tomografía reveló que algunas partes de sus pulmones no se habían recuperado completamente. Como buen promotor de la atención médica universal gratuita, el experto señaló: “No habría que estar contagiado de covid-19 para que te atiendan gratis”, y añadió: “la gente cree que con el covid-19, el uno por ciento muere y el resto sólo tiene gripe.

No es tan simple, pasan un montón de cosas entre ambos extremos y hoy el mundo todavía está muy complicado sin una vacuna”.

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