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Newell's

¿Quién manda en el Parque? La grieta es cada vez más grande


El actual presidente, Eduardo Bermúdez, finalmente no fue denunciado por el juez Bellizia.

Newell’s atraviesa días convulsionados. A la crisis económica se le sumó en los últimos días una interna dentro de la comisión directiva que amenazó con llevarse puesto a alguien. Declaraciones cruzadas, pedidos de licencia, amenazas de renuncias, la grieta se expuso públicamente y si bien al final hubo paz, varios directivos siguen mirándose de reojo.

Frente a esta situación la pregunta inevitable es: ¿quién manda en el Parque? Y en las respuestas queda claro que no hay nadie que tenga el poder absoluto, aunque la realidad indica que hay directivos con más chapa que otros.

Eduardo Bermúdez: desde un primer momento se hizo fuerte en la gestión de fútbol. Se instaló en Bella Vista y los buenos resultados iniciales le dieron fortaleza. Pero su estilo le jugó en contra. Fue esclavo de sus palabras en la relación con los ídolos referentes que se terminaron yendo y lo dejaron como culpable. Sus exabruptos lo hicieron pelear con Diego Osella, con Sergio Marchi y en el último tiempo con algunos de sus pares. Está contenido por el juez Fabián Bellizia y eso le sacó maniobrabilidad en su fuerte, el mercado de pases. Sigue siendo el presidente elegido por los socios y se aferra a ese poder. Pero está peleado con gran parte de la dirigencia que lo mira con desconfianza e incluso pidió públicamente que se tome licencia. Su fuerte es el manejo del fútbol, pero ahora estará más acotado.

Juan Matías: como vicepresidente su participación fue escasa. Siempre tuvo un rol secundario que intentó cambiar en las últimas semanas en el enfrentamiento con Bermúdez, pero a pesar del apoyo de sus pares no consiguió consolidarse como un directivo poderoso. Un punto a su favor es su amistad con Chiqui Tapia, aunque por ahora no la pudo usar como carta para ganar terreno interno.

Cristian D’Amico: tras un duro incidente que puso en riesgo su vida y la de su familia, se recompuso y se hizo más fuerte dentro del club. Hoy es el directivo que muestra hacia adentro y afuera mayor firmeza. Su regreso fue clave para evitar una crisis dirigencial, lo que dejó en claro su rol de líder dentro de la comisión directiva. Involucrado en el día a día institucional y económico, también comenzó a participar en las negociaciones por refuerzos y ventas de jugadores. Tiene el apoyo del Movimiento Rojinegro Querido, brazo político de esta dirigencia. No tiene problema en ir al choque, pero se maneja bien políticamente. Tal vez su flanco débil es no tener tanta presencia en AFA y Superliga.

José Menchón: si bien la secretaría es un lugar de fortaleza en los clubes, Menchón no muestra tener ese poder. Debió reemplazar en el cargo al Tiky Martínez, pero nunca pudo asumir su rol. Su mayor trascendencia pasa a la hora de declarar, aunque no siempre sus dichos lo dejan bien parado.

Alberto Sauro: el tesorero nunca mostró ansias de poder dentro de la comisión directiva. Perfil bajo, cero conflicto. Hoy está maniatado por el control judicial.

Carlos Cantarelli: se involucró mucho más que Sauro en el tema fútbol, un claro ejemplo fue la negociación con Maxi Rodríguez. Tiene un perfil más alto y hoy está cerca de inferiores, lo que le podría dar un lugar en el nuevo modelo de manejo de fútbol.

Juanjo Concina: el hombre de confianza de Bermúdez. Un empresario que llegó de la mano de Tiky para colaborar y creció mucho internamente. Es el hombre de Newell’s en Superliga, lo que no es un dato menor. Involucrado en negociaciones por refuerzos, también se expuso en la pelea con Agremiados y fue la cara visible del club. Distanciado con varios directivos por su cercanía al presidente. Se mantendría en el esquema fútbol.

Fabián Bellizia: el juez hoy tiene mayor peso político que gran parte de la dirigencia. Tomó demasiada ingerencia a partir de desprolijidades en el manejo dirigencial. Pasó de controlar los pases y retener dinero para pago a acreedores, a intervenir la tesorería. Rechazar la llegada de Danilo Ortiz fue un mensaje claro a la dirigencia que no iba a aceptar nada que no estuviera autorizado por él de antemano. Tiene al club atado a sus decisiones en lo económico y afecta a lo deportivo. Y es una amenaza latente de intervención.