Política

Análisis internacional

Política exterior y la vigente solidaridad entre los pueblos

A diferencia de Al Aqaba, en Al Hadidiya –otra comunidad palestina en el norte del Valle del Jordán– no hay construcciones de cemento. Solamente hay tiendas, pero aun así han sufrido numerosas demoliciones.


Por Jessica García (*)

Al igual que otras comunidades palestinas en la zona C de Cisjordania, bajo control civil y militar israelí, Al Aqaba tiene restricciones para acceder a servicios básicos como el agua y la electricidad.

Sin embargo, Al Aqaba es una de las pocas comunidades palestinas en la zona C que tiene construcciones de cemento.

Esto es destacable puesto que para construir cualquier cosa en dicha zona se necesita un permiso de construcción de la Administración Civil Israelí (que de hecho es militar).

No obstante, estos permisos son casi imposibles de obtener, razón por la cual las y los palestinos o no construyen o construyen sin permiso bajo el riesgo de una demolición casi segura.

En este sentido, Al Aqaba no es la excepción en cuanto a la existencia de órdenes de demolición, pues pesan órdenes de demolición tanto sobre la mezquita como sobre la escuela y casi todas las estructuras de la comunidad.

Con todo, esas órdenes aún no han sido ejecutadas.

La comunidad ha desafiado las “reglas” de la ocupación dando a conocer Al Aqaba alrededor del mundo, atrayendo de esa forma la atención internacional sobre dicho lugar. De ese modo han evitado que las órdenes de demolición sean ejecutadas.

A diferencia de Al Aqaba, en Al Hadidiya –otra comunidad palestina en el norte del Valle del Jordán– no hay construcciones de cemento. Solamente hay tiendas, pero aun así han sufrido numerosas demoliciones.

Las fuerzas de ocupación israelíes no hacen distinción entre las estructuras a demoler.

Al Hadidiya no sólo ha sufrido demoliciones sino también el bloqueo del camino de ingreso a la comunidad.

A ello se le suma que las personas que viven allí no tienen acceso a la red de agua ni a la red eléctrica y los niños y niñas deben ir a una escuela en la ciudad de Tubas.

Sin embargo, siguen resistiendo y creyendo en la solidaridad de los pueblos con la resistencia. Así, Abu Sakr, el líder de esta comunidad, cuenta cómo ha cambiado la vida bajo la ocupación y cuántas personas han migrado debido al sufrimiento que padecen como consecuencia de aquella.

Abu Sakr reafirma que él y su familia seguirán resistiendo, no van a dejar su tierra aun cuando las condiciones de vida se hagan insoportables, no van a satisfacer los deseos de la potencia ocupante.

Estas comunidades no son las únicas que buscan difundir la situación en Palestina alrededor del mundo.

En 2005 un conjunto de organizaciones de la sociedad civil palestina inició la Campaña por el Boicot, las Desinversiones y las Sanciones (BDS), llamando la exclusión de los productos israelíes y al cese de las relaciones con Israel.

El BDS se cimenta en el derecho internacional y exhorta al Estado de Israel a terminar con la ocupación y colonización de todos los territorios árabes (Gaza y Cisjordania incluida Jerusalén Este), desmantelar el muro, reconocer los derechos fundamentales de los ciudadanos árabe-palestinos de Israel en igualdad de condiciones y respetar, proteger y promover los derechos de los refugiados palestinos a retornar a sus hogares y propiedades de acuerdo a la resolución 194 de la Asamblea General de Naciones Unidas  .

Tal como sostiene Isaías Barreñada, profesor de Relaciones Internacionales, de la Universidad Complutense de Madrid, “hasta el día de hoy Israel se ha beneficiado de un trato de privilegio, se le ha reconocido una supuesta excepcionalidad que se ha traducido en poder de veto e impunidad. Esto es lo que ha permitido la perpetuación de la ocupación”.

Sin embargo, el BDS ha logrado calarse en numerosos países, convirtiéndose en motivo de preocupación para el gobierno israelí.

Entre esos países se incluye la Argentina, donde las organizaciones que apoyan el BDS han iniciado varias campañas de boicot y la última ha sido “Argentina no vayas”, a través de la cual se le pide a la selección de fútbol argentina que no asista al partido amistoso con Israel, previsto para el próximo 9 de junio en Tel Aviv.

Resulta necesario resaltar que el presidente Mauricio Macri está invitado a presenciar dicho partido, aunque aún no ha confirmado su presencia.

Cabe preguntarse si tanto la selección argentina como el presidente escucharán el llamado de las organizaciones de la sociedad civil argentina y se solidarizarán con el pueblo palestino, o si por el contrario optarán por el silencio o la excesiva moderación, tal como lo ha hecho el gobierno argentino ante la masacre perpetrada por el ejército israelí contra dicho pueblo en la Franja de Gaza en las últimas semanas.

(*) Licenciada en Relaciones Internacionales (UNR) – miembro del Observatorio de Política Exterior Argentina (Opea)

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