Ciudad, Edición Impresa

Bajarse del carro

Ocho cooperativas, 1.300 carreros y adiós a los caballos

Abandonaron la recolección informal de residuos y cambiaron su actividad laboral aprendiendo oficios como alternativa.


Un total de 1.355 carreros abandonaron la recolección informal de residuos y conformaron 8 cooperativas de trabajo a partir de su incorporación al programa municipal Andando, destinado a la eliminación de la tracción a sangre en la ciudad. En rubros como jardinería, albañilería, pastelería, y reciclado, entre otros, los ex carreros de diversos barrios se agruparon para iniciar una etapa autogestiva, en algunos casos concluida y en otros aún en formación. Así, se agrupan en las cooperativas de trabajo Compañeros Recicladores, María del Rosario, El Rancho, Creciendo en La Lagunita, Nueva Jerusalén, Playón 16,  Los Chicos Libres y Cristo Rey.

En una actividad organizada por la Secretaría de Economía Social, el pasado jueves, los cooperativistas compartieron sus experiencias de trabajo.

Trabajo digno

“El desafío fue dejar el carro para tener un trabajo digno. Es una experiencia linda y a la vez una mejor vida”, expresó Alejandro, uno de los integrantes de la cooperativa de trabajo María del Rosario, donde desde hace 9 meses realiza tareas de albañilería y pintura. Con 45 años, Alejandro se animó a abandonar la recolección informal de residuos, oficio que ejercía desde los 10, para iniciarse en el camino cooperativo a través del programa Andando. La experiencia, que comparte con su esposa y dos hijos, junto con otras 8 familias, fue una de las pioneras de las 8 cooperativas de ex carreros conformadas hasta el momento.

“Empecé con el mantenimiento de la bicisenda y estoy pintando los escraches de las mujeres. Ahora estoy trabajando con el Sumar. Hago pintura, albañilería, lo que salga. Por suerte tengo trabajo que me sobra”, aseguró Alejandro y advirtió que son tareas que ya sabía hacer porque “en la vida tenés que rebuscártela de cualquier manera”.

Si bien confesó que tomar la decisión inicial no fue fácil, hoy se muestra contento y satisfecho de haber cambiado de oficio. “En principio no quería, tenía miedo de dejar el carro, después me fui animando. Cuesta formar una cooperativa pero una vez que va saliendo vas conociendo gente. Es mejor que tener que andar todo el día. Hoy trabajo 6 horas y tengo un sueldo digno, antes tenía que trabajar de sol a sol con mi familia”, sostuvo Alejandro.

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Su esposa, Gabriela, también forma parte de la cooperativa María del Rosario junto con sus dos hijos, de 22 y 24 años. “Está muy bueno porque en el carro se trabaja el día a día. Hoy comés y si llueve no vas a comer, es lamentable pero es así. Con esto si llueve no salís, no te mojás, llega el mes y vos cobrás, sabes que la familia está bien acompañada. Es un cambio muy bueno”, celebró Gabriela, al tiempo que manifestó que hacía ya un tiempo que estaba abocada a otros proyectos complementarios con el acarreo. “Nos fue fácil adaptarnos al cambio, porque nosotros ya estábamos con otros proyectos. Hago ropa para vender, tengo una remalladora. Para los otros integrantes fue más difícil llegar al mes, pero como nosotros teníamos otro complemento se nos hizo más fácil”, agregó la mujer.

Según explicó, hoy funcionan con un sueldo básico que se reparte por igual entre cada uno de los integrantes. “Se separa para pagar monotributo, seguros, el contador, gastos de nafta y ropa. La ganancia se reparte entre todos por igual. Están todos muy contentos y de a poco va a ir subiendo el sueldo”, expresó Gabriela, acerca de la iniciativa que integran otras 8 familias.

Una oportunidad

Una experiencia más reciente es la de Ana María, una de las integrantes de la cooperativa Cristo Rey, ya en funcionamiento, pero que está pronta a formalizarse. Junto con dos de sus tres hijos, la mujer de 40 años se dedica a tareas de barrido y zanjeo en el barrio Las Flores, donde vive junto con su familia. Después de toda una vida dedicada al carro, Ana María busca un mejor futuro para sus hijos.

“Ando con el carro de chica. Me dieron la oportunidad de tener un trabajo por la cooperativa, siempre quisimos tener un trabajo. Tenemos que hacer cosas de barrido y zanjeo, que son cosas que ya sabíamos. Además uno está acostumbrado a levantarse temprano así que no nos costó nada seguir adelante”, señaló la mujer, acerca de la nueva rutina de la que también participan 8 familias.

“Costó dejar el carro porque es una costumbre que teníamos. Costó empezar una nueva vida, pero uno piensa en los hijos, que no sigan el camino que nosotros pasamos con miseria andando arriba del carro. Uno quiere lo mejor para ellos”, agregó Ana María, madre de tres jóvenes de 10,18 y 22 años.

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La experiencia de Alejandro, Gabriela y Ana María se replica en otras 6 cooperativas de trabajo que se conformaron en distintos barrios de la ciudad, luego de abandonar la recolección informal por tracción a sangre. Con incursión en tareas que aprendieron a partir de talleres en algunos casos o que ya sabían hacer, en otros, más de 1.300 vecinos se agruparon para buscar una alternativa de trabajo. Compañeros Recicladores, El Rancho, Creciendo en La Lagunita, Nueva Jerusalén, Playón 16 y Los Chicos Libres, son las distintas iniciativas que completan el listado de las cooperativas de trabajo formadas a partir del programa Andando.

Emprendedores

La presentación de los proyectos se dio en el marco de la Semana del Emprendedor, con el objetivo de compartir y visibilizar las diversas experiencias de las familias.

“Queremos mostrar lo que significa el emprender de los barrios, de gente que venía trabajando en la recolección informal de residuos con tracción a sangre y ver cómo han reconvertido su actividad. Son emprendedores que están formando cooperativas de trabajo. La idea fue contar cómo fue la primera experiencia de ser trabajadores autogestivos y trabajar en cooperación. Fomentamos que se asocien y formen grupos cooperativos para que puedan tener otro tipo de trabajo”, señaló a este diario Nicolás Gianelloni, secretario municipal de Economía Social, área responsable de coordinar el programa.

Desde la repartición se capacitó a los vecinos en nuevos oficios, para que luego puedan elegir aquel al cual dedicarse. Se entregaron herramientas, aporte económico, y se los formó en cooperativismo para que comiencen la autogestión de su trabajo.

“A veces los emprendedores parecen estar vinculados con la economía clásica, pero desde Economía Social creemos que hay una mirada social donde el emprendedor en situación de vulnerabilidad puede ser una persona que puede superar y crecer a partir de reconocer nuevos saberes”, concluyó Gianelloni.

El Programa Andando apunta a la eliminación de la tracción a sangre en la ciudad, y promueve la conformación de cooperativas de trabajo con el objetivo de que carreros puedan dejar la recolección informal de residuos con carro y caballo para reemplazarla por tareas de mantenimiento tanto en el ámbito público como privado.

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