El Hincha

Historias de boxeo

Piceda, un grande en serio

Rosarino por adopción, se destacó en la década del 40 como uno de los mejores boxeadores argentinos. Desde este sábado, una calle de Tablada llevará su nombre


Néstor Jaime Giuria

La típica historia de inmigrantes volvió a repetirse. Elena Rossi y Martín Piceda llegaron de Italia por caminos diferentes. Se encontraron, se casaron y se radicaron en Las Toscas. En esa norteña ciudad santafesina creció Amelio Constantino Piceda junto a sus hermanos. Familia laboriosa, humilde y numerosa. A los ocho años, conoció el mundo de los guantes. Se entusiasmó, se interesó y nunca más lo dejó.

José Pinasco lo acompañó como entrenador en sus primeros pasos. El nocaut categórico en un festival amateur despertó el sueño de su carrera. Se mudaron a Rosario a la calle Dean Funes 438, corazón de la zona sur de la ciudad. Sus hermanos Domingo y Mario también comenzaron a boxear. Decidió identificarse como “Kid Noli”, para evitar confusiones.

El club Sportsman Boxing lo recibió en 1932. Comenzó a ser conocido. Sus presentaciones llevaban la adrenalina de la emoción y el nocaut. Como amateur hilvanó los títulos Rosarino, Argentino, Sudamericano, Panamericano e Internacional, éste último en Chicago, (Estados Unidos).

El año 1940 lo encontró como figura destacada del profesionalismo y aceptando pelear con quien le ofrecieran. “Siempre quise medirme con los mejores. Nunca elegí rivales”, aseguró años después Piceda.

Una tarde en su casa natal se produjo una reunión cumbre, que resultaría decisiva en su futuro. Estaban presentes su hermano Domingo, convertido en su representante; don Juan Umberto Natale, histórico promotor-manager; Pepe Lectoure por el Luna Park y el periodista rosarino José Fanelli. Cambiaron ideas y propuestas. Amelio Piceda y Juan Natale firmaron un contrato. Ese día comenzó una destacada campaña rentada.

Debutó en el Luna el 7 de marzo de 1940, ganándole a Salvador Ceppi. Cobró once pesos. Pepe Lectoure le prestó ochenta para cubrir los gastos de pasaje y estadía. Comienza a destacarse. El periodismo porteño fija sus ojos y comentarios en cada actuación. El 1° de junio derrota al campeón argentino welter Jaime Averboch en un gran combate. El choque fue muy promocionado, ya que en el amateurismo habían sido rivales en peleas muy duras.

Se afianzó con dos triunfos resonantes sobre el cubano Buides Mora y el chileno Simón Guerra. Sin dudas el año 40 fue una bisagra en su trayectoria. El 2 de noviembre se consagró en el Luna Park definitivamente. Con 23 años y nueve peleas, derrota al santiagueño Francisco “El Expreso Payucano” Suárez, un áspero y recio peleador. La revancha no se hizo esperar. Una multitud colmó el estadio de Avenida Corrientes y Bouchard el 8 de febrero de 1941. Empataron.

Amelio Piceda, ahora dirigido por Juan Umberto Natale y Alejandro Ammi, logró la chance de pelear por el título argentino welter que estaba vacante. Doce intensos rounds le dieron el triunfo por puntos ante Guillermo “La Vieja” López un 12 de diciembre de 1944. Lo defendió exitosamente en tres ocasiones. Fue campeón hasta su retiro en 1951.

Cruzó guantes con los mejores de la época: Mario Díaz, Kid Azteca y Kid Cachetada, entre otros. No obstante fue una derrota la que dejó marcado su incuestionable coraje y temperamento. Alfonso Senatore, tremendo pegador, lo enfrentó el 24 de mayo de 1945. Lo tuvo a maltraer. Piceda fue a la lona en el cuarto capítulo. Se recuperó, niveló y sacó una leve ventaja en los últimos rounds. Pero cuando lo aconsejable era especular y mantener la ventaja, pudo más su instinto guerrero y peleador. En el último fue a buscar a Senatore. Se la jugó a suerte o verdad. Encontró una tremenda mano que lo puso dormir.

Un cronista del momento escribió: “Hoy la estructura del Luna Park crujió”. Y aquí la anécdota: mi amigo y enorme periodista Carlos Irusta contó: “Héctor Reparaz, prestigioso médico integrado al boxeo, siempre le hacía besar una medallita de la Virgen de Lujan antes de cada pelea. Esa noche la perdió y no pudo hacerlo. Consiguió otra, la hizo bendecir y se repitió la cábala en la revancha con Senatore. Ganó Amelio Piceda y retuvo la corona argentina”.

La noche del 15 de enero de 1944 quedó en la historia. Triste y dramática. A las 20 horas y 45 minutos, un sismo que duró treinta segundos trajo una tragedia inesperada. Se produjo en la ciudad de San Juan y murieron cerca de 10.000 personas. Se calcularon en 20.000 los heridos y 13.000 viviendas fueron destruidas. Fue uno de los mayores desastres naturales del país. El noventa por ciento de la capital cuyana desapareció entre escombros y el horror. Todos los sectores sociales se conmovieron y afloró la solidaridad del pueblo criollo. De infinitos lugares llegaron muestras de ayuda. El secretario de estado de Trabajo y Previsión de la Nación, el coronel Juan Domingo Perón, organizó la campaña de recuperación, patrocinando entre otras medidas, festivales y colectas para asistir a los damnificados.

El boxeo argentino no se quedó atrás. El sábado 25 de enero armó un festival en el Luna Park a beneficio, con figuras estelares. Amelio Piceda, invicto en 36 peleas, dijo presente. Combatió con el cordobés Domingo Archino. Empataron. Los pugilistas donaron sus bolsas. A Piceda le quedó el recuerdo imborrable de haber ayudado a la causa común y de recibir el saludo y el reconocimiento personal de Perón.

El tiempo inexorable parecía decirle que llegaba el final de su carrera. Sin embargo, aún le quedaba una epopeya. El 6 de diciembre de 1947, en vibrante pelea, le quitó el invicto a Eduardo “El Zurdo” Lausse, que llegó esa noche con quince victorias por nocaut y dos por puntos. Realizó dos presentaciones más en 1951. La última marcó el retiro, ganándole por decisión a José Alamo Medina en el Luna Park.

Fue concejal de Rosario y directivo del Sindicato de Trabajadores Municipales. Atrás quedó una rica historia que comenzó junto a su familia, escapándole a la explotación humana sin límite de la empresa británica La Forestal y al hambre y miseria que golpeaba a los laburantes en Las Toscas. Una calle lleva su nombre en el barrio rosarino La Tablada.

Amelio Piceda, símbolo de Rosario. Puesto a consideración de las nuevas generaciones. Recordando que alguna vez, Tito Lectoure en su homenaje, designó con su nombre uno de los torneos más importantes organizado por la empresa Luna Park.

Falleció en Villa Gobernador Gálvez el 3 de marzo de 1985 a los 67 años. Rosarino por arraigo y adopción. Alguna vez compartiendo un café me dijo: “Lo mío ya pasó. Estoy muy satisfecho con lo que hice. Siempre puse lo mejor en cada pelea. Simplemente quiero que me recuerden como un buen deportista y lindo sería también… como un buen tipo”. Maestro, quédese tranquilo. Así lo recordamos todos.

 

Merecido homenaje para “Kid Noli”

Hace años que se llamaba así, pero recién a partir de este sábado llevará oficialmente su nombre. Amelio Piceda, toda una leyenda del boxeo argentino, tendrá su calle en el corazón de la zona que también supo ser su propio barrio durante mucho tiempo: Tablada. Un gran campeón del boxeo criollo en la década del 40, concejal de Rosario y dirigente del Sindicato de Trabajadores Municipales una vez que colgó los guantes. “Kid Noli” fue todo un personaje de la ciudad y por eso la Municipalidad invita a todos a la inauguración que se llevará a cabo desde las 10 en Seguí al 300 bis.

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