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Estreno en gira

Pomposas, grotescas y con los dientes afilados


Grotescas, mostrando los dientes y las miserias, cuatro amigas de edad madura y posición acomodada se juntan a tomar el té. La ceremonia, sin embargo, reviste otros intereses, y mientras juegan a la canasta y hablan de sus arbitrarias posturas frente a la vida y al poder que ejercen por su estatus social, mantienen encerrada a la mucama a la que acusan de un asesinato. Se trata de los entretelones de Tarascones, la elogiada comedia de Gonzalo Demaría, con las actuaciones de Paola Barrientos, Alejandra Flechner, Eugenia Guerty y Susana Pampín, bajo la dirección del talentoso Ciro Zorzoli, una producción del Teatro Nacional Cervantes que mañana a las 21, y el domingo a las 20, desembarcará en La Comedia (Mitre y Ricardone).

Zulma, Martita, Estela y Raquel ponen a funcionar su rutina. Sin embargo, un hecho inesperado, un crimen, se lleva puesto el apacible programa y de este modo convierte el living de la casa de Raquel, donde ocurren los hechos, en la “hoguera donde se ejecutará a la bruja malvada”, la desdichada mucama que permanece bajo llave. De hecho, Tarascones es una pieza que parte del costumbrismo más racional para desplazarse hacia otros géneros: del drama de clases a la farsa, del policial a la gauchesca, de la comedia negra a la épica. Construida a partir de distintos moldes estróficos, es una obra rítmica, que afina su tono entre el lenguaje decorado, ornamental y alto, y sus cruces con lo popular, con guiños hacia la tradicional e histórica revista porteña.

“Gonzalo Demaría se inspiró en esas piezas protagonizadas por mujeres que de repente se encuentran y empiezan a sacarse los trapitos al sol; lo que sucede acá es que el autor cruza esa realidad con una anécdota muy antigua que tiene que ver con una señora que se pelea con su sirvienta; de toda esa mezcla sale esta historia de cuatro mujeres de muy buen pasar económico, que tienen encerrada a la mucama a la que acusan de un crimen, lo que además ofrece cierto clima de policial disparatado”, explicó Ciro Zorzoli, recordado por Estado de ira o su formidable versión de Las Criadas con Marilú Marini, por citar sus trabajo más recientes, frente a otros en el under como Living, último paisaje, donde actuaba y dirigía, o la recordada Ars Higiénica, montada  a partir de textos del Manual de urbanidad y buenas maneras, de Manuel Antonio Carreño.

Puro verso

“La pieza está escrita en verso, lo cual me resultó muy atractivo porque en primer plano se ve una obra costumbrista, que describe una situación urbana, pero está cruzada con un texto que la remonta al Siglo de Oro o la gauchesca, lo cual es algo muy divertido porque al mismo tiempo, esa escritura empieza a sacar la obra del realismo para llevarla a unos territorios que son más desopilantes”, explicó el director. Y completó: “Uno de los puntos más atractivos es que ninguno de los que nos sumamos a este proyecto veníamos de hacer textos en verso, y la obra está totalmente escrita en verso; no hay verso libre sino que es todo verso rimado, por lo tanto, el gran desafío fue que al momento de representarla no quede por delante que se está hablando en verso sino que se vea la actuación, es decir la situación. Eso llevó a que las actrices se aprendan de antemano el texto de memoria para que a partir de los ensayos lo pudiesen desarticular. Y lo paradójico y muy enriquecedor del proceso fue que el verso mismo y el ritmo que impone, empezó a darnos pautas de la situación dramática. Es así como todo empieza a entrar en una zona de lo musical y de lo rítmico que hasta podría decir que facilitó las cosas. De todos modos, hay que tener en cuenta que son palabras no cotidianas y que lo gracioso está, precisamente, en lo rimado y en el modo en que eso se dice, lo que lleva esa vida cotidiana a lo ridículo. Incluso, en algunos pasajes, utilizan palabras fuera de contexto para forzar las rimas, lo que hizo el proceso muy divertido y algo que se aceitó y consolidó con el correr de las funciones, porque son cuatro grandes actrices y ese disfrute que hay entre ellas entra en diálogo con los espectadores”.

Clase acomodada

En un juego de tensiones entre las acciones, el texto y su cuidada métrica y la composición estética que en su totalidad propone el material, se trasluce también una crítica a una clase dominante que reniega de lo diferente o desconocido. “Hay una clara exacerbación entre el espacio escénico (escenografía de Cecilia Zuvialde), el vestuario (Magda Banach), las pelucas y el maquillaje, la luz (Eli Sirlin) y la música (de Marcelo Katz, con excepción de «Adagio», de Albinoni). Y hay un punto en la obra, con lo que todo eso colabora, y que me parece que lo deja en evidencia, que es el vínculo que pueden entablar algunas personas de determinada clase social con lo que les es extraño, con aquél que no pertenece a ese grupo: son cuatro patronas y la lucha es que esa pobre mucama, casi como a la inversa de Las Criadas (la obra de Jean Genet). Queda clara esa especie de desprecio por aquel que no pertenece al grupo social al que pertenecen estas cuatro señoras. Y está planteado en un tono de comedia negra que vuelve todo más tremendo, porque terminamos riéndonos de una situación que en el fondo es espantosa, porque también está planteando que convivimos cotidianamente con este tipo de situaciones que están naturalizadas y entonces casi ni las percibimos”, concluyó Zorzoli.

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