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Pelea entre militantes del teatro por la fortuna de Fort

Los participantes del grupo de gestión del teatro Diagonal, donde el millonario actúa, se acusan unos a otros de haber rematado a un “capitalista” la sala que construyeron los obreros marplatenses de principios del siglo XX.

Los anarquistas marplatenses de principios de siglo XX, obreros que arribaron desde Buenos Aires para trabajar como peones de la aristocracia veraneante, ardieron entre debates en ese espacio que ahora recibe camiones, técnicos, paparazis, vedettes y cuerpos quirúrgicamente torneados, tostados un poco al sol y otro poco gracias a la magia de alguna pomada. El circo ruidoso de Ricardo Fort invadió hasta el último pasillo del teatro Diagonal y el escándalo desatado –una parte de él– no se emite por TV. Se cocina en blogs y en foros de diarios locales, donde los viejos integrantes de la cooperativa que gestionó la sala durante casi un siglo se acusan unos a otros de haber cedido el inmueble, vía gobierno bonaerense, al mejor postor: en este caso, alegan, a un hijo del capitalismo más recalcitrante.

Esa disputa, que no rebota todavía en las tribunas del show business estival -aunque en cuanto Fort le encuentre la veta, beberá de ella como vitamina–, mantiene encendido a un sector del grupo de gestión del teatro que lee la avanzada del hombre chocolatín como el fin de un sueño de construcción colectiva. Ajeno a todo, el heredero de Felfort, un Willy Wonka tatuado y frívolo, estrenó finalmente su obra, Fortuna, el jueves en la feliz con críticas dispares. Y los viejos anarquistas de la casa de la cultura, ya resignados, lo lamentaron.

Alejandro Polinari dice que es un libertario. Pero en lo formal, además, es el vocero del grupo de gestión que ahora se fragmentó con la llegada del tío rico. “La comisión directiva –responde cuando se le pregunta qué pasa en el Diagonal– tomó la decisión de alquilar una franja horaria del teatro a Fort, y eso causó una ruptura total en nuestro grupo. Se fue gente de todos lados, se fueron los anarquistas y hubo renuncias incluso en la comisión misma. Quedamos sueltos unos pocos, pero acatando las decisiones en disidencia porque no podemos aceptar esto. Públicamente, nos parece un horror. Es la antípoda ideológica de la esencia de esta casa”.

La troupe de Fort dispondrá del espacio teatral cuatro días a la semana: jueves, viernes, sábado y domingo. El resto de los días, el Diagonal tiene una programación propia basada en puestas independientes, que incluyen tango, flamenco y musical para chicos. “Por eso no nos fuimos: porque es necesario ayudar a esos emprendimientos”, dice Polinari. “El espacio estaba gestionando por un grupo asambleario donde nos dividíamos las tareas y llevábamos adelante el teatro. Pero pasó esto, una pena. Ellos dicen que las razones son que la biblioteca necesita fondos urgentes para arreglar el ascensor, que llueven los techos. Los argumentos son válidos. Pero estamos en contra del procedimiento y de la persona a la que se lo entregaron”, agrega.

La historia. En 1911, Mar del Plata se convirtió en el balneario de veraneo de las clases privilegiadas que, huyendo de los aires de guerra que azotaban Europa, eligieron la zona como alternativa ociosa y comenzaron a poblarla de mansiones. Eso promovió el asentamiento de una clase trabajadora dedicada sobre todo a la construcción y al turismo. En ese contexto fue fundada la Biblioteca Popular Juventud Moderna, que aún hoy vive de los ingresos del teatro: como un ámbito propicio para la integración social, el debate, la difusión de ideas revolucionarias y la expresión cultural.

En la Casa del Pueblo –así la llamaban– la gente encontraba además los medios para defenderse en instancias laborales, las herramientas intelectuales para completar su educación o simplemente el espacio donde reposar un rato, leyendo literatura de la época.

Alrededor de 1940, en Diagonal Pueyrredón y Bolívar, se levantó un amplio salón de usos múltiples que comenzó a ser usado para asambleas sindicales, reuniones fomentistas, conferencias, teatro y comidas de camaradería, entre otras actividades. Un incendio lo destruyó parcialmente en 1963, y el Diagonal debió ser reconstruido con un préstamo otorgado por el Fondo Nacional de las Artes. En los años noventa, la biblioteca subsistió a duras penas, pero el teatro quedó en el olvido. Estuvo quince años cerrado hasta que el 8 de febrero de 2008 reabrió sus puertas un grupo de gente vinculada con la cultura. Sin respaldo alguno, ensayaron un ejercicio de autogestión con la idea de recuperar cartel y de relanzar un ámbito propicio para la discusión de políticas culturales. Pero llegó Fort… y bueno.

Descargos. Julio Benítez, presidente de la comisión administrativa de la Biblioteca Juventud Popular Moderna, que se mantiene, claro, gracias a lo que ingresa en el teatro, recuerda aquella vez: corría 1973, marcó el teléfono de la redacción de Clarín y llamó a Osvaldo Bayer, por entonces periodista, para invitarlo a presentar el primer volumen de La Patagonia rebelde. Ahora lamenta de que ciertos planteos “sean muy cerradamente ideológicos”. Lo acusan de haber sucumbido a los billetes de Fort.

Pero el hombre suspira. “Me tiene un poco harto todo esto –suelta–; acá no pasó nada. Se había constituido un grupo para dar una mano y preparar algunas tareas. Estuvimos trabajando un año y medio y el verano pasado se hicieron un par de contratos que no estuvieron a la altura de lo que necesitábamos. No alcanzaban ni a sostener la biblioteca. Apareció esta gente, hicieron una oferta que resultó conveniente y resolvimos alquilarle. Le alquilamos por dos meses y algunos se enojaron, pero allá ellos”.

– ¿A ustedes les causa alguna contradicción que el inquilino sea Fort?

–A nosotros no nos molesta para nada.

– ¿Pagó?

–Antes de sentarse a conversar. Por adelantado. Y además nos va a dejar el teatro bastante arreglado. Hizo camarines nuevos. Rehabilitamos trámites municipales. Estamos al día con todo.

Benítez está cansado. No quiere escuchar nada sobre los militantes anarquistas y socialistas que manejan la biblioteca y que putean a medio Mar del Plata y también al gobierno de Daniel Scioli por el desembarco de Fort en la casa de la cultura. Está convencido, Benítez, de que hicieron lo correcto. Tiene que cortar. Es miércoles y no es día de Fort. La cartelera del Diagonal, mientras tanto, propone para esta noche una cita con el flamenco español. La gente vuelve de la playa con la reposera debajo del brazo y se detiene para leer la marquesina que anuncia, diminuta, a un costado del gran cartelón de Fortuna, una versión en ballet de La casa de Bernarda Alba.

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