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Reabrir para contarla: luces y sombras en el debut de “fase 4″

Los locales abrieron con atención al público restringida de 13 a 19. El Ciudadano recogió testimonios en dos paseos comerciales de la ciudad en los que el regreso a la actividad se vivió entre la incertidumbre por la crisis económica y la aplicación de los protocolos de sanidad


Franco Trovato Fuoco

Un local de una conocida cadena de ropa exhibe un piyama a rayas en la vidriera. Es la única prenda a la vista y el único maniquí. Adentro dos vendedoras acomodan prendas mientras una clienta espera en la puerta. Sacan pilas de ropa de invierno que esperan ser vendidas desde hace más de 50 días y ponen en un sector las ofertas que quedaron del verano. En la vidriera y en todas las de la Peatonal Córdoba de Rosario un cartel blanco con letras azules y celestes repite: “Pudimos abrir porque hicimos las cosas bien. Sigamos así. Horario de atención habilitado para el comercio de 13 a 19”. El papel tiene el logo de la Municipalidad de Rosario y enumera las medidas sanitarias para la atención comercial: usar cubreboca, limpiar con alcohol al 70% periódicamente las superficies, aplicar alcohol en gel en las manos, respetar el factor ocupacional del local, garantizar la fila afuera con dos metros de separación por persona. Son las 16.30 del primer día de la fase 4 del aislamiento social, preventivo y obligatorio y el centro de Rosario no se parece a ningún día. Podría ser un domingo por la poca circulación de gente pero la sensación es la de una ciudad que despierta, se despereza y no sólo le cuesta arrancar sino que tiene que aprender a caminar de nuevo y con otras reglas.

El movimiento comercial en el primer día de la fase 4 de la cuarentena fue menor al esperado. Sin colectivos por el paro de transporte de la UTA, la circulación en lugares como avenida Pellegrini fue incluso menor a días anteriores. Lo mismo pasó con paseos comerciales como calle San Luis. En la peatonal fue distinto porque hasta este lunes la mayoría de los comercios estuvieron cerrados. Los locales dedicaron el primer día de regreso a la actividad a reacomodar vidrieras y mercaderías. También repasaron el protocolo que distribuyó la Secretaría de Salud en el que está especificado qué hacer cuando entra una persona, cada cuánto hay que desinfectar o qué distancia hay que mantener. En algunos, rociaban al cliente o clienta apenas entraba con alcohol diluido en las manos y en otros era una opción. Hubo los que fueron más allá e incorporaron los termómetros láser que parecen pistolas y miden la temperatura corporal.

 

En la peatonal había pocas personas, no más de 20 por cuadra. Se mezclaban con personal de la GUM y la Policía que caminaban lento y miraban vidrieras. El tapaboca era regla para todos y todas. En algunos comercios le sumaron la máscara de acrílico.

Marcela salió a hacer mandados con Bautista y Azul, su hijo y su hija que definieron a la cuarentena como lo más aburrido del mundo. En estos 50 días Bautista usó mucho la tablet. Viven a pocas cuadras de la Peatonal y fue la primera vez que los chicos pisaron la calle en casi dos meses. El nene estaba inquieto y acelerado, la nena tiraba del brazo de su mamá para seguir caminado. Cargaban bolsas de compras que hicieron en distintos comercios. Ella contó que la cuarentena es difícil porque había que ocuparse al mismo tiempo de trabajo, cuidados, tareas domésticas y entretenimiento. “Estamos trabajando en casa los dos, con mi marido, y es caótico. Tratando de hacer las tareas, trabajar, cocinar, limpiar, todo junto. Estamos contentos de poder salir un rato. Salimos a hacer mandados. Fuimos a la librería, la perfumería y ahora vamos a otra librería”, contó Marcela. Para ella había mucho movimiento en la calle. “Me lo esperaba porque son 50 días y los chicos necesitan salir y los grandes trabajar. Yo pude seguir trabajando. Nuestra economía no tuvo problemas porque soy independiente y trabajé desde casa. Mi marido está en relación de dependencia. Fue un caso afortunado la verdad”, agregó.

En un local de venta de accesorios de celular el movimiento fue mayor al esperado. Florencia, empleada de 33 años, contó que las ventas estuvieron bien pero mucho menores a un día normal. “Cerramos en cuarentena y trabajamos con venta online. Mi jefe me pagó el sueldo entero por suerte”, dijo, y agregó que a las tareas habituales se suman las medidas de seguridad. “Tomarte la fiebre antes de venir a trabajar, usar barbijo y guantes, pasar trapo cada dos horas, que entren cada dos personas”, enumeró de memoria.

Una tabaquería de una de las galerías de la Peatonal también abrió por primera vez. El dueño tiene otros dos locales en Pellegrini con el que sostuvo el alquiler y el sueldo de Florencia, 30 años, empleada del comercio del centro.  Ella empezó a trabajar hace 15 días en reposición de los otros dos locales. “No hicimos venta online. La galería estuvo cerrada y recién hoy abrimos a las 13.30. Pusimos este plástico de protección y actualizamos precios. Se vendió, yo pensé que iba a haber menos pero hubo gente. También desde acá vi mucha gente con bolsas, se ve que la gente salió a consumir”, contó.

Dos empleadas de una marroquinería dedicaron el primer día a ordenar y limpiar. En 50 días, el local estuvo cerrado sin ventas de ningún tipo. “La verdad es que no hay mucho movimiento, la gente tiene miedo me parece. Además acá vendemos mochilas y valijas, y hoy la gente no puede viajar. Supongo que es cuestión de esperar a que pasen los días”, contó Camila, 24 años, y agregó que los dueños sacaron un crédito para pagar sueldos.

En un negocio de ropa deportiva, Melany, de 23 años, contó que durante la cuarentena hicieron venta online pero se vendió poco. En el primer día de la fase 4 entraron unas 20 personas. En el comercio, la mitad de los sueldos las pagó el empleador y la otra mitad el Estado.

Cómo fue en Pellegrini

En avenida Pellegrini el movimiento fue similar a días anteriores, sobre todo porque no hubo circulación de colectivos. El paseo comercial es uno de los más importantes de la ciudad pero la mayoría de los locales aún están cerrados porque son bares y restaurantes. Si bien muchos hacen delivery, el poco movimiento se siente como un feriado nacional. Las sillas en las veredas fueron reemplazadas por las colas con dos metros de distancia y riguroso barbijo.

 

Antonella y Carolina son hermanas y junto a su mamá Inés tienen hace 3 años un local de ropa que se llama Irefia, en una galería de avenida Pellegrini. “Estos 50 días fueron un desastre. Teníamos Instagram pero la venta principal no estaba ahí antes y si bien se movió, fue poco”, contó Antonella. Carolina agregó: “La gente no va a pensar en ropa sino en comida. La venta fue del 1%. Las redes sociales se movían pero no se vendía. Preguntaban por liquidaciones pero no compraban. Estamos felices de volver a abrir. Lo necesitábamos. En este tiempo hicimos arreglos, pintamos, no dábamos más del encierro”.

Apenas abrieron este lunes entró la primera clienta en 50 días. “Fue una alegría pero después estuvo tranquilo. Es difícil, más en Pellegrini donde los comercios se mueven mucho a través del banco y los colegios. Al estar todo cerrado a la tarde es más un movimiento de barrio que de paseo comercial”, explicaron.

“En estos 50 días nos comimos todos los ahorros. Seguimos pagando alquiler e impuestos para no acumular deudas y que se haga una bola. Nos parece que faltan medidas que ayuden más al sector comercial. Tenemos amigas que tienen comercio y todas estábamos en la misma. Pedimos el crédito, pero no nos sirve para lo que queremos porque teníamos pedida toda la temporada nueva y no la pudimos pagar. Ahora abrimos con lo que teníamos”, contaron las hermanas.

 

Soledad tiene 34 años, es dueña de un negocio de fotografía hace 7 y está pensando en cerrarlo. Estuvo sin poder trabajar hasta la semana pasada, cuando pudo habilitar el delivery. Con un alquiler de 50 mil pesos, tener el local abierto sin ganancias le es imposible. “Si bien venía flojo por la crisis, se sostenía. Trabajábamos y subsistíamos. Estos 50 días sobrevivimos con ahorros, no tuvimos novedades de los créditos. Mi marido es monotributista y yo autónoma, no tuvimos ingresos. Pagué lo que pude de alquiler y me aguantan. Los servicios lo mismo. Si sigue así de mal, cierro. No puedo seguir pagando un alquiler sin ganancia porque es carísimo”, agregó.

“Duro, difícil, complicado. En los 30 años que tenemos este negocio nunca vivimos una crisis así”, dijo Beatriz, que gestiona la marca y el local de ropa Perfil  junto con su marido. El comercio estuvo primero en avenida Alberdi y desde hace 13 años se instaló en Pellegrini y Entre Ríos. “Nunca viví algo así. Hemos agarrado todas las crisis con mi esposo pero ésta es la peor e inesperada. Sólo vendimos muy poquito por redes pero el rosarino no está acostumbrado a comprar por ese medio. Tenemos personal, alquiler y estuvo todo parado dos meses. Estamos con muchas expectativas de qué va a pasar con la apertura, aunque hoy hubo muy poca gente”, explicó.

Beatriz contó que lograron pagar los primeros sueldos y el alquiler pero se quedaron sin recursos económicos: “Ahora estamos luchando con el banco para tener una ayuda, con los créditos del 24% de interés. El problema del comercio de ropa es que nos agarró con todas las compras de invierno hechas, que es ropa muy cara. No pudimos recuperar. Creo que debería ser más ágil todo pero también es un cimbronazo de todos los niveles. Estamos viendo cómo seguimos porque no se sabe qué va a pasar. Eso es lo más difícil, la incertidumbre”.

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