Ciudad

Brown y Francia

Quién se acuerda de la Schlau: la cervecería rosarina que en 1913 tenía la mejor tecnología del mundo

Unos 92 años vivió la marca como empresa y 65 con fábrica propia instalada en Pichincha. Cerró sus puertas en 1978. La historia la cuenta el hijo del primer maestro cervecero de Argentina


Fb: Archivo General de la Nación Argentina

El predio ubicado en Brown y Francia fue una fábrica de cerveza rosarina de la marca Schlau. La estructura mantiene hasta hoy gran parte de esa fisionomía fabril que dio trabajo, en su esplendor, a unas 400 personas. La historia de Schlau comienza en 1858 y finaliza en 1978, año de cierre de la fábrica inaugurada en 1913. Patricio Paduan, hijo del primer maestro cervecero de Argentina, recordó el trabajo de su padre y repasó la historia de la bebida de producción local que fue ícono de una época.

Foto: Franco Trovato Fuoco.
Patricio Paduan y la estructura de la chimenea que funcionó en el cervecería

 

Patricio Antonio Paduan había nacido en Avellaneda, Santa Fe. Luego de ser vicedirector de la cervecería Santa Fe, llegó a Rosario en 1961 para trabajar en la cervecería Schlau. Lo hizo hasta el cierre, en 1978. Su hijo, Patricio Ángel, comenzó en 2020 a coordinar algunas visitas guiadas a la fábrica reconvertida en un complejo gastronómico y de eventos: Forest, donde trabajan unas 300 personas. Y ante El Ciudadano, contó el derrotero de la planta con su icónica chimenea y el de su padre, que fue el primer maestro cervecero de la Argentina: antes que él, eran todos alemanes, celosos con los secretos de viejas tradiciones.

Foto: Franco Trovato Fuoco
Hoy, la ex fábrica es el complejo de eventos Forest. Se mantienen las vigas originales de la industria cervecera
Paduan y su relación con la cerveza rosarina Schlau

Patricio nació en 1916 en Avellaneda, en el norte de Santa Fe. A los 18, se fue a la capital provincial para cursar la secundaria y, después, la carrera de Ingeniería Química. Trabajaba en el Instituto Científico de la Universidad Nacional del Litoral (UNL) mientras era estudiante. Sus planes fallaron, tuvo que abandonar los estudios y volver a Avellaneda. Trabajó en Vicentín, empresa después diversificada y finalmente quebrada por sus propios dueños. Allí diseñó un horno rotativo para pelar la semilla de la espina de corona, planta con la que se hace gelatina para usos alimenticios, medicinales y cosméticos, además de ejercer como técnico químico. Poco le reconocieron de aquellos logros y renunció. Volvió a Santa Fe y allí jugando a las bochas, pasatiempo que le gustaba mucho, conoció a varias personas que frecuentaban Recreo Schneider (un lugar de esparcimiento cercano a la cervecería del mismo nombre).

Foto: Franco Trovato Fuoco
Patricio Paduan, padre es quien señala con el dedo una dirección

 

Era la década del ’40 y logró entrar a trabajar así, con conocidos del mismo rubro, en la cervecería Santa Fe. “Como mi padre era muy proactivo, a los 3 ó 4 meses de comenzar, el director, Enrique Meyer, le preguntó si estaba dispuesto a todo. Le puso la pilcha de obrero, lo hizo barrer, limpiar la botellería, realizar el rellenado y demás tareas dando la vuelta a toda la fábrica durante un año en diferentes funciones. Cuando terminó, le anunció: usted es mi segundo”, relata Patricio explicando cómo pasó a ser subdirector de la cervecería.

Meyer tenía dos hijos y uno de ellos se había ido a Alemania a especializarse en cervecería. Por lo que Paduan entendió que su regreso marcaría el fin de su carrera y decidió dar un paso al costado. Allí le surgieron dos oportunidades: o irse a Palermo o a Rosario a la cevercería Schlau, ambas pertenecientes al grupo Bemberg, de la cervecería Quilmes. Y vino a Rosario en 1961 con un cargo superior al que tenía.

Foto: Franco Trovato Fuoco
Fachada actual de la fábrica fundada en 1913

 

Estuvo 10 años como director. Y por una tradición alemana, todo el que cumplía una década en la cervecería, pasaba  ser nombrado como maestro cervecero.

Foto: Franco Trovato Fuoco
La chimenea era más alta, pero cuando se desmanteló la fábrica y con los nuevos usos del espacio tiraron abajo la parte superior

 

Hizo una gran reforma. Vivió con su familia en una casa por calle Francia hasta que la compró. En 1978 vivió el final de la fábrica, y hasta colaboró en desmantelarla. Le propusieron irse a una cevecería en Paraguay, pero razones personales le hicieron desestimar la oferta. Murió a los 65 años, aquejado por un cáncer.

Schlau, cervecería rosarina con pocos años y mucha historia

En 1858, Federico Pommerenke instaló la primera cervecería a la alemana, en la esquina de Catamarca -denominada calle de los alemanes- y Entre Ríos, bajo el nombre de Cevecería Nueva.

En 1860 la compró Gustavo Bley, quien sis años después se la transfirió a Federico Ángel. En 1870 pasa a denominarse Cervecería Alemana, cuando el empresario industrial Fernando Magdelín adquiere la firma. En 1878 la cervecería alemana logra registrar su marca y sus propias cervezas. Y ahí la adquieren Carlos Schlau y Federico Strasser.

Los socios se separan en 1893. Carlos Schlau se convierte en el solitario dueño de la vieja Cervecería Alemana. Murió 14 años después, en 1907. Quedó la la sucesión, que el grupo Bemberg compró a la viuda de Don Carlos y, como homenaje, la bautiza Cervecería Schlau S.A. La marca estaba instalada definitivamente. La Cervecería Germania también había sido adquirida e integrada a la cervecería Quilmes.

Para 1913, la empresa compra un terreno en Brown 3126, entre Francia y Vera Mujica: Schlau construye la fábrica de calle Brown, un predio gigantezco cercano a los ramales del tren y con una fisonomía muy diferente a la que luce hoy el barrio. La fábrica, sin embargo, se mantiene en su forma casi intacta.

Foto: Franco Trovato Fuoco
Silos de la fábrica donde guardaban el arrocín y la malta

 

Paduan asegura que la fábrica contaba con toda la tecnología: “La más alta tecnología a nivel industrial en el mundo”, reafirma.

“Mi papá tenía 45 años y fue director de la cervecería rosarina Schlau”, dice con orgullo Patricio.

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Luego de la estatización de las empresas del grupo bemberg, entre 1960 y 1978 la empresa pasaría a llamarse Cervecería Rosarina Schlau SA, lanzando las marcas Pilsen Especial, Bock Especial, El barril “Porter y León”. Lamentablemente para el año 1978 se produce el cierre definitivo.

En 2018 el Concejo de Rosario aprobó denominar al tramo de avenida Francia  entre Brown y Güemes como “Paseo de los trabajadores de la cervecería Schlau”,y solo se puso un cartel que lo menciona así como una casa construída para que moren en ella el gerente comercial y el gerente administrativo que tiene una placa identificada como “Inmueble de valor histórico”.

GoogleMaps
Google Maps. Casa por calle Francia a metros de la fábrica donde vivieron el gerente comercial y el gerente administrativo
Otto Schneider, su fábrica, su “recreo” y la creación del “liso”

Schneider revolucionó el mundo de la cerveza en Santa Fe. Vino desde Alemania a San Carlos. Fue el que pidió traer los trenes con agua del río Colastiné, que era muy similar al Pilsen en Alemania por su sabor dulce y sin contaminación. Fue socio y maestro cervecero de la cervecería Santa Fe y en 1931 inaugura la Cervecería Schneider cuando el grupo Bemberg, de Quilmes, realiza oferta a todos los accionistas de Santa Fe y se quedan con la firma.

Crea una planta muy diferente a las existentes, sin sótanos y sin torre: plana. Y a metros, el famoso “recreo”. En el recreo, ubicado a la par de la planta productora de cerveza y que formaba parte de los terrenos de la casa de Don Otto, se servían además comidas típicas de la Alemania lejana y los visitantes se recreaban jugando a las bochas y al fútbol también.

Foto: Franco Trovato Fuoco
La foto la conserva Patricio Paduan y muestra el vaso del liso

 

En 1936 nace el “liso”, término que inventó Otto para referirse a un vaso de forma cilíndrica, liso, transparente y alargado, ideal para servir la cerveza por tener la medida justa para consumirla fría.

La cerveza, su temperatura y su sabor

Paduan sugirió la idea de una publicidad que fue reconocida en la ciudad de Rosario. Tomar la cerveza al pie de la cuba o de la chimenea. ¿Por qué? Porque al transportar la cerveza cambia su estado y por tanto su sabor.

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Patricio recuerda haber leído que en Europa se estilaba que los trenes lleven los tanques de Heineken desde Holanda a Italia y/o a Francia y luego allí se envasaba y fraccionaba.

“Acá el sistema falló porque justamente no había sistema para llevar los barriles en frío”, sostiene el hombre que también trabajo un tiempo en la Schlau aunque asegura que entró a los 11 años de la mano de su padre por primera vez y conocía la fábrica a la perfección.

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Hay que remontarse a la compra de la fábrica en 1913 de Carlos Schlau que también poseía una fábrica de hielo ya que la cerveza comenzaba a beberse fría, a diferencia de la vieja costumbre de beberla a temperatura ambiente.

Fb: Rosario en el recuerdo. Barras de hielo producidas por la Cervecería Schlau de avenida Francia y Brown, estibadas en uno de sus depósitos en 1926.

 

La Schlau, el hielo y Olmedo

Patricio cuenta una curiosa y graciosa anécdota con respecto a Alberto Olmedo cuando era pequeño. Junto a un “socio”, otro niño que llevaba un carrito con ruedas. “En la fábrica una vez les regalaron un bloque de hielo, los fraccionaron y vendían las bolsitas de hielo a los vecinos de Pichincha”, sonríe con el recuerdo.

Un rubro con pocas mujeres trabajando: antes y ahora

En la fábrica no había mujeres, todos hombres. “La única mujer que conocí fue a Paquita, que trabajaba en la cervecería Santa Fe y era la telefonista”, cuenta Patricio. Paquita se casa con Pedro que era administrativo y lo traspasan a Rosario como gerente administrativo, en la ciudad Paquita dejó de trabajar para la firma.

En la actualidad en toda la planta de Quilmes hay dos o tres mujeres trabajando como técnicas cerveceras, según cree Paduan. “Y eso que a nivel histórico la cerveza como tal era cosa de mujeres. Hildegarda de Bingen introdujo el lúpulo en la elaboración, lo que permitió que la cerveza no se estropeara con tanta facilidad”, explica Paduan hijo.

Cerca del año 1000, la sabia monja Santa Hildegarda de Bingen, dentro de sus experimentos con hierbas sanadoras, le agregó lúpulo a la cerveza con el fin de preservarla, brindándole además su clásico amargor y sabor.

De todos modos las mujeres han avanzado para recuperar su rol en el sector. Existen varias cervecerías lideradas por  mujeres y existe un movimiento internacional de mujeres cerveceras. Las hay maestras cerveceras, beer sommeliers, productoras, ejecutivas y consumidoras, todas en una industria cuya variedad y diversificación deja espacio a todas las personas.

El cierre de la fábrica rosarina, aunque se marca sigue en vigencia

En 1978 la Schlau cerró sus puertas.  El  momento de mayor venta de la fábrica, al vender Bemberg  las acciones, el grupo Quilmes decide directamente cerrarla para concentrar su fabricación en la planta de Zárate, bajo su propia marca.  Dejaron a Rosario sin su enorme cervecería, pero Quilmes mantiene registrada la marca, concluye Padúan quien recuerda que hace unos 10 años atrás en un supermercado cercano a su barrio (pichincha) se encontró con cervezas Schlau. “Era una edición limitada, recuerdo que la vi y decidí volver más tarde a comprarla y ya no había más. Todos los vecinos se ve que se pusieron contentos con la Schlau en casa y quisieron también adquirirla”, enfatiza y aclara que no supo sí estuvo presente en otro negocio, pero que él al menos la vio solo en ese supermercado.

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