Cultura

Investigación periodística

“No se puede explicar el Mundial 78 sólo desde la dictadura”

En su monumental abordaje al Mundial 78, Matías Bauso se valió de testimonios y perspectivas para entender el fenómeno no sólo desde el contexto en que tuvo lugar sino desde los polémicos y diversos aspectos sociales, políticos y deportivos que lo conformaron.


El Campeonato Mundial de Fútbol de 1978 excede largamente el mundo futbolístico. Y la causa principal es (fue) el contexto histórico y geográfico de su desarrollo.

El lugar fue la Argentina, el país más futbolero del mundo (con lo bueno y lo malo que esto implica), en el marco de una dictadura cívico-militar, la más brutal y sangrienta de toda su historia.

Existen innumerables textos sobre el Mundial 78, sin embargo, todos oscilan entre el análisis desde una perspectiva sociológica, es decir como fenómeno social; amén de otras miradas más livianas donde el abordaje se posiciona sólo en el juego.

Desde ahora hay un libro que lo tiene todo: 78. Historia oral del mundial, escrito por Matías Bauso. En efecto, el texto aborda, desde casi todas los enfoques posibles, un fenómeno tan complejo como apasionaste.

“No se puede explicar el Mundial 78 sólo desde la dictadura”, dice Bauso y lo explica: “Organizar un mundial y eventualmente ganarlo era un anhelo postergado durante casi 50 años, durante los cuales siempre se falló en la obtención de la sede y cundió el pensamiento mágico de que éramos los mejores del mundo pese a que no lo comprobábamos casi nunca. Entonces se hace imposible explicar el Mundial sin la dictadura, pero también explicarlo sólo desde ella”.

El producto del trabajo es un monumental libro de más de 800 páginas con un metódico trabajo de archivo, donde a través de documentos y testimonios de época se recuperan historias olvidadas, recreadas y relatos decididamente ucrónicos.

“Lo primero que hay que decir”, señala Bauso, “es que el libro hubiese sido casi imposible de realizar si no fuera por la tecnología, la compaginación de archivos fue muy compleja”. Y agrega: “Para que nadie se asuste ni desespere, este “ladrillo” se puede empezar a leer desde cualquier punto. Está construido de tal modo que cada capítulo tiene cierta independencia relativa que permite sin problemas esa práctica”.

Y realmente funciona así. Del mismo modo que Rayuela (Julio Cortázar, 1963) 78. Historia oral del mundial puede abordarse desde cualquier punto. Florecen  los conflictos, los mitos y los entredichos. Pero hay también mucha reflexión. Contundente evidencia empírica y aspectos sin una respuesta unívoca. Controversias, donde las pruebas halladas, al menos, pueden sostener dos verdades relativas opuestas.

¿Por qué eligió Bauso el Mundial 78? El autor apunta: “Soy muy futbolero. Tenía casi siete años y como ya era un enfermo del fútbol, al punto que aprendí a leer para poder leer El Gráfico, lo viví con mucha intensidad: miré casi todos los partidos en la pantalla del Luna Park. Esto ya lo dije un millón de veces, pero es lo que verdaderamente me motivó. Me llamaba la atención que un evento relativamente reciente y que había sido absolutamente popular como aquel Mundial fuese recubierto tan rápido de verdades aparentes que nos dejaban tranquilos pero no eran fieles a lo que pasó.”

“Sobre el Mundial 86 no había mucho más para decir, ya habíamos analizado a (Carlos) Bilardo y su rol, a Diego Maradona y su impronta. También se exploró la llamativa ausencia de (Daniel Alberto) Passarella. Como sea, no había más que investigar. Pero sobre el 78 estaba todo por hacerse”, remarca el autor.

Algo no está dicho

Es entonces allí que aparece el Mundial 78, donde lo que impacta es el contexto, puesto que ya no se habla sólo de fútbol, hay algo no dicho. Desde el punto de vista del juego siempre se valoró infinitamente más la conquista del 86. El imaginario colectivo construía explicaciones de dicha valoración sin mencionar el Mundial 78. Negándolo.

En ese marco, a Bauso le costó bastante contactarse con los jugadores del 78. Passarella y (Américo Rubén) Gallego nunca respondieron a los innumerables intentos de contactarlo. “Fue difícil entrevistarlos porque están y siguen estando muy dolidos. Ellos sintieron que tocaron el cielo con las manos pero que no recibieron ese mismo reconocimiento. Al revés: recibieron un escarnio”, explica el autor.

“Mucho de lo que se cree saber sobre el Mundial 78 es erróneo. No se ajusta a lo sucedido”, escribe Bauso en el comienzo del libro y tiene razón. Y también hay razones para ello.

Por el contexto ya descripto, el acercamiento al Mundial 78 es imposible hacerlo sin reparo y con sospechas. Y en muchos casos, con rechazo. Sobre todo desde la perspectiva de los derechos humanos (ver aparte) y desde la política. El contraste entre la euforia y el horror se transforma en una respuesta binaria al fenómeno social.

Pero el mundo fútbol es un terreno fértil para los mitos. “Es el universo donde todo puede ocurrir”, como afirma el periodista Alejandro Wall.

El autor describe sus intenciones: “Yo creo que, más allá de los mitos refutados, lo que aporta el libro respecto al Mundial en general es poder reabrir la discusión”.

Y agrega: “En ese sentido, no intenta ser un trabajo definitivo sino mostrar cómo este Mundial puede mostrar distintos planos o matices o incluso contradicciones que impiden que tengamos un relato cerrado”.

Diccionario analógico

El trabajo le llevó a Bauso cinco años de elaboración, tiempo en que realizó más de 150 entrevistas originales durante la investigación, a las que agregó una bitácora hemerográfica impecable con citas de época, de revistas, de televisión, de radio y un repaso exhaustivo de los libros del tema. Tiene la fascinante virtud que funciona como un “diccionario” temático, al tiempo que se constituye un hipertexto, en la era de las tecnologías, en formato analógico.

El efecto multiplicador de un Mundial de fútbol

“Está muy cristalizada la idea de que el Mundial sólo sirvió para tapar lo que pasaba en materia de derechos humanos, cuando lo que ocurrió fue que el mundo, gracias al Mundial, se enteró de la existencia de esos crímenes. Porque el fútbol tiene un doble efecto que es medio paradójico. Por un lado es un enmascarador: durante un mes parece que sólo habláramos del Mundial. Pero por otro lado es tremendamente multiplicador: todo lo que toca lo difunde a niveles inconcebibles. Pone luz sobre cosas que de otra manera pasarían inadvertidas”, señala Bauso acerca de las implicancias y la proyección que tuvo el evento futbolístico más polémico de la Historia argentina.

La investigación le sirvió a Bauso para encontrar el hilo de una buena cantidad de situaciones que describían muy bien el efecto hacia afuera de un mundial de fútbol hecho en un país ocupado por una dictadura cívico-militar. “Para la prensa, la cuota sudamericana estaba cubierta: Pinochet era un villano sin matices y el modus operandi de sus crímenes era conocido. Acá, en cambio, Videla tenía fama de moderado. La naturaleza clandestina de los crímenes hacía que no se supiera bien lo que pasaba. El Mundial 78 logra que el caso argentino pase a la primera plana de los principales diarios de Francia, Holanda, Alemania, Suecia. Y que empiece ser considerado y discutido en la opinión pública de esos países, con episodios emblemáticos como el de los botones del Hotel Meurice, el más caro de aquellos años en París, que se rehusaron a llevarle las maletas a dos visitantes de la Armada, lo que provocó que los echaran y hubiera una gran campaña pública para reincorporarlos”, contó el autor.

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