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Comunidad Educativa por una nueva escuela

Pueblo Esther: una escuela con maestros y alumnos pero sin aulas

Convertida en ciudad en 2018, la localidad al sur de Rosario se encuentra en emergencia educativa ya que solo cuenta con un solo jardín de infantes y una escuela primaria para albergar a la creciente cantidad de chicxs que ingresan. Docentes, padres y la comunidad reclaman una solución urgente


Juan Pablo Sarkissian

En 2018 y luego de ser aprobada por la legislatura provincial se designa a la localidad de Pueblo Esther como una nueva ciudad de la provincia de Santa Fe. Ubicada a solo 18 kilómetros al sur de Rosario, su crecimiento sostenido se materializa en 12 mil habitantes estables que transitan su geografía de no más 20 kilómetros cuadrados

En agosto de 2019 se realizaron las elecciones de intendente para lo cual fue elegido Martín Gherardi, el mismo que se desempeñaba como Presidente Comunal.

Como sea, el salto de calidad, de comuna a ciudad, implica crecimiento y una suerte de desarrollo, pero estas variables no siempre tienen un devenir parejo, o coherente, si se prefiere.

Sucede que, la ahora ciudad de Pueblo Esther cuenta con un solo jardín de infantes y una sola escuela primaria pública para contener a las pibas y pibes de la ciudad. Esta situación crítica no es nueva y fue expuesta como preocupante por un conjunto de padres y docentes desde hace varios años ante el Ministerio de Educación de Santa Fe.

Las maestras y maestros, la cooperadora escolar, las familias de los pibes y pibas y el gremio docente se organizaron para articular el reclamo.

La historia reciente se remonta a la creación del Jardín Nº 326. Es que el establecimiento fue inaugurado sin contar con edificio propio y sin la creación de cargos correspondientes. En ese marco, la escuela primaria José Hernández Nº 149 le “prestó” tres aulas para su funcionamiento.

Sin embargo, en 2017, durante el gobierno de Mauricio Macri, se compró un terrero para la construcción del jardín de infantes, el cual debía ser terminado a fines de ese mismo año. La obra alcanzo algo más del 30 por ciento y se detuvo su construcción por la ausencia de transferencias de recursos del Estado nacional.

En este contexto, en 2019 el Consejo Deliberante declaró la emergencia educativa y de algún modo se sumó al reclamo de la comunidad educativa.

Ese mismo año hubo una nueva licitación para retomar la obra del jardín y además se prometió la construcción de una nueva escuela primaria en el mismo terreno. Pero, al menos por ahora, nada se concretó y lo que existe es sólo promesa.

Abrazo a la escuela

2020 fue más crítico aún, ya que en el inicio del ciclo lectivo los chicos de primer grado no pudieron comenzar las clases porque no había aulas. La comunidad educativa en su conjunto realizó en marzo un “abrazo solidario” a la escuela a modo de protesta explicita y elevó su reclamo al Ministerio de Educación provincial. Y la curiosa respuesta de la cartera educativa fue el envío de dos aulas-containers, las cuales, insólitamente, estaban vacías, es decir, sin bancos, sin mesa, ni pizarrones.

Los reclamos continuaron y al menos lograron conseguir el mobiliario para el funcionamiento de las dos aulas-containers.

“La ciudad tiene una institución por nivel educativo, es decir un nivel inicial, un nivel primario y un nivel secundario. Las instituciones han quedado pequeñas para el tamaño de la población, Hace años que Pueblo Esther ha dejado de ser un pueblo. Las necesidades de la comunidad no pueden solventarse con tan pocas instituciones.

En la escuela primaria en la que yo trabajo tenemos grupos de 30 niños y varias divisiones por grados, este año ingresaron seis primeros grados, a modo de muestreo del crecimiento de la población”, explica Evelin García, docente de primer grado.

Y agrega: “Conformamos una comisión que representa a la comunidad educativa por una nueva escuela y hemos presentado nuestro reclamo ante el ministerio. Si bien logramos la generación de nuevos cargos docentes, cosa que celebramos, todavía no hay donde ubicar a los docentes, no hay espacio físicos para generar nuevos grados”.

Dificultades adentro y afuera de la escuela

La cruda realidad es que en los últimos años se generaron aulas en espacios que estaban destinados a otras actividades (biblioteca, sala de maestros) y algunas otras con ayuda de la cooperadora.

“Las aulas-containers son espantosas. La situación no da para más. Ahora todo esto hay que imaginarlo en un contexto de pandemia. Cualquier intervención se complejiza, es difícil organizar un recreo respetando el protocolo; en el turno tarde tenemos cuatro primeros grados, tres segundos, tres terceros, ahí ya hay diez burbujas, solo hasta tercer grado. Además, están cuarto quinto, sexto y séptimo”, remarca García.

“Esto es al interior de la escuela, al exterior hay otros problemas; la escuela a muchos les queda lejísimo, las escuelas están ubicadas al ingreso de la ciudad, para los que viven en los extremos es una distancia importante; la comuna ofrece un colectivo que va a buscar a los que viven a la orilla del río pero los espera en la última calle asfaltada y las viviendas están sobre calles de tierra, en un día de lluvia es casi imposible salir”, dice la docente dando cuenta de una realidad más amplia que la del aspecto educativo.

“La gente que vive en la barranca, la gente que vive en las quintas, también son alumnos nuestros, vienen a nuestra escuela. Hay veces que la desolación abruma”, subraya.

De acuerdo a un cálculo demográfico muy básico, cuando se termine de construir, la tan necesaria escuela ya estaría saturada. Y claro habría que construir otra.

La situación es difícil y tergiversa aquella añorada consigna de que “los únicos privilegiados son los niños”.

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