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Ciencia y Tecnología

“No hay otra especie que se dé el lujo de derrochar congéneres”

El psicólogo Sebastián Lipina es autor de un libro en el que indaga en la influencia de la pobreza sobre el desarrollo cognitivo.


Sebastián Lipina es psicólogo e investigador del Conicet y autor de Pobre cerebro, un libro en el que indaga en la influencia de la pobreza sobre el desarrollo cognitivo. “Las definiciones de pobreza incluyen las provenientes de otras disciplinas científicas, que intentan aportar al tema más allá de lo que ya ha aportado la economía. Los teólogos de la liberación sostienen, en una definición que los distingue, que es pobre aquel que no tiene conciencia de que es un sujeto de derecho, o sea, que no puede lograr pelear por su dignidad porque no sabe que puede hacerlo. La pobreza no es un fenómeno natural, al que tenemos que mirar con caridad. El homo sapiens es un animal que genera desigualdad y tira a la basura congéneres”, afirmó Lipina, quien se ubica en la psicología de desarrollo cognitiva y se mueve dentro del mundo de las ciencias del desarrollo, en su afán de construir conocimiento nuevo.

“Cuando no existe la equidad y se profundiza la inequidad, las sociedades generan, entre otras cosas, la pobreza. La sociedad deja a mucha gente fuera del sistema”, sostiene, y recurre a Zygmunt Baumann, quien en Vidas desperdiciadas: la modernidad y sus parias, libro editado por Paidós Ibérica en 2013, hace referencia a la “producción” de “residuos humanos”; llama poblaciones “superfluas” a las integradas por emigrantes, refugiados y demás parias que según él son una consecuencia inevitable de la modernización. Y también se trata de un ineludible efecto secundario del progreso económico y la búsqueda de orden, característicos de la modernidad.

Lipina va más allá en el tiempo y rescata el concepto de “homo sacer”, con el que en el Derecho Romano (al que acuden algunos filósofos y sociólogos del siglo XX) se hacía mención a la persona que no tenía lugar en la sociedad.

Las causas de la pobreza tienen distintos tipos de explicaciones según la ideología de las personas; para Lipina “hay personas que lo adjudican al individuo y hay quienes se lo asignan a la forma en cómo nos organizamos social y económicamente. Una de ellas es la que le adjudica al individuo pobre la responsabilidad de su pobreza; y hay otras que tienen una visión en la que toman a la organización social y económica como causal de la pobreza de acuerdo a que haya o no mecanismo de equidad en la sociedad”.

Partiendo de esas definiciones y del concepto de que la pobreza es un síntoma primario de la desigualdad, tal como lo proponen las ciencias sociales, en la actualidad Lipina sostiene que “dentro del mundo académico empezamos a entender que hay un aspecto de la pobreza que tiene que ver, además, con el sufrimiento humano”. Y agrega: “No conozco otra especie animal que se dé el lujo de desperdiciar congéneres, pese a haber alcanzado un cierto desarrollo cultural y ético. Aquí nosotros ponemos sobre la superficie la dimensión moral de la pobreza, la que además es biológica”.

“Esto no debe hacer perder de vista lo que representa la pobreza para la economía y que se manifiesta en la insatisfacción de necesidades básicas y derechos”, añade.

—El no tomar conciencia de todo lo que implica la pobreza, ¿lo sume un poco más en la pobreza a ese individuo y lo imposibilita a asociarse con otras personas y encarar otras estrategias para salir de la misma?

—Lo que usted tal vez quiera expresar es que una persona que padece la dificultad de verse a sí misma como una persona sujeto de derecho puede tener otros padecimientos cognitivos que le impiden resolver el problema; mi respuesta es que a veces sí y a veces no. No es posible generalizarlo, ya que hay individuos que aun siendo excluidos tienen otros mecanismos por los cuales pueden adaptarse y superar esas barreras; eso muestran las evidencias de las ciencias de la educación y del desarrollo. Pero otros muchos, no podrán.

Pobreza y desarrollo son temas muy complejos atravesados por múltiples variables. “Las grandes discusiones que hoy se dan en este terreno tienen más que ver con el tener que con el ser”, afirma.

—¿Sería volver a lo que Erich Fromm planteó hace muchos años sobre el ser y el tener?

—Sí. Uso su análisis para mis trabajos: mucho de lo que ocurre hoy se puede analizar bajo este formato que nos enseñó Fromm. Vivimos en una sociedad de consumo exacerbado, lo que ayuda a reforzar la importancia del tener sobre el ser.

Biología y pobreza

El Eje hipotalámico-hipofisario-adrenal (Eje HHA) es un conjunto complejo de influencias directas e interacciones retroalimentadas entre el hipotálamo, la glándula pituitaria, una estructura localizada bajo el hipotálamo y la glándula adrenal o suprarrenal que secreta cortisol.

“Es un sistema que se retroalimenta con la información que va circulando y es lo que usamos para adaptarnos; huir o atacar, siempre orientado a la sobrevida. Entre otras cosas, nos permite regular la vida. Está activo siempre y hay que tener cuidado en que no esté sobreactivo porque de ese modo enferma y mata por agotamiento; es de esa manera que el ser humano termina siendo un residuo. En este sistema está también muy comprometido el aprendizaje que de acuerdo al funcionamiento del sistema estará más o menos afectado”, señala Lipina, quien asevera que “lo que la pobreza ataca es al pensamiento…”.

—¿Las consecuencias son irreversibles?

—El impacto y el nivel de irreversibilidad son variables. No podemos decir que una persona expuesta a la pobreza se convierta en alguien que no va a poder regular. Existen evidencias que a través de ciertas intervenciones las personas pueden recuperar niveles de desempeño.

—¿Es posible que el ser humano adquiera un nivel de desarrollo que le permita distinguir estos pormenores y actuar en consonancia hacia un futuro donde no se tire más a la basura a nuestros congéneres?

—Podría ser. Soy un escéptico optimista y en la construcción de conocimiento me ubico en la psicología de desarrollo cognitiva. Me muevo dentro del mundo de las ciencias del desarrollo y voy nutriéndome de las hipótesis que tratan de explicar los problemas que intentamos comprender, que hacen referencia al impacto y la intervención para cambiar y hacer más inclusiva la vida para la gente. Como investigador, mi rol es construir conocimiento que me permita ir tratando de comprender cómo ciertas variables influencian y cómo la intervención activa pueda cambiarlas.

Las formas de la pobreza

La pobreza va más allá de la falta de ingresos y recursos para garantizar unos medios de vida sostenibles. Entre sus manifestaciones se incluyen el hambre y la malnutrición, el acceso limitado a la educación y a otros servicios básicos, la discriminación y la exclusión sociales y la falta de participación en la adopción de decisiones. El crecimiento económico debe ser inclusivo con el fin de crear empleos sostenibles y promover la igualdad.

Una de cada cinco personas de las regiones en desarrollo vive con menos de 1,25 dólar diario.

La gran mayoría de esos pobres pertenece a 2 regiones: Asia Meridional y África Subsahariana.

Los elevados índices de pobreza se ven a menudo en países pequeños, frágiles y afectados por conflictos.

En el mundo, 1 de cada 4 niños menores de 5 años no tiene una altura adecuada para su edad.

¿Qué es ser pobre?

Abel Albino, médico pediatra desde hace 43 años y que hace 23 años trata en pobreza y desnutrición, sostiene: “Es una creencia generalizada creer que pobre es una persona como nosotros pero sin plata. Y se comete un error muy grave. El pobre es pobre en todo: en educación, en alimentos, en familia, en amigos, en historia, en sueños, en fuerza, en ideales, en introspección, en experiencia adquirida y, encima, no tiene plata”.

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