Ciudad

Pañuelos verdes al diván

Psicoanálisis y feminismos, un vínculo en construcción

Con el caso Fardín afloraron viejos abusos en las consultas. Analía Tannuri y Ángel Fernández son psicoanalistas y relatan cómo aparecen en análisis los debates públicos sobre género


El movimiento de mujeres, la lucha del feminismo, los debates públicos comenzaron a transformar a la sociedad en el último año. Pero ¿Cómo llegan los debates que se dan públicamente al diván? ¿Se puede pensar una alianza entre el psicoanálisis y los feminismos? Analía Tannuri y Ángel Fernández son analistas y compartieron con El Ciudadano su visión sobre este vínculo.

“El psicoanálisis fue pionero en defender los derechos de la mujer y la femineidad ocupa un lugar central”. Así inicia Fernández la charla de café. Señala que hay muchos malentendidos en la cultura sobre qué dice el psicoanálisis y que una parte del feminismo toma esos enunciados que acusan a la teoría psicoanalítica de binaria, misógina, patriarcal. Le parece importante primero aclarar esos malentendidos.

“Si bien Freud no tiene un discurso feminista, hay una resonancia entre los problemas que él y el feminismo plantean”. Y sostiene que para el psicoanálisis no hay ninguna esencia hombre ni esencia mujer y que la sexuación de cada uno tiene que ver con identificaciones y no con la biología. “El psicoanálisis ve reactualizado en el feminismo todos sus temas teóricos. El feminismo puede encontrar en él un aliado teórico indispensable, no un enemigo. Puede conquistarlo para pensar lo humano, la sexualidad, su organización política”.

Por su parte, Tannuri está inmersa hace varios años en los estudios de género en el psicoanálisis, desde donde se cuestiona su corpus teórico; es una tradición académica que se da en Argentina desde los años 70. Además, participó de espacios de acompañamiento a mujeres víctimas de violencia machista en la organización política Mala Junta. El primer Ni Una Menos en junio de 2015, el Encuentro Nacional de Mujeres en Rosario y el primer paro en octubre de 2016, hicieron que los casos se multiplicaran.

Para ella “lo que genera este salir del closet o hacer político lo personal es ver a las mujeres inundando las calles”, aunque sean unas con las que no sientan identificación. Piensa que las consignas del feminismo tienen que ver con una subjetividad de época y que es muy difícil que lo que pasa en las calles “no cale en los existenciarios propios de cada mujer, porque son parecidos a pesar de las singularidades”.

Después de la denuncia pública de Thelma Fardin, su consultorio se llenó de pacientes que contaron situaciones de abuso. Si bien Tannuri ya tenía la hipótesis de que lo habían sufrido en su infancia, recién ahora, después de años, pudieron decirlo. “Es difícil encontrar las palabras para poder situar algo que ocurrió, que es traumático y rompió ligazones. Es difícil nombrarlo como tal, recordar cuándo y durante cuánto tiempo sucedió”. Para Tannuri es importante que los dispositivos psicoanalíticos puedan ser hospitalarios.

Fernández coincide con esto último y sostiene que el psicoanálisis no puede mirar al costado porque “es un movimiento cultural que está favor de todos los movimientos que plantean una lógica emancipatoria y una conquista de derechos. Estados Unidos intentó reducirlo y lo encerró en la lógica de la medicina, pero no se reduce a eso. Pretende plantear una reforma del entendimiento de la cultura occidental”. Señala que los puntos de coincidencia entre ambos movimientos tienen que ver con la objeción a los ideales en que vivimos.

Planteos de diván

Fernández cuenta que últimamente en consultorio se escucha a mujeres y varones, jóvenes y adultos, con una desorientación ya sea relativa al trabajo, la sexualidad, sus proyectos, parejas o sus propios cuerpos. “El feminismo plantea la reconstrucción de ciertos modelos que ya no funcionan más. Puede funcionar como ordenador pero para eso hay que construir simbólicamente espacios de debates y consensos”.

Para Tannuri el feminismo corre los márgenes de lo posible y desnaturaliza situaciones que antes no eran leídas como violentas. Hay mujeres que ponen límites mucho antes de llegar a la violencia  física. Para ella hay un viraje en relación a la mujer deseante que manifiesta lo que quiere y lo que le gusta. La pregunta es qué respuesta darán los hombres frente a estos cambios, ya que el modelo de masculinidad actual es la conquista y hay mujeres que “no quieren que su cuerpo sea objeto de conquista ni del Estado ni de un privado”. “Hay que tener apertura y estar advertides para poder darle entrada en la escucha a las nuevas demandas y despliegues deseantes”.

También cuenta que hay muchos jóvenes que quieren dejar de tener relaciones monogámicas, pero lo viven como un imperativo: “Creen que deberían poder desear cosas que no desean y creen que deberían ser felices en dispositivos en que no lo son. La relaciones abiertas no dejan de ser ficciones institucionalizadas, incluso aunque sean superadoras. Estas personas son aplastadas por una imperatividad de época y la pasan mal”. A veces, reflexiona, lo que es mejor políticamente no es necesariamente lo mejor para alguien.

Escraches en redes sociales

Tannuri plantea que es difícil hablar de las denuncias a varones en redes sociales porque es una de las herramientas que se tienen hoy para presionar a la Justicia, para ella hay que singularizar cada caso. Advierte también que son armas de doble filo. Apuesta a la salida mediante políticas transformadoras como la ley de educación sexual integral, las guarderías públicas, las licencias compartidas o el proyecto de interrupción voluntaria del embarazo. Piensa que el punitivismo no protege a las mujeres y constituye procesos largos que no transforman las masculinidades y convierten a las mujeres en víctimas, lo que considera problemático.

Fernández plantea que ésto es propio del capitalismo: la lógica de la víctima, que hace que hoy todos puedan sentirse víctimas de algo. Para él, el feminismo tiene que hacer el esfuerzo de distinguir lo que es realmente una agresión, una violación de los derechos de la mujer, de lo que es la lógica de la víctima. El discurso de la victimización no es lo mismo que ser víctima. “A veces el discurso del capital se apropia de lógicas emancipatorias y las neutraliza”.

Para Fernández los escraches se encuentran en el orden del “terror” (“antes teníamos miedo nosotras, ahora ustedes”) que siempre generó debates al interior de los movimientos emancipatorios. Los escraches públicos y las exclusiones de varones en espacios colectivos, sobre todo en adolescentes, aparecen en el consultorio. Considera que puede haber injusticias porque es un espacio librado a la arbitrariedad. Cuenta que tiene consecuencias devastadoras en chicos que quizás se equivocaron, que se manejaron con reglas que antes estaban aceptadas y hoy son públicamente condenados por eso. Se refiere a relaciones entre pares y a conductas que no constituyen delitos. “Es un riesgo para el feminismo porque mal usado produce descrédito y en muchos pibes que están con el feminismo produce un alejamiento”. Tannuri valora el escrache como forma de apurar a la Justicia y porque hace que muchos jóvenes se replanteen sus acciones.

Fernández también ve como un problema que quien denuncia “se ahorra la escena más importante del feminismo que es la conversación, la construcción colectiva y uno a uno de nuevas formas de trato”. Se pregunta de qué le sirve al varón y al movimiento la exclusión de un alguien que se equivoca -sin hablar de violaciones o abusos sexuales, que son delitos-. Para él la búsqueda es transformar la realidad y la exclusión no lo hace. “Es el viejo método la nave de los locos, ¿a quiénes metemos? ¿A los pibes sospechosos de algo los dejamos ahí para qué? ¿Para que queden los puros? Si sabemos que no hay una esencia, sino los buenos son buenos, los malos son malos, los abusadores son abusadores y se terminó. No se trata de delincuentes o no delincuentes sino de una transformación monumental de las relaciones sociales, que no se hace sin las palabras de las mujeres. Cada una elige si hablar o no, pero al movimiento le sirve la construcción colectiva”.

A su vez, piensa que un movimiento de conquista de derechos no puede aceptar que la Justicia no funcione, pero que el escrache no puede ser un reemplazo: la exigencia es que sus reclamos sean atendidos. Advierte sobre consignas que proponen que el sufrimiento o el miedo “cambien de bando”, cuando el feminismo como teoría política propone construir una sociedad donde haya igualdad de derechos. “Es histórica y culturalmente que el hombre está mejor posicionado, pero ontológicamente no”.

Fernández es optimista y piensa que los feminismos tienen las herramientas para autorregular sus propios excesos y dificultades. “Los movimientos emancipatorios se guían por una lógica de las consecuencias, no de los principios. Una ética de los principios dice que hay que esperar a que estén dadas las condiciones para ir por nuestros derechos”, explica. Considera que no se deben minimizar los fenómenos de masas y sus efectos (exclusiones, circulación de “listas negras” de varones y, en las últimas semanas, algunos suicidios): “Esta lucha se da en un contexto del orden del capital con su lógica del espectáculo y con sus gobiernos neofascistas y medios de comunicación monopolizados. El feminismo tiene que resistir la lógica del espectáculo, no se debe entregar; y tiene la responsabilidad de controlar los efectos que produce su lucha”.

Lo  que más le preocupa del escrache es que se suspenden las reglas de convivencia y el derecho: “Con la impunidad del escrache se sustituye la responsabilidad política que implica hacer una denuncia. Las redes no ayudan. Cuando dejás que crezca la impunidad, la arbitrariedad, la comodidad y el confort perdés en construcción de organización política y agentes responsables. El feminismo no está a salvo de convertirse en  un nuevo superyó”.

Finalmente, insiste en que es un problema poner a la mujer, que es el agente transformador, como alguien que se sustenta en el bien supremo y el purismo porque es quitarle su condición de sujeto político. Es volver a las esencias.

 

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