El Hincha

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No hay más argentino que Diego Armando Maradona: un antídoto contra la hipocresía

Un artista irrepetible nacido en nuestro país para defender con talento e hidalguía la celeste y blanca. Con sus pinceladas no solo dejó a en ridículo a rivales adentro de la cancha. Afuera del campo de juego dejó a la vista la hipocresía que sobrevuela en el ego de los impolutos


A Diego Armando Maradona no le cabe ninguna tipificación, no entra en una sola adjetivación. Es lo que es, lo que fue y lo que será por el resto de nuestras vidas como argentinos. Representa nuestras virtudes y nuestros defectos, la algarabía, la intensidad y la desazón que nos caracteriza. Todo sintetizado en la lucidez de alguien que quedó expuesto a la mirada ajena del mundo.

Al haber un abanico de facetas para elegir, me sentiría injusto eligiendo solo una de ellas. Pero, inmediatamente después de optar por el que se paseaba con la pelota entre las piernas, me quedaría con el tipo que saca a la luz toda la hipocresía que hay en la sociedad argentina.

Es inevitable conmoverse con ese deportista que defendió la celeste y blanca con talento e hidalguía. Es difícil no deslumbrarse viéndolo en videos sacarse de encima a marcadores, llevarla pegadita al pie y definir como un artista.

Diego en la cancha hizo lo que tenía que hacer. Si no estuvieran en baja calidad o en blanco y negro, pensaría que las imágenes que encontramos hoy en YouTube son montajes. Más allá de mi juventud, miro fútbol desde que nací prácticamente y nunca vi pinceladas, maniobras o definiciones de ese estilo.

Su identificación con Boca y chicanas a River fueron apenas un árbol que me tapó el bosque durante la adolescencia y parte de la juventud. Por eso entiendo a quienes hasta el día de hoy eligen no correrse el velo para reconocerlo, aunque me genera cierta tristeza aquellos que viven para cuestionarle cada paso que da.

Es cierto también que en el intento por defenestrar a un tipo que vivió su vida con errores y aciertos, los impolutos dejan a la vista la hipocresía que sobrevuela en el ego de muchos argentinos.

Maradona fue jugador y fue también una persona. No descubro nada contando de donde vino ni tampoco romantizando cómo creció. Él eligió cómo vivir, y lo hizo genuinamente, sin condicionamientos, no muchos pueden jactarse de lo mismo, incluso con un cuarto del éxito que ostentó el Diez.

Desde el pibito de rulos que anticipaba su sueño, pasando por una pila de ingleses que no lo pueden frenar, líderes mundiales que se le rindieron a los pies, celebridades que lo esperaron para sacar una foto, hasta el tipo que levantó la del copa del mundo. Imágenes fugaces con orden cronológico incierto que grafican apenas algo de lo que nos dejó alguien que indudablemente ostenta las virtudes y los defectos de los argentinos en una sola figura. Que en paz descanses Diego.

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