Economía

Oro blanco: utilización y producción geoestratégica para el desarrollo nacional

La Argentina, ubicada en el Triángulo del Litio, así conocido por poseer alrededor del 68% de las reservas a nivel mundial (Bolivia 30%, Chile 21% y Argentina 17%), cuenta con la inmejorable oportunidad de posicionarse como un actor relevante en esta industria


Gastón Aldana y Rodolfo Pablo Treber

Fundación Pueblos del Sur (*)

Especial para El Ciudadano

El llamado oro blanco cobra mayor importancia a nivel mundial por su utilización en la creciente industria electrónica y por constituirse como una alternativa, limpia y eficiente, a los convencionales hidrocarburos contaminantes. La Argentina, ubicada en el Triángulo del Litio, así conocido por poseer alrededor del 68% de las reservas a nivel mundial (Bolivia 30%, Chile 21% y Argentina 17%), cuenta con la inmejorable oportunidad de posicionarse como un actor relevante en esta industria, generar mayor valor agregado a sus productos y crear miles de puestos de trabajo genuinos y de calidad.

Dado que es un recurso esencial para la producción de baterías en los sectores automotrices y electrónicos, las grandes multinacionales apuntan sus billeteras y ojos a esta región del mundo. Además, la Argentina presenta una gran concentración de litio con pocas impurezas, por lo que su extracción es de bajo costo en comparación con otras regiones.

Antes de continuar, cabe aclarar la diferencia entre recurso y reserva: mientras el primero es la cantidad del elemento que existe en la naturaleza, el segundo pone en foco la cantidad que se puede extraer dependiendo de la rentabilidad que posea y la tecnología disponible. Una reserva puede crecer por dos motivos, el primero es la exploración del recurso, y el segundo es la disminución del costo de extracción.

Actualmente, la Argentina se dedica principalmente a la producción y exportación de dos subproductos, el carbonato y cloruro de litio (el primero constituye el 93% del total). Más allá de su pequeño valor agregado, no existen productos industrializados a partir de ese proceso primario. Al mismo tiempo existen alrededor de 60 proyectos mineros para la extracción y producción en el territorio nacional, principalmente en las provincias de Jujuy, Salta y Catamarca. Entre los más importantes se encuentran Olaroz, en la provincia jujeña, y Fénix, en Catamarca, el cual se encuentra en producción. El emprendimiento del suelo catamarqueño es operado por la empresa estadounidense Livent, mientras que en el caso de Olaroz, es explotado por la minera australiana Orocobre, la automotriz japonesa Toyota y la empresa jujeña del Estado provincial, Jujuy Energía y Minería Sociedad del Estado (Jemse) en conjunto con la italiana Seri.

El actual saqueo es consecuencia de la implementación del Código Minero en la década del 90, que permitió la llegada de transnacionales al país, acompañando con desregulaciones de todo tipo y leyes muy flexibles, a la medida de las empresas mineras. El vaciamiento de nuestros recursos naturales a precio vil es una gran herencia de las políticas neoliberales, que no sólo afectaron a nuestro país sin jamás revertirse, sino que también a toda la región, no sólo por la explotación masiva sino por la desocupación inoculada a través de la industrialización foránea de la materia prima extraída. Prueba de esto es que el 95% de las exportaciones de litio se dirigen hacia países que poseen empresas dedicadas a la producción de baterías, tanto para la industria automotriz como la electrónica: Estados Unidos, Japón, China y Corea del Sur. Un claro ejemplo son las automotrices japonesas Toyota y Mitsubishi que realizan una integración vertical de su industria, asegurándose suministros de litio a través de la explotación del recurso en el norte argentino.

A contramano de esta realidad, una política que defienda el interés nacional debería optar por el aprovechamiento de la enorme presencia del recurso con el objetivo de potenciar la producción local de baterías y otros elementos, que generen mayor valor agregado y, así, nuevos puestos de trabajo para el pueblo argentino a partir de la sustitución de importaciones. La tierra nos ofrece en sus pegmatitas y salmueras el litio, el cual se dirige desde las salinas de la Puna hasta los productos electrónicos industriales importados. No debe continuar así.

Con la necesaria voluntad política, el Estado, en conjunto con el Instituto Nacional de Tecnología Industrial (Inti), puede gestionar la producción para la Argentina y promover la integración regional en la utilización del recurso. La capacidad técnica histórica y el enorme poder científico nacional son la combinación perfecta para proporcionar ese despegue que necesita el litio a escala industrial. Es de suma importancia iniciar este camino para lograr hacernos cargo de todos los pasos de la cadena de valor del litio, tanto la extracción como la obtención de químicos (carbonato de litio), producción de cátodos, celdas, y finalmente la producción de baterías.

A su vez, esta es la única manera de terminar con el daño y destrucción que ejercen las multinacionales sobre el medio ambiente, que sólo buscan un objetivo de renta inmediata. En este sentido, las Universidades e Institutos Nacionales pueden cumplir un rol central. Por ejemplo, el Instituto de Química Física de los Materiales, Medio Ambiente y Energía (Inquimae) del Conicet, que investiga en el área del litio, y desarrolló una técnica destinada a la extracción del metal, en equilibrio con la naturaleza, a partir del electrólisis de salmueras de salares, sin afectar la composición con ciertos residuos y reduciendo el uso del agua; ya que, tradicionalmente, cada gramo de litio se extrae de un litro de salmuera, utilizando millones de litros de agua.

Vislumbrar la política nacional en sus diversas posibilidades junto a la integración latinoamericana nos aporta un poder de fuego en la defensa de la Pachamama frente a la depredación imperialista. Así como la semilla de la nacionalización de los hidrocarburos fue la YPF argentina y luego siguieron Pemex en México, Petrobras en Brasil, Ancap en Uruguay e YPFB en Bolivia; hoy la Corporación Minera de Bolivia (Comibol), ya existente, puede ser punto de partida del nacimiento de otras corporaciones mineras en Argentina y en Chile, estatales, sustentables y antiimperialistas, llevando a cabo la metamorfosis del litio y de otros minerales, pudiendo articular con transferencia tecnológica eslabones de la cadena de valor y logística.

La conciencia popular sobre la cantidad e importancia del recurso que poseemos es el necesario primer paso hacia el comienzo de una fuerte producción del litio; no sólo como un elemento fundamental en cuanto a lo energético sino también en la generación de trabajo en la industria electrónica y gestión geoestratégica de un elemento cada vez más codiciado a nivel mundial.

El ejercicio pleno de nuestra soberanía política, junto a una eficiente integración industrial regional, nos dará el factor de escala necesario para enfrentar y vencer a las multinacionales que desde hace décadas nos someten a su voluntad. Tenemos los recursos y la capacidad para lograrlo.

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