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Historias de boxeo

Piña y lona: el día que noquearon a Tyson

En 1990 y en Tokio, el ignoto James “Buster” Douglas daba la sorpresa al derrotar a “Iron Man”.


11 de febrero de 1990. La ciudad de Tokio lucía la agitación de sus millones de habitantes. “El retador tomó el control de las acciones en el ring. Desde el comienzo con un jab punzante e incisivo hizo valer su mayor envergadura física…”.

Mike Tyson, en medio de una agitada situación personal, enfrentaba por el título mundial al ignoto James “Buster” Douglas. Favorito 42 a 1 en las apuestas, era el fiel reflejo de lo que pensaba el aficionado, el periodismo y el mundo del boxeo sobre esta pelea. La mayoría imaginó una rápida definición de “Iron Man”.

El demoledor Tyson llegaba arrastrando enormes dificultades financieras y judiciales. Luego de su victoria ante Spinks, demandó legalmente a Bill Clayton, su mánager, con la idea de romper el contrato que los unía. Sin dudas, síntomas alarmantes del confuso estado emocional que atravesaba. En una pelea callejera con su ex rival Mitch Green se había fracturado la mano derecha y unos meses después, estrelló su lujoso BMW contra un árbol. Circulaban rumores sobre consumo de drogas e intento de suicidio. Como si todo fuera poco, su esposa Robin Givens y su suegra le exigían el pago de un adelanto de una casa valuada en tres millones de dólares. El final de este entredicho encontró a Tyson arrojando muebles por la ventana y expulsando a las dos mujeres de la casa. Fue allí cuando en una entrevista televisiva Givens declaró: “Mi marida es maníaco depresivo y le tengo mucho miedo”.

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Una semana después llegaría la demanda de divorcio solicitado por la modelo Robin Givens. Comenzaron meses de litigio, paseos por los pasillos de tribunales y juzgados. Fuertes declaraciones y desgastantes situaciones rodearon cada uno de esos pasos.

“Con el correr de los rounds, el ojo izquierdo de Tyson comenzó a inflamarse, haciéndole la pelea complicada. En el cierre del octavo capítulo, cuando el panorama de Mike Tyson oscurecía, un violento uppercut de derecha sorprendió a Douglas y lo mandó a la lona. La cuenta exageradamente pausada del árbitro Octavio Meyran permitió que se levantara. La campana lo salvó.

Don King se convirtió en el nuevo mánager de Tyson. Dos mujeres lo demandaron por agravios e insultos en Nueva York. El nuevo año llegó con esperanzas. Se concretó el divorcio con Robin Givens y enseguida noqueó al inglés Frank Bruno en cinco vueltas, en Las Vegas. Su triunfo fue claro y sin objeciones. No obstante, quedó rodeado de comentarios desfavorables sobre sus dos nuevos entrenadores: James Bright y Aaron Snowell. Las críticas se centraban en el deficiente estado físico de Tyson y en el suponer que había abandonado su estilo agresivo, de combinaciones ásperas y ofensivas enérgicas. Decían que sólo buscaba una mano salvadora. En síntesis: lo acusaban de abandonar el camino marcado por Cus D’Amato, su padre deportivo, que fuera continuado por Kevin Rooney.

Los problemas estaban a la orden del día. En Los Ángeles, Tyson era acusado de golpear a un empleado de una playa de estacionamiento porque le solicitó correr su lujoso Mercedes Benz.

“Todos se equivocan. Mi ansia de gloria está intacta. Mi estilo no ha cambiado nada”, decía a los vientos el hombre de acero.

Un categórico nocaut en el primer round a Carl Williams en Atlantic City no sólo le dio un respiro, sino pareció afirmar su postura ganadora.

“Llegó el décimo capítulo. Douglas, recuperado, retomó su inicial ofensiva. Confiado en sus fuerzas, le perdió el miedo al rival. Comenzó a castigar con dureza. Cada golpe llevaba convicción y firmeza. Un ascendente de mano derecha paralizó a Mike. Una combinación de golpes se cerró con una izquierda abierta que depositó  en el piso a Tyson. Era la primera vez en su carrera deportiva que visitaba ese lugar. El conteo, largo y exagerado de un árbitro que luego no dirigió más por ese motivo, intentó darle respiro a un hombre sentido”.

Mike Tyson estaba irremediablemente derrotado. La imagen cruel y significativa de Tyson buscando e intentando colocarse el protector bucal ha quedado en las retinas del mundo. Todo pasó. Es historia. James “Buster” Douglas había logrado con su nocaut dar la sorpresa en Tokio. Había paralizado y conmovido al universo del boxeo.

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