Edición Impresa, Policiales

Hurto de animales

Once lechones en el baúl de un patrullero

Pidieron dinero a cambio de rescatar animales pero llegaron muertos.


Hace dos años, la Justicia de Casilda condenaba al comisario de Chabás en funciones y a un agente de esa dependencia policial por haber pedido coimas a un productor agropecuario a cambio de recuperarle parte del ganado que le habían robado. Esta semana, la Cámara de Apelaciones de Rosario confirmó la pena a un año de prisión condicional y otros dos de inhabilitación para ejercer cargos públicos contra los dos policías santafesinos. La maniobra que pretendieron montar tuvo lugar en octubre de 2014 cuando le pidieron 1.500 pesos a una familia de Sanford por “hacerles una gauchada” que era devolverles parte del ganado que les habían robado. Tras pautar un lugar de entrega, el comisario Norberto César Ramos, de 45 años, y el agente Gonzalo Ríos, de 31, llegaron al lugar para entregar nueve lechones y cuatro pollos. Pero al abrir el móvil policial notaron que cinco chanchos habían muerto como consecuencia de la asfixia provocada por los policías al colocarlos dentro de bolsas en el baúl del vehículo, agravado por el intenso calor que hizo durante el día.

Como el dueño de los animales no les pagó el dinero que le habían pedido, los policías comenzaron a intimarlo de forma telefónica, lo que motivó una denuncia penal. La causa derivó en una condena dictada por el juez de Casilda Carlos Pareto quien halló culpables a los policías del delito de exacciones ilegales, el comisario como autor, y el agente como cómplice. Las defensas de ambos uniformados apelaron la resolución sin éxito, ya que esta semana los jueces de alzada Carlos Carbone, Daniel Acosta y Carina Lurati lo confirmaron.

El golpe

El hecho ocurrió el 27 de octubre de 2014 cuando el por entonces titular de la comisaría 4ª de Chabás, Norberto Ramos, le pidió a Miguel Ángel Orlandoni la suma de 1.500 pesos a cambio de recuperar animales y otros elementos que le habían robado hacía cinco días en su establecimiento rural de Sanford, donde les faltaron 90 pollos y 11 lechones.

Si bien Orlandoni ya había radicado la denuncia en la comisaría de su pueblo, por averiguaciones personales se había enterado de que sus animales estaban en un campo de Chabás, donde fue junto a su hijo Jonatan haciéndose pasar por compradores interesados. Tras confirmar que los animales eran suyos, se dirigieron a la comisaría del lugar y pusieron al tanto al comisario. Pero la respuesta los dejó helados. El jefe policial les pidió una “colaboración para los gastos” y un número de teléfono para comunicarse con ellos y pautar la entrega.

A ese teléfono llamaron desde la comisaría de Chabás y acordaron encontrarse en una estación de servicio abandonada de Sanford, donde el agente Ríos, junto a otro empleado policial que no quedó involucrado en la causa, llegó a bordo de un móvil policial. De los 90 pollos que les habían robado sólo le entregaron cuatro, y nueve de los 11 lechones que habían sido sustraídos junto a herramientas de trabajo que tampoco aparecieron. Y sólo cuatro de esos chanchos estaban vivos, ya que cinco murieron asfixiados en el camino porque los guardaron embolsados en el baúl y en un día de intenso calor que resultó letal.

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