Policiales

Profesión en decadencia

Piden 20 años de prisión para Mono, notorio asalta bancos

Sergio es un cañero de la zona noroeste de Rosario al que la Fiscalía acusó de perpetrar una saga de robos espectaculares a diversas entidades bancarias de la región protagonizada en 2015.


El Credicop de Pérez, último golpe de Mono.

Comenzó el juicio contra Sergio Martín Cañete, un cañero de 32 años que pese a su edad, se granjeó fama de atracador bancos, una profesión delictual hoy en decadencia ante la tentación del hampa de inclinarse por los jugosos dividendos del narcotráfico; el desarrollo de los sistemas de vigilancia y la devaluación del peso, que empobreció el valor de los botines. Mono, como se conoce a Cañete, es un vecino histórico de la zona noroeste de Rosario al que la Fiscalía acusó de perpetrar una saga de robos espectaculares a diversas entidades bancarias de la región protagonizada en 2015. El hampón cayó detenido ese año tras un golpe a la sucursal del banco Credicop en Pérez.

Los fiscales Aníbal Vescovo, Valeria Haurigot y Cecilia Brindisi, de la Unidad de Investigación y Juicio, acusaron a Cañete, alias Mono, de una saga de golpes que cobró notoriedad en la crónica policial y sorprendió a los investigadores a mediados de 2015 hasta que en agosto de ese año lograron desbaratar a la banda. La pena que pidieron ante los jueces Alejandro Negroni, Hernan Postma y Luis María Caterina es ambiciosa como los golpes del acusado: 20 años de prisión.

El primero de los golpes que se le atribuye fue el 8 de mayo de 2015. Cinco hampones irrumpieron en la sucursal del banco Municipal de Juan José Paso 5753, golpearon a un vigilador privado, redujeron a los pocos clientes y rompieron a mazazos la puerta del tesoro para huir con un botín de 1.800.000 pesos.

“Algunas versiones indicaron que entre los ladrones había una mujer y que algunos estaban disfrazados: uno con el uniforme de la empresa de correos OCA, otro llevaba ropas de recolector de residuos y el tercero tenía vestimenta similar al uniforme de fajina de la Policía provincial”, dice la crónica publicada entonces en El Ciudadano.

El 8 de julio de 2015, seis atracadores ingresaron en la sucursal del Macro de Roldán, pero como alguien accionó la alarma los ladrones huyeron sólo con 70 mil pesos de un cliente y la billetera de una mujer a la que tomaron unos metros como rehén. El robo tuvo un gran despliegue para un magro botín.

“Fueron dos minutos los que estuvieron”, dijo uno de los clientes porque la alarma fue accionada y los ladrones tuvieron que correr. Manotearon un maletín y le llevaron unos 70 mil pesos a un hombre. Un bolso verde y otro azul quedaron en el piso del banco. En 2016 dos hombres fueron condenados en un juicio abreviado por este golpe.

El 27 de agosto de 2015 Mono cayó en desgracia, luego de un ingenioso golpe al Credicop de Pérez. La escena no era tan inusual pero llamó la atención de los presentes: un hombre empujaba una silla de ruedas en la que iba otro; cuando traspasaban la línea de cajeros entró un tercero con una pistola en la mano. Fue la señal para que comenzara el asalto, al que se incorporó un cuarto ladrón. Redujeron, incluso a punta de ametralladora, al custodio, a unos pocos clientes y a los empleados. Obligaron a una bancaria a abrir la puerta de la antesala del tesoro y se hicieron con unos buenos billetes para huir en un Ford Focus en menos de cinco minutos. Pero los teléfonos del Mono estaban intervenidos desde hacía una semana y había cuatro retenes apostados en los alrededores. Luego de una persecución, terminaron detenidos cuatro hombres, entre ellos el Mono, cabecilla de la gavilla, un policía federal jubilado de San Nicolás y un adolescente. En ese momento el monto sustraído no trascendió y hoy la Fiscalía informó que eran 200.000 mil pesos y 5.000 dólares.

Los detectives habían reconocido a Cañete en filmaciones y sabían que iban a robar un banco –el séptimo asalto en una entidad de la segunda circunscripción judicial en el año–, pero no tenían claro cuándo ni dónde iba a ser. Contaban con este dato luego de que investigadores del área de Narcocriminalidad de la Policía Federal les acercaran una serie de escuchas entre un traficante rosarino, identificado como Fabri, y Mono, al que se escucha cómo fue equipándose para el robo: consigue una silla de ruedas, un cuello ortopédico, maquillaje, un auto y armamento.

En suma, a Mono la Fiscalía le imputó los delitos de robo calificado por dos hechos, tentativa de robo calificado, portación Ilegítima de arma de fuego y resistencia a la autoridad. Es defendido por Hernán Soto, de la defensa pública.

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