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Policía absuelto por crimen de 1988

Hubo incidentes tras la lectura del fallo en los tribunales de Santiago del Estero.

La cámara del Crimen de II Nominación de Santiago del Estero absolvió al ex policía Claudio Gallo, quien fue juzgado por la muerte del empleado telefónico Osvaldo Britos, en una causa que llegó a juicio oral después de 23 años. Luego de conocerse el fallo, se registraron incidentes en el tercer piso de los Tribunales santiagueños, ante la reacción de familiares y amigos de la víctima.

Durante los alegatos, la fiscal Olga Gay de Castellano, había solicitado la prisión perpetua del acusado, mientras que el abogado defensor Julio Víctor Navarro reclamó la absolución de Gallo, quien llegó en libertad a esta instancia. En tanto, José Luis Llapur, quien también está acusado de ser el coautor del crimen, recién fue apresado el año pasado tras permanecer varios años prófugo y haber apelado el procesamiento en su contra.

En su única declaración, el acusado Gallo explicó que Britos “murió tras la caída de un rayo, en medio de una intensa lluvia” cuando se aprestaban a dar por finalizada una jornada de pesca.

“Britos insistía en que era una tormenta de verano, que no iba a pasar nada, cuando se escuchó un fuerte ruido, similar al quiebre de una madera seca, que me provocó un aturdimiento y pérdida de conocimiento”, recordó el acusado.

En su relato, Gallo indicó que al reaccionar vio “a Britos tirado en el piso, le salía sangre del oído y Llapur le realizaba tareas de reanimación, pero estaba muerto”.

Pero en una de las audiencias, el ingeniero tucumano Enrique Díaz, especialista en corrientes eléctricas, había asegurado que la víctima “no murió por electrofulminación, no le cayó un rayo” y que las heridas descriptas en la autopsia “no fueron ocasionadas por un rayo”.

Por su parte, los familiares de la víctima, entre ellos su hija Mónica Britos, consideraron durante todo el juicio que el acusado Gallo “sigue sosteniendo sus mentiras”. La mujer además reveló que a su padre “lo mataron para ocultar el robo de unas joyas” que se sospecha cometieron los acusados días previos en la localidad de Añatuya, población rural distante a 150 kilómetros al sur de la capital santiagueña.

De acuerdo a la acusación fiscal, Britos fue asesinado el 9 de marzo de 1988, a orillas del río Salado, a la altura del paraje “El Bañado”, cuando regresaba de pescar junto a sus amigos Gallo y Yapur.

Durante años, la Justicia santiagueña mantuvo firme la hipótesis de que Britos murió fulminado por la caída de un rayo, en medio de una tormenta que se abatió cuando regresaba de pescar, en horas de la tarde.

En estas dos décadas, los familiares de Britos y la agrupación Madres del Dolor denunciaron que “no se trató de un accidente” y en varias marchas del silencio indicaron al ex policía Yapur como a uno de los autores del asesinato.

En la última audiencia, Gallo escuchó de pie la sentencia absolutoria a su favor, en medio de gritos y abucheos de familiares y amigos de la víctima que consideraron “injusto” el fallo del tribunal de alzada presidido por Roberto Pérez Roberti.

El proceso judicial contó durante su realización con la presencia de veedores de la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación y representantes de distintas organizaciones intermedias, que en su momento reclamaron el esclarecimiento de la compleja causa.

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