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Hora de propuestas

Prunelle quedó lejos de ser bello

Testimonios y expectativas en Soldini frente al portón cerrado de la industria elaboradora de cosméticos: la mitad de los 40 empleados que la firma dejó en un limbo piensa en el modelo cooperativo para poder salir adelante.


“Nos dicen el piquete fashion”. Claudia Mora, empleada administrativa del laboratorio Prunelle, apela al humor para explicar su situación. La realidad por la que ella y 39 personas (y sus familias) están pasando ya es demasiado amarga como para andar compartiéndola literalmente una y otra vez. Los veinte empleados que aguantan en la puerta de la firma que cerró en Soldini no son trabajadores de fábricas tradicionales, sino de una de cosmetología. De ahí el chiste fácil que surge de quienes van brindando su apoyo a la lucha que lleva más de un mes pero que recién ayer saltó al conocimiento público más allá de los límites de la vecina localidad.

El laboratorio amaneció esta semana con la puerta cerrada. Ya hacía cuatro meses que sus empleados no cobraban el sueldo y treinta días que habían decidido trabajar hasta agotar stock para llevar unos pesos a su casa. Los trabajadores tienen pactada una reunión hoy por la tarde con los socios minoritarios de la firma, quienes pusieron el candado en la fábrica. “Esperamos que al menos nos abran las puertas”, señalaron.

Una nueva rutina

Esta semana la rutina de los empleados de Prunelle cambió. Ya no se trata de levantarse para cumplir el horario laboral, trabajar en la fabricación de champúes, productos de enjuague, cremas, y de paso exigir el cobro del sueldo y un futuro claro. Algunos de los trabajadores salen a hacer changas para conseguir unos pesos, pero la mayoría se queda aguantando en la puerta, tomando mate amargo y discutiendo las posibles salidas a su situación. Y en eso, la única alternativa clara que vislumbran es la de constituirse como cooperativa.

Si de algo están seguros es de que ellos son los verdaderos dueños de ese espacio, no sólo por el tiempo que llevan ahí, sino por el conocimiento que tienen de la fábrica.

“Si abren las puertas y conectan la luz, en cuatro horas sacamos productos. No hace falta más que poner los equipos en funcionamiento. Nadie tiene que decirnos qué hacer, porque ya lo sabemos”, resumen.

El conflicto comenzó en octubre de 2011, cuando los antiguos dueños vendieron más de la mitad del paquete de la firma. “La mayoría quedó en manos del señor Vilhelms Dangaus, que vive en Buenos Aires, quien se encargó de vaciar la fábrica. Primero hizo un gran stock y después empezó a estafar a todo el mundo. No nos pagó los sueldos y desapareció”, relatan los empleados de la fábrica, que desde mayo no perciben el salario.

El tal Dangaus dio piedra libre a los trabajadores para vender el stock que quedaba y poder juntar unos pesos con eso, pero nada más.

“No pudimos poner la fábrica en marcha porque nos cortaron la luz. Sólo vendimos lo que quedaba, que está por agotarse. Y durante todo ese proceso ya empezamos a pensar en la cooperativa”.

La promesa de nuevos inversores llegó hace unos treinta días, a través de los antiguos dueños y socios minoritarios, a quienes ellos señalaron, con nombre y apellido, como Jaime Cortinas, Daniela Fuentes y Julio Sánchez.

Los trabajadores esperaron ese aporte pero la situación no cambió; por el contrario y por el simple paso del tiempo, fue empeorando. Así, veinte días más tarde, decidieron organizarse como cooperativa y seguir trabajando como se pudiera, pero el lunes la situación llegó a su peor extremo: cuando llegaron al laboratorio, las puertas estaban cerradas con candado.

“No nos mandaron telegrama de despido, no dan explicaciones, no dan la cara. De esa falta de comunicación viene la idea de organizarnos como cooperativa. Tenemos la suerte de que muchos clientes nos apoyaron”, dicen en la puerta de la fábrica.

Entre las firmas que aceptaron continuar recibiendo los productos de Prunelle están Different, La Esquina de la Oportunidad y supermercados La Reina.

Determinación

Con el cierre la empresa deja en la calle a cuarenta familias, la mitad de las cuales aceptan la conformación de una cooperativa. La gran mayoría de los empleados pasó la mitad de su vida trabajando allí y por su edad está más cerca de la jubilación que de conseguir un nuevo trabajo.

“Acá conocemos todo lo que tenemos que hacer. Nunca pensamos en pasar algo así pero el apoyo que estamos recibiendo nos mantiene firmes”, dicen alimentando la esperanza.

Acompañamiento

El conflicto aguanta con la ayuda de toda la comuna de Soldini. La procesión de San Cayetano del 7 de agosto partió desde la fábrica y todos los días los vecinos se acercan con agua, verduras y ánimos para repartir entre sus pares. Hoy por la tarde se realizará una reunión con los antiguos dueños de la firma con el deseo de lograr que abran la puerta. “Si no, tendremos que pasar. En la calle no aguantamos más”, advierten.

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