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de haití a los pagos rosarinos

“Queremos dejar una huella de la cultura haitiana en Rosario”

Max llegó para estudiar medicina. Junto con otros coterráneos creó una fundación para difundir los valores de su país.


A los 20 años Max recorrió más de seis mil kilómetros para cumplir el sueño de estudiar medicina. Nacido en Haití, llegó a Chaco a fines de diciembre de 2008 y a poco más de un año se instaló en Rosario. Hoy vive con tres de sus seis hermanos, que también viajaron a estudiar. Sólo conocía a la Argentina por el fútbol, pero antes de arribar se interesó por la cultura del país y creyó estar preparado. Cuenta que al principio fue difícil adaptarse a las nuevas costumbres de un país del que ni siquiera conocía el idioma, pero agrega que los vecinos y los compañeros de estudio lo ayudaron a integrarse. Max no habla de Haití, sino de “mi país”, como una suerte de nostalgia a la tierra propia de la que dijo extrañar hasta el aire. Junto con un grupo de haitianos formó una asociación civil para visibilizar y difundir los valores de su cultura, con la que este año participarán por primera vez de la tradicional Fiesta de las Colectividades. Mientras cursa los últimos años de la carrera, Max piensa en el regreso, pero igual no descarta quedarse en Rosario. “Si puedo ser útil tengo que devolver lo aprendido acá, si no tengo que ir a ayudar a mi gente que tiene muchas necesidades”, señaló. Sin embargo, Max no quiere que Haití trascienda por la pobreza, sino que se valore su riqueza cultural. “No estoy de acuerdo cuando reducen a un país a la mención de pobreza o mendicidad. Somos más que eso. Tenemos valores y muchas cosas para explotar”, explica.

Su llegada a Rosario

Max llegó a Argentina hace nueve años desde el noroeste de Haití, cerca de la isla de la Tortuga. “La de Piratas del Caribe”, amplía. Siguiendo los pasos de otros amigos, Max llegó con la intención de estudiar medicina a partir de un convenio con una fundación haitiana de la provincia de Chaco. De Argentina sólo conocía el fútbol: Messi y Maradona, además del Che Guevara. Gracias a los compañeros con los que vivía, también de Haití, y a los vecinos, Max se fue integrando y aprendiendo el idioma.

“Me costó mucho el primer mes. Estaba un poco resistente a la transición. Te ves de golpe en un país extranjero y estás pensando en el tuyo”, recordó.

Una de las primeras diferencias que notó al llegar fue el estilo de vida. “En mi país los vecinos son familia. Cada barrio se integra para formar una familia única. Acá vivía en un edificio donde nadie se visitaba y eso me parecía un poco extraño”, señaló.

Haitianos por el mundo

Según contó, viajar para estudiar es una costumbre que adoptan muchos haitianos, cuyos destinos más frecuentes son Venezuela, Canadá o República Dominicana. El joven, en cambio, eligió Argentina por estar en el ranking de las mejores universidades de latinoamérica.

“Venimos sin convenio, si tenés la plata para mantenerte. En mi país el nivel educativo es bueno pero faltan recursos y estructuras para mejorar. Por ejemplo, en la carrera de medicina no hay laboratorios. El ingreso es restringido y por año entran 500 estudiantes de 3 mil o 5 mil que se anotan”, explicó.

A principios de 2010 el joven haitiano se mudó a Rosario para continuar los estudios. Poco después llegaron tres de sus seis hermanos, que viajaron para estudiar odontología, ingeniería y economía.

“Para ellos fue más fácil porque yo los guíe un poco. Fui uno de los primeros haitianos en llegar, pero la comunidad se agrandó mucho”, aseguró.

El muchacho resaltó la solidaridad de los compañeros de estudio, quienes lo ayudaron con el lenguaje específico de la carrera.

“Fue difícil en la facultad hablar con los términos exactos, pero siempre tuve buenos compañeros. Me decían «Negro, quedate tranqui que nosotros te explicamos»“, recuerda con una sonrisa. Entre las cosas que más le llamaron la atención de la vida en Argentina Max mencionó las comidas “a la canasta”.

“Todos suman algo para que el encuentro se haga. Es algo que no había visto antes”, agregó. Pese a que aseguró que extraña “hasta el aire”   de su país, Max contó que ya incorporó cosas del idioma argentino, como las expresiones en castellano. “Nos damos cuenta con mis amigos de Haití de que mientras hablamos entre nosotros en kreyòl (idioma oficial) usamos una palabra en español en el medio. La palabra pesado ya la incorporamos y la usamos seguido”, ejemplificó.

A punto de finalizar la carrera, el joven haitiano piensa en regresar a su país. “Si acá puedo ser útil tengo que devolver lo aprendido, si no tengo que ir a ayudar a mi gente que tiene mucha necesidad”, concluyó.

Cultura

Max, de Haití a Rosario.

Como parte de una comunidad que creció con los años, Max junto con otros compañeros formó una asociación civil para promover la cultura natal y visibilizar “el ser haitiano”. “Queremos dejar una huella de la cultura haitiana en Rosario y por donde pasamos. No tenemos historia en Argentina, pero queremos que conozcan que hay haitianos que hicieron grandes cosas”, sostuvo el joven. Y mencionó los lugares turísticos, la gastronomía y las artesanías como parte de las riquezas de su región.

Si bien Max habla de las necesidades de Haití, no quiere que el país sea conocido sólo por la pobreza. Por eso insiste en difundir los valores de una comunidad que logró trasladarse a toda latinoamérica. “Tenemos valores y el país tiene muchas cosas que puede explotar. Me duele que se hable sólo de la pobreza. Es cierto que existe pero también es un negocio de muchas organizaciones que recaudan fondos y después no hacen nada. La Cruz Roja estadounidense recaudó 500 millones de dólares y construyó apenas seis casas precarias”, detalló.

Con la idea de encontrarse

La Asociación Civil Haitiana nació hace dos años con el objetivo de difundir la cultura de una comunidad que creció en la ciudad en los últimos años.

El proyecto es autogestionado y surgió a partir de la iniciativa de cuatro haitianos que residen en Rosario mientras cursan sus estudios universitarios.

En la actualidad, la fundación cuenta con la participación de 30 socios y funciona en un salón de la Fundación Fraternitas, ubicada en Moreno 1050, mientras esperan conseguir un espacio propio.

“Desde la asociación organizamos celebraciones por las festividades de nuestro país. Este año además vamos a proyectar una película que filmó un haitiano. También organizamos recitales, partidos de fútbol y noches universitarias. Cuando tengamos una casa propia vamos a exhibir las artesanías de nuestra región”, explicó Max, y destacó la reciente incorporación de la comunidad en la tradicional Fiesta de las Colectividades que se realiza todos los años en Rosario en el Parque Nacional a la Bandera.

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