Edición Impresa, Policiales

Caso Laura y Mía

“Por lo emblemático del caso quiero condenas ejemplares”

Cristina Ojeda cuenta sus expectativas de cara al juicio por el doble crimen de su hija y su nieta en barrio La Lagunita.


“¿Sabés quién es Cristina Ojeda? Cristina Ojeda es la mala praxis del Estado. La consecuencia de todo lo malo. De todo lo que no se hizo. De toda la inacción. Hoy no soy ni la sombra de la mujer que era. A esa mujer la enterré con ellas, con mi hija Laura y mi nietita Mía. Y así nació esta otra que soy ahora. Que de tanto dolor pudo juntar los pedazos y transformarlos en amor”. La que habla es Cristina Ojeda, la misma que anuncia que mañana comienza el juicio oral y público contra los dos acusados de la muerte a mazazos de una madre de 37 años y su pequeña niña de 4 en un robo dentro de una vivienda de zona oeste.

El sórdido crimen ocurrió la mañana del 20 de enero de 2013 en una casa de barrio La Lagunita, donde vivía Laura López junto con sus dos hijos pequeños, Mía, de 4, y Román de 7. Mientras la mujer esperaba a la niñera y se daba una ducha antes de salir a trabajar fue sorprendida por un muchacho que la agredió a martillazos delante de sus hijos exigiéndole un dinero que no tenía.

El único que sobrevivió a la brutal agresión fue el pequeño varón, que se escondió debajo de la cama. El principal sospechoso, que resultó ser un vecino con graves problemas de adicción a las drogas, se escapó por un tapial con un DVD y una Play Station y fue detenido ese mismo día. Un año después se fugó de la seccional 13ª para ser recapturado siete meses más tarde, período en el que Cristina acampó frente a Tribunales para exigir justicia.

Lo que siguió en la vida de Cristina, además de dolor y un duelo difícil de transitar, fue luchar. Así comenzó a pedir entrevistas con altos funcionarios policiales, judiciales y del Ejecutivo provincial y a juntarse con familiares de otras víctimas de muertes violentas. Este año fue una de las impulsoras de las dos grandes movilizaciones contra la inseguridad, Rosario Sangra I y II, y anhela crear una organización que brinde apoyo a personas que sufrieron pérdidas similares a la suya.

“No quiero que todo termine en las condenas. Quiero poder servir a la sociedad, para bien, y lograr el día de mañana que se abra una institución para poder ayudar a toda la gente que pasó lo mismo que yo. Ese es mi deseo y por eso me anoté en la carrera de Derecho”, dice con entereza Cristina, quien asegura que el Estado la dejó sola.

“El abandono del Estado es real. Las personas que pasan por esto no tienen nada. No todas las víctimas tienen la fuerza que tuve yo para transitar y hacer todo lo que hice. Porque mientras a una la consume el dolor el Estado no te da ni siquiera contención psicológica”, reclama Cristina, quien tampoco encontró ayuda económica.

“Yo no sólo las perdí a ellas. También perdí mi casa y mi trabajo. Y aunque el gobierno me prometió todo, sigo sin un trabajo para sostenerme. Vivo de la ayuda de los seres queridos. Y hay cosas más tremendas. Yo no tenía dónde vivir, ni un lugar para ver a mi nietito, que ahora tiene 11 años. Hace unos meses me dieron una vivienda en Zona Cero, frente a la villa Ciudad Oculta, en la peor de las tiras. Recién cuando me mudé me enteré por vecinos que en esa casa habían asesinado a un narco. Hay tiros todos los días y tengo cuatro búnkers de drogas a pocos metros. Me mandaron directamente a la muerte. Y por mí no importa. Pero por mi nietito sí. Por todo el trauma que ya pasó. Un día hubo tiros y cayó un hombre herido a metros nuestro. Es crudo pero es mi realidad. Estoy rodeada de búnkers”, describe.

Juicio

A partir de este lunes, Jonatan Olivera y Maximiliano López comenzarán a ser juzgados por el doble crimen. El primero, por la autoría del hecho, y el segundo por encubrimiento, ya que se presume que fue quien vendió el celular que le robaron a Laura el día que la mataron. El anhelo de Cristina es que se llegue a una condena a perpetua. “Por lo emblemático que fue este caso, quiero condenas ejemplares”, concluyó.

Caravana y misa

Una caravana automovilística que partió desde Tribunales provinciales y recorrió parte de la ciudad concluyó en la tarde de ayer en La Lagunita, donde vivían Laura y Mía. Más precisamente el peregrinar terminó en la plaza del barrio, que ahora se llama Plaza de la Justicia, y donde se descubrieron dos placas con los nombres de las víctimas. Esta tarde, desde las 20, una misa las recordará en la parroquia del Arzobispado (España 972), según informó Cristina Ojeda.

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