El Hincha

El consuelo del 10

Porque el Diego siempre es noticia: emoción por una foto de los Juegos Evita 1973

El Diego o “Pelusa” como lo llamaban en su casa desde chico, jugaba para Los Cebollitas de Argentinos Juniors que dirigía Francis Cornejo.  Su participación en los Juegos Nacionales Evita de 1973 fue una de las primeras incursiones públicas del 10


Foto: Twitter @ilpeto

Si algo no tiene margen de discusión es que El Diego es El Diego, no hace falta aclarar a quién se hace referencia. Ya sea una declaración que brinde a los medios; o si sigue en pareja con Rocío Oliva o con la madre del pequeño Dieguito Fernando; o si su estado de salud tambalea; o por tener a los hinchas en vilo viendo un partido de Dorados de Sinaola de la B mexicana. Nada queda en las sombras. Con Diego eso nunca va a suceder.

Y esta semana, mientras festeja otro triunfo de Dorados y le gana un partido judicial a Claudia Villafañe, que le ordena entregar sus trofeos de guerra (camisetas históricas y premios), una foto que fue subida a Twitter provocó un sinfín de reproducciones y generó que muchos recordaran con ternura el inicio de una carrera gloriosa.

La foto salió publicada en El Gráfico a fines de diciembre de 1973. La imagen es entrañable. El pibe de Villa Fiorito –con la camiseta 10 del equipo Los Cebollitas–, se acercó a consolar al jugador correntino Alberto Pacheco, que había perdido contra Entre Ríos en los Juegos Nacionales Evita, disputados en Embalse, en el Valle de Calamuchita.

Y como todo lo que hace y dice Diego genera alguna discusión, hasta en la nota publicada en El Gráfico a fines del 73 se pone en tela de juicio dónde se hospedó cuando viajó a Córdoba. Sí, una simple imagen de Maradona de purrete, genera discusión y polémica, así fue y será su vida, dentro y fuera de la cancha.

De acuerdo a las declaraciones y recuerdos de quienes estuvieron en aquella edición de la competencia, “Maradona estuvo en Embalse y no en Río Tercero” y se habría alojado en el hotel de la Unidad Turística.

Eduardo Luchini, jefe de atención al turista de la UTE, contó a El Gráfico: “Maradona vino con Los Cebollitas al Torneo Evita y no a Río Tercero como él cuenta en su libro. Fue acá, en Embalse. Y los partidos se jugaron en la vieja cancha del hotel 1, donde ahora hay una de rugby. Recuerdo que a todos nos recomendaban ir a ver un negrito que tenía la 10 de Argentinos Juniors y era una barbaridad. Me acuerdo del partido con los santiagueños. Justo ese año, 1973, empecé a trabajar acá, en los hoteles. Y estando en el hotel 6, donde había como un gran depósito de elementos deportivos, conseguimos camisetas para los chicos santiagueños, que habían tenido un problema. Me acuerdo del partido, y si mi memoria no me falla, con Maradona jugaba Domenech. Los Cebollitas los tenían locos a los santiagueños, pero sobre el final, uno de ellos les clavó un zapatazo de mitad de cancha. Y se fueron a los penales, y les ganaron a los de Argentinos. Después salieron campeones. Pero ese negrito flaquito, que después fue Maradona, era tremendo. Mucha gente iba a ver al 10. Muchos aún dicen que lo vieron en el Polideportivo. Y no, fue en la cancha del hotel 1, donde también había canchas de básquet, y ahora está todo destrozado. Había tribunas de madera. Mi viejo hacía el sonido del evento y después le dieron una medalla. No puedo recordar, pasó mucho tiempo, dónde se alojaron Los Cebollitas, si fue en hotel 3 o en el 5(…)”.

Lo que contó Luchini contradice a lo que el mismo Maradona relata en su libro “Yo soy el Diego”, a través de la pluma del periodista deportivo Ernesto Cherquis Bialo. Claro está, que para mucha gente, Embalse y Río Tercero es  lo mismo.

Diego llegó a Embalse en diciembre de 1973, con 13 años, para disputar los Juegos Nacionales Evita que se habían suspendido en 1949 y que el gobierno se decidió retomar con el retorno de la democracia.

“Cuando asumió el gobierno peronista en 1973 con el doctor Cámpora, en el lugar donde se hizo el complejo deportivo del hotel N° 1 de la Unidad Turística había un bosque. Yo mismo vi cuando arrancaron los árboles e hicieron un complejo que tenía pista de atletismo, canchas de tenis, un círculo para lanzamiento de martillo, y la cancha de fútbol”, contó a la reconocida, aunque ya inexistente revista deportiva, José Pérez, un respetado comunicador de Embalse.

El Diego o “Pelusa” como lo llamaban en su casa desde chico, jugaba para Los Cebollitas de Argentinos Juniors que dirigía Francis Cornejo.  Su participación en los Juegos Nacionales Evita de 1973 fue una de las primeras incursiones públicas del 10.

¿Cuánto de mito o de verdad generó su visita entonces? ¿Será cierto también que muchos se “peleaban” por regalarle una Coca “al negrito que la rompía cuando salía a la cancha” al final de cada partido? ¿Será real que Jorge Cysterpiller no lo dejaba ni a sol ni a sombra y era el único que le acercaba un refresco al 10? Como muchas cosas que giran en torno a la figura de Maradona quedarán en discusión entre los que fueron testigos de aquello que ocurrió tras las sierras. Lo único que no deja margen para la duda es el consuelo que aquel pibe de Villa Fiorito le dio al futbolista correntino, luego de la derrota de su equipo, y que quedó inmortalizada en una foto que pinta de cuerpo y alma cómo era Diego cuando entraba a una cancha de fútbol.

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