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Barrio Ludueña

Noches con sabor amargo: anciano fue víctima de dos viudas negras

Un anciano de 73 años fue víctima de dos viudas negras. Según contó las dejó entrar a su casa, charló un rato y se sintió mareado. Al despertar le faltaban sus pertenencias y los investigadores presumen que le pusieron somníferos en la bebida.


La noche estaba cálida y la luna llena, perfecta para tomar una cerveza en la vereda del barrio. Eso fue lo que hizo Luis M., un vecino de Ludueña de 73 años y nacionalidad peruana al terminar la jornada del lunes. La cosa se puso mejor cuando dos mujeres que pasaron por la puerta le pidieron que les dejara usar el baño de su casa, a lo que el hombre accedió. Lo que siguió fue una charla amena con las desconocidas y un fuerte mareo que lo llevó a la cama. El hombre se recostó y fue vencido por el sueño. Al despertar todo fue desconcierto. La casa estaba revuelta y sus míseras pertenencias habían desaparecido. Los investigadores creen que fue víctima de una dupla de viudas negras y sospechan que sean las mismas que este año robaron dos viviendas tras aplicar somníferos en la bebida de sus presas.

Según denunció el ciudadano peruano, anteanoche se encontraba en la vereda de su casa de Felipe Moré al 200 bis disfrutando de una cerveza cuando dos mujeres se acercaron y le pidieron permiso para pasar al baño. El hombre de 73 años dijo que las dejó entrar y que luego cruzó unas palabras con ellas cuando comenzó a sentirse mareado, por lo que se recostó y entró en un profundo sueño.

Luis recordó que al despertar observó un gran desorden a su alrededor y notó que le faltaban sus anteojos recetados y el tensiómetro, además de ollas, vasos y platos. Por eso dio aviso a la Policía y alrededor de las 2.30 de la madrugada se acercó a su domicilio un móvil de Comando Radioeléctrico que labró un acta. En la misma, la víctima del robo relató lo sucedido, dijo que ambas mujeres eran mayores de edad, que no las conocía de antes y que no podía recordar su vestimenta. Luego le dijo a los uniformados que a la mañana realizaría la denuncia en la seccional 12ª que tiene jurisdicción en la zona.

Según fuentes policiales, un patrullero de esa dependencia policial se acercó ayer a la mañana a su domicilio pero en el mismo no había nadie. Así fue que consultaron con vecinos, uno de los cuales –que no quiso identificarse– les dijo que la vivienda en cuestión está deshabitada desde hace años y que desconoce quién es el propietario, agregándole una pizca de misterio al asunto.

Tentación amarga

Primero la seducción, luego la droga y por último el robo. Así operan las viudas negras, como se conoce a las damas que generan expectativas sexuales en sus víctimas, en general adultos mayores, que lo único que obtienen es el despojo de sus pertenencias y un sabor amargo al despertar.

En ese orden cayó en desgracia a fines de julio don Gervasio, un jubilado de 81 años que una fría tarde de jueves dejó entrar a dos mujeres a su casa de barrio Fisherton Sur. Su yerno llegó a la vivienda y vio salir a dos chicas apuradas y al ingresar se topó con el hombre fuera de combate. Estaba dormido, al parecer por algún somnífero que le brindaron sus visitantes, y le faltaban unos buenos pesos, además de un arma de fuego.

Según contó su yerno a efectivos de la subcomisaría 22ª, cuando ingresó a la vivienda de Donado y San Lorenzo halló al anciano sobre la cama, desnudo y dormido. Al despertar contó los faltantes. Las chicas se habían llevado 740 dólares, 4 mil pesos y una pistola 9 milímetros.

Peor fue la suerte que corrió a fines de abril un hombre de 46 años en su domicilio de Mitre al 2000 al que ingresó con dos mujeres que lo desplumaron. Mientras dormía bajo los efectos de somníferos y alcohol se llevaron el auto del garaje (un Renault Clio) y una computadora. Y como si fuera poco, fue su esposa quien lo encontró desvanecido en la cama al regresar de un viaje.

Según la denuncia en la seccional 5ª, el hombre dijo que solo recordaba que había llegado a su casa acompañado por dos mujeres y nada más. Los somníferos y el alcohol en sangre se lo diagnosticó una médica del servicio de urgencia que lo atendió tras el llamado de su esposa de 47 años que se encontró con la amarga sorpresa.

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