Ciudad

A la vista

Pibes que buscan un cambio

Los Pintores del Ludueña son un grupo de jóvenes y adolescentes que a través del arte intentan dejar las calles en un barrio, Ludueña, que tuvo un antes y un después tras el asesinato de la militante Mercedes Delgado en enero de 2013.


La muerte de Mercedes Delgado cuando salía de su casa de Garzón al 400 bis el 9 de enero de 2013 marcó un antes y un después en la vida de los vecinos del Ludueña, el popular barrio de la zona oeste de la ciudad. El día en que fue asesinada había quedado en medio de una balacera ligada la disputa territorial por la venta de drogas. Pero Mercedes no era una más: desde hacía años había decidido poner el cuerpo y el alma para mejorar la calidad de vida de sus hijos y de los demás: cocinaba y colaboraba en el centro comunitario San Cayetano, otro lugar emblemático de la zona.

Tarde para lamentos pero no para el cambio, muchos adolescentes que fueron sacudidos por ese hecho empezaron a participar de diversos talleres del programa Juventudes Incluidas y dejaron de ser “los pibes que se juntaban en las esquinas” para convertirse en Los Pintores del Ludueña, un mote que hoy los identifica en el oficio de letristas, expertos en murales y, a algunos, como integrantes de una cooperativa de fabricación de pasacalles.

Los chicos son Franco, Leíto, Gárgola, Cacher, Bebo, Leo, Milanesa, Víctor, Nico, Bote, Fede, Palomín, Patricio, Paco, Diego y José y ellos mismos confiesan que les gustaría que los talleres que se dictan dos veces a la semana fueran más porque de esa manera estarían “menos tiempo en la calle”. Pero la iniciativa que los llevó a dar un giro en sus vidas hizo que los mismos vecinos –que antes evitaban los lugares en donde se juntaban– ahora los miren de otro modo: con admiración y orgullo por el empeño que ponen.

Hoy, Los Pintores del Ludueña dejan su marca en cada esquina en la que hasta hace unos años “vagueaban” y lo hacen con murales que, de vivir Antonio Berni, seguramente los aplaudiría porque son dibujos que tienen un objetivo concreto. “No queremos que la gente piense que acá somos todos choros. Acá hay gente buena y los murales que hacemos son un poco para mostrar nuestra identidad: que hacemos arte, pintamos y si pudiéramos laburar es lo primero que querríamos hacer”, agrega uno de los pibes.

“Y que no se nos vaya la mano en los murales poniendo groserías o cosas que no corresponden. Por ejemplo: en uno pintamos un revólver, pero que tiraba corazones”, dice Patricio, que con 17 años es uno de los que más participa en la entrevista. También cuenta que terminó la secundaria y que lo que más desea en la vida es conseguir un trabajo, al tiempo que confiesa que no hay que esperar que pase algo demasiado malo para cambiar. “En mi familia mi viejo no está y mis hermanos tenían siempre problemas con las drogas y no respetaban a la madre. Se murió uno de mis hermanos y ahí se pusieron las pilas, tuvieron hijos y empezaron a respetar a la madre. ¿Pero por qué hay que llegar a ese límite para cambiar?”, reflexiona el joven a quienes casi todos lo conocen como Pato.

Natalia Lapolla, una de las responsables de las actividades, que dependen de la Secretaría de Seguridad Comunitaria de la provincia, cuenta que a raíz de conocer los gustos y las habilidades de los chicos se contactaron con Rodolfo Savedra, un artista que tiene un conocimiento muy profundo sobre la problemática del Ludueña.

Ahora, lo único que quieren los pibes es trabajar y coinciden que es la única manera “de que te vean como a un igual”.

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