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Precariedad e invisibilidad: trabajadoras a domicilio en tiempos de pandemia

El aislamiento afectó de modo particular a las mujeres trabajadoras, que predominan en distintas modalidades de trabajo flexible y no registrado, ubicándose entre los sectores más vulnerables de la sociedad. Es momento de poner en agenda pública sus problemáticas y las de las sexualidades disidentes


Maricel Bertolo *

El aislamiento social preventivo y obligatorio durante la pandemia producida por el covid-19 ha profundizado y tornado más visibles las desigualdades económicas y sociales, en especial aquellas vinculadas a los sectores menos favorecidos, entre quienes confluyen un conjunto de problemáticas que potencian situaciones de mayor incertidumbre y vulnerabilidad.

La existencia creciente de desigualdades basadas en diferencias de clase, género, raza, etc., se evidencian de manera crítica en el mundo del trabajo, donde se vienen flexibilizando derechos, reconfigurando esquemas organizativos, intensificando jornadas de trabajo y acentuando distintas modalidades de precariedad.

En esta excepcional coyuntura, un sector importante de la fuerza laboral se vio conminado a trasladar el lugar de trabajo a su domicilio, debiendo recurrir en forma compulsiva a la virtualización de sus actividades y a la utilización de nuevas tecnologías informáticas.

Se inició entonces un debate en el Congreso nacional que concluyó con la sanción de una nueva legislación sobre el teletrabajo, que regirá a partir de la pospandemia.

 Potente espacio de encuentro virtual, inclusivo y plural

Esta nueva realidad afectó de modo particular a las mujeres trabajadoras, que predominan en distintas modalidades de trabajo flexible y no registrado, ubicándose entre los sectores más vulnerables de la sociedad.

Como ha sido evidenciado en encuestas sobre el uso del tiempo, existe una sobrecarga para las mujeres trabajadoras, vinculada con las tareas domésticas y de cuidados, que se ha exacerbado a partir del distanciamiento social.

Agitando la consigna: “Nuestros derechos no están en cuarentena”, se viene desarrollando la “Asamblea de Trabajadoras en Tiempos de Pandemia”, un potente espacio de encuentro virtual, inclusivo y plural, impulsado por la Asociación Argentina para la Investigación en Historia de las Mujeres y Estudios de Género (AAIHMEG) junto a la Escuela de Feminismo Popular Nora Cortiñas.

Las reuniones vienen ocurriendo semanalmente con el fin de estimular el debate sobre la situación del trabajo de las mujeres y las disidencias sexuales a nivel nacional y desde una mirada feminista.

A través de la organización de diferentes mesas de trabajo y campañas, se escuchan las voces de les trabajadores, que discuten sobre derechos conquistados y “en riesgo”, violencias, organización de redes de cuidado, extensión e intensidad de la jornada laboral, superposición de tareas, sobrecarga, derecho a la desconexión, entre otros temas.

Existe además otra modalidad de trabajo a distancia –aunque bastante menos conocida–, el trabajo a domicilio, que todavía se rige por una antigua legislación, la ley Nº 12.713, vigente desde el año 1941, que debería ser revisada y actualizada, considerando que las condiciones y las circunstancias se han ido modificando.

En la sanción de esa legislación jugó un rol importante la lucha sindical emprendida en los años previos, en reclamo por la deplorable situación que afectaba a la población obrera del sector.

El desarrollo del trabajo a domicilio ha coincidido con experiencias laborales de enorme precariedad, invisibilidad y clandestinidad, que se han visto agravadas en el actual contexto.

Trabajo a domicilio, una ventaja para el sector patronal

¿Qué es el trabajo a domicilio? En líneas generales, es el trabajo realizado por una persona o familia fuera del establecimiento industrial o comercial, en su propio domicilio o en otro lugar elegido libremente, por cuenta de un empleador o patrón.

No incluye al servicio doméstico, ni a las personas que trabajan por cuenta propia en sus domicilios. En forma mayoritaria es desarrollado por mano de obra femenina.

Aunque presenta diversas modalidades, en la práctica más frecuente la trabajadora es propietaria de los instrumentos que necesita para realizar su labor y recibe la materia prima de parte de algún contratista industrial o comercial, entregando el producto de su trabajo a cambio de una remuneración, que suele ser por pieza producida.

En algunos casos, también incluye la participación de “intermediaries” y/o “talleristas” como dadores de trabajo, quienes generalmente contribuyen a deteriorar aún más los magros ingresos que perciben.

El interés empresarial en fomentarlo tiene como objetivo disminuir costos. Además, la descentralización del proceso de producción y la dispersión geográfica que caracteriza a la actividad, representa para el sector patronal una ventaja adicional, ya que dificulta las posibilidades de organización en el terreno sindical, quedando les trabajadores más expuestos a la explotación patronal.

Convenio de la OIT: igualdad del trabajo a domicilio con trabajadores en relación de dependencia

A pesar de que existen numerosas actividades desarrolladas a domicilio, históricamente los sectores preponderantes se vincularon con la industria de la confección de ropa y, en menor medida, con la del cuero.

El trabajo a domicilio tuvo bastante difusión en la Argentina de fines del siglo XIX, continuó de diversas maneras a lo largo del XX y todavía en la actualidad representa un sector productivo importante.

En la imagen más difundida, las mujeres en sus viviendas se desempeñaban como costureras, sombrereras, camiseras, pantaloneras, aparadoras, entre otros oficios; lo hacían por cuenta de un patrón y fuera del establecimiento industrial.

La evidencia histórica, revela la permanencia de algunas características asociadas al trabajo a domicilio, como bajos ingresos, duración indefinida de la jornada laboral, desempleo periódico debido a la fuerte impronta estacional de las actividades, gran peso del trabajo no registrado, sumados a la enorme invisibilidad que padecieron y continúan padeciendo en el presente.

Las estadísticas oficiales no suelen incluir al trabajo a domicilio en sus mediciones. Sin embargo, su persistencia y vigorosidad en el actual sistema capitalista ha sido evidenciada en numerosas investigaciones.

En línea con el objetivo de proteger y visibilizar a este sector de la población obrera, particularmente vulnerable, surgió desde la Organización Internacional del Trabajo (OIT) la elaboración, en 1996, del Convenio Nº 177 sobre el trabajo a domicilio, vigente desde el año 2000.

Entre otras cuestiones, esta normativa apuntó a promover la igualdad de trabajo con otres trabajadores en relación de dependencia y recomendó su inclusión en las estadísticas laborales.

A partir de la sanción de la ley 25.800 hacia fines de 2003, Argentina se encuentra entre los pocos países que ratificaron el Convenio OIT Nº 177.

 Oportunidad para la construcción de una sociedad más igualitaria, solidaria e inclusiva

En buena medida, como respuesta a la creciente precariedad en las condiciones del trabajo a domicilio en la industria de la confección de ropas, hacia fines de 2015 se conformó en la ciudad de Mar del Plata una nueva organización sindical que en la actualidad nuclea a un sector importante de trabajadores: el Sindicato Argentino de Trabajo a Domicilio Textiles y Afines, motorizado por la costurera Mónica Basterrechea.

En este último tiempo, el Sindicato viene desplegando una campaña destinada a promover la sanción de una nueva legislación que reconozca y se ajuste a las necesidades de les trabajadores.

Uno de sus lemas expresa: “Si van a regular el teletrabajo, que también regulen el trabajo a domicilio”. Tal como nos ha informado su principal referente, la actual situación de confinamiento ha contribuido a degradar aún más las ya deterioradas condiciones laborales y de ingreso, que la mayoría de les trabajadores a domicilio venían padeciendo desde la etapa del gobierno macrista.

De acuerdo con lo señalado, en los últimos meses se ha producido una disminución del trabajo del orden del 40%, generándose situaciones de creciente desocupación y reducción de salarios en el sector.

El sindicato ha comenzado a sumarse a nuestra Asamblea de Trabajadoras, a partir de su décima reunión, integrándose a la Mesa 1, vinculada al análisis de las condiciones y derechos laborales en la virtualización y teletrabajo/empleo remoto, con el objetivo de visibilizar la problemática del trabajo a domicilio y lograr acompañamiento colectivo en sus reclamos por una nueva legislación.

El contexto de distanciamiento social acentuó y tornó más visibles un conjunto de desigualdades e inequidades que vienen de larga data. Esta nueva realidad pone en tensión al Estado, al sector empresario y al propio sistema capitalista.

Es el momento para plantear transformaciones profundas y es también cuando resultan más necesarias las voces feministas, para incluir en la agenda pública las problemáticas específicas de las mujeres y las sexualidades disidentes.

Es de esperar que el enorme desafío planteado por la crisis actual, se convierta en una oportunidad para la construcción de una sociedad más igualitaria, solidaria e inclusiva, ya que la pandemia no ha afectado a todes por igual.

*Centro Interdisciplinario de Estudios sobre Historia de Mujeres y de Género (CIEHMGE) – Facultad de Ciencia Política y RR.II. – Universidad Nacional de Rosario (UNR)

 

 

 

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