Economía

Producción

Por una economía popular, sin explotación al productor

Una organización social conecta más de 50 pequeños productores de todo el país con 5 mil familias del Gran Buenos Aires. En origen, cobran hasta el 150% más de lo que recibían con los comercializadores habituales


¿Qué pasa en la sociedad cuando alguien –no los intermediarios de siempre– se ocupa de intervenir en el mercado para unir las dos partes más débiles de la cadena comercial?

La respuesta es sencilla: mejor precio para el pequeño productor y calidad para el consumidor. Así lo demuestra la experiencia del programa “Más cerca es Más Justo”, una idea del ex director del Inti (2002-2011) Enrique Martínez, que ya abastece con productos de primera calidad a 5.000 familias de Capital y Gran Buenos Aires, con precios para pequeños productores que mejoran hasta en un 150% los pagados por intermediarios tradicionales.

El programa fue generado desde el Instituto para la Producción Popular, en febrero de 2016: “La diferencia entre este sistema y los sistemas tradicionales de producción de alimentos, que han proliferado con varias organizaciones sociales, es que nosotros le damos prioridad al productor pequeño, porque nos interesa que el consumidor consiga calidad y, si se puede precio, pero más nos interesa que el productor reciba un precio justo”, le explicó Martínez a El Ciudadano. Y agregó: “Empezamos con la verdura del Gran La Plata y seguimos con otros productos. En este momento tenemos alrededor de 50, entre ellos la banana de Formosa, el aceite de oliva de La Rioja, el queso de cabra que se produce a 50 kilómetros de Santiago del Estero, y así sucesivamente; hemos vendido maracuyá y jengibre de la costa del río Uruguay en Misiones; es un sistema por el cual tenemos un depósito central de acondicionamiento de la mercadería, se reciben pedidos durante la semana y se distribuye el jueves, en 80 lugares distintos de Capital y Gran Buenos Aires”.

Para Martínez, el Estado de Binestar, al que relaciona con el proceso político y económico que finalizó en 2015, “tiene límites y no puede resolver problemas que son agudos, como la restricción externa de divisas, o el problema de la inflación”. Si bien aclara que esto “no quiere decir que el neoliberalismo lo resuelve, está claro que los agudiza, se necesitan hacer cambios estructurales, y una parte importante –son muchas las necesarias- es diseminar la producción, para que esté a cargo de los actores más pequeños que puedan estar, que todos tengan derecho a producir y que uno de sus derechos sea tomar contacto directo con los consumidores”.

—¿Por qué este tipo de producción solucionaría los problemas estructurales de la Argentina?

—No vamos a resolver el problema de la producción automotriz extranjerizada, o la producción de productos electrónicos en Tierra del fuego, eso hay que resolverlo de otra manera, o el petróleo, o la energía extractiva, pero la producción de alimentos, de indumentaria, de la vivienda o de energía renovables, nosotros creemos que tiene perfectamente la posibilidad de desarrollarse en tanto y en cuanto no haya intermediarios financieros que le extraigan todo el valor que genera el productor pequeño. La producción a escala pequeña de alimentos podría abastecer casi la totalidad de las necesidades argentinas, lo que pasa que no tienen acceso a las góndolas y en los mercados concentradores los intermediarios se quedan con todo su valor. En este momento se está tirando la banana en Formosa, el tomate en Jujuy o en el Chaco. En el Gran La Plata se tira buena parte de la verdura de hoja, a consecuencia de que los intermediarios ponen condiciones que son absolutamente distorsionadoras del mercado.

—El planteo sería que se multipliquen los esfuerzos como el de ustedes.

—Esto resuelve el acercamiento al consumidor. Pero a la vez habría que darles apoyo tecnológico y crediticio para que trabajen en mejores condiciones los pequeños productores. Esto lo hemos verificado en cada uno de los productos que estamos distribuyendo. Eso no es solamente verdura, manzanas de una cooperativa de Neuquén, naranjas de Baradero de la provincia de Buenos Aires, traemos los productos de bien lejos, y en todos los casos está claro que no tienen ningún apoyo, ni financiero, ni técnico ni comercial. A los productores les hemos demostrado que ganan más plata, porque ellos fijan el precio. Partiendo de la base de que tienen que ser prudentes pero no tienen que trabajar a pérdida, y a partir de ahí ofrecemos nuestro servicio y en ningún caso estamos vendiendo por encima de lo que vende un supermercado.

—¿Qué porcentaje de ganancia mejora el productor?

—Para dar un ejemplo, el productor que envía las bananas desde Formosa percibe 150% más que lo que recibe vendiéndoselas al comercializador habitual. En el caso de los zapallos, de la zona de Buratovich, del sur de la provincia de Buenos Aires, 60% más, en el tomate del Chaco, entre el 30 y el 40% más, el productor se beneficia en porcentajes importantes. Después tenemos el problema de que la logística a pequeña escala es costosa. Teniendo en cuenta los costos mayores del productor y los costos de logística, para el consumidor no precios muchos mejores, pero son competitivos.

—El eje es mejorar la rentabilidad del productor.

—Claro, porque en la medida que mejoremos el negocio del productor, cuando tenga la posibilidad de mandar volúmenes más importantes, se va a reducir aún más el precio para el consumidor.

—¿Qué cantidad de clientes está teniendo en este momento?

—Nosotros atendemos a unas 1.500 familias cada sábado, pero además ha sido tan serio el planteo, que también acondicionamos mercadería para cinco organizaciones sociales más, organizaciones que solamente vendían verdura, porque no tenían la capacidad de identificar proveedores del interior y traer la mercadería a Buenos Aires. O sea que en conjunto, estamos preparando mercadería para no menos de 5 mil familias por sábado. En este momento, aún con las dificultades que tenemos ningún productor tiene una participación en relación con lo que paga el consumidor menor al 55%.

—¿Tiene relaciones con las organizaciones sociales?

—Tenemos clara conexión. Por ejemplo, el proveedor de verdura, está adherido a la Ctep. Las diferencias que nosotros tenemos, es que en esos intentos de distribuir alimentos, la Ctep, el frente Darío Santillán, y otras organizaciones que no sean muy conocidas en el interior del país, han puesto tradicionalmente el énfasis en el consumidor, y no tanto en el productor. Nosotros hemos cubierto ese flanco descuidado porque la gran mayoría de esas organizaciones sociales para venderles baratos a sus asociados, compraban en el mercado central, con lo cual estaban contribuyendo a la intermediación y a la explotación que se da respecto de los productores.

—¿Qué cantidad de productores están involucrados en esta movida?

—Nosotros tenemos aproximadamente 50 productores que envían la producción a nuestro centro de distribución, en Avellaneda. Incluso hemos ampliado la gama de quesos y estamos distribuyendo carne vacuna envasada el vacío de Bragado y, desde este sábado, carne de cerdo y carne de pollo de Navarro. Es una cobertura importante del conjunto de la dieta.

—¿Cómo se distribuye?

—Nosotros pedimos adhesión de los nodos de distribución. El sábado a la mañana se lo damos a cada nodo y el consumidor lo va a buscar en el nodo que haya elegido.

—¿Los nodos cómo surgen?

—Hay nodos que son organizaciones políticas, centros culturales, muchas dietéticas, que han creído que es interesante complementar su actividad con esto, y hay también grupos de vecinos que no tienen ninguna afinidad ni política ni cultural, salvo este tema.

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