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“No alcanza con conocer el contenido para enseñar bien”

Por Antonio Capriotti

Desde 1999, cada dos años, en forma alternada entre Europa y América latina y siguiendo la iniciativa de la Asociación Iberoamericana de Didáctica Universitaria (Aidu), con sede en la Universidad de Santiago de Compostela (España), se congregan docentes e investigadores con el fin de reflexionar, intercambiar experiencias y formular acciones en lo referente a la docencia universitaria y de nivel superior.

Poniendo sus prácticas de enseñanza en el centro de la reflexión compartida, los docentes intentarán discutir y crear saberes en su quehacer profesional, dentro del campo de la docencia universitaria y del nivel superior. El VIII Congreso Iberoamericano de Docencia Universitaria y de Nivel Superior tendrá lugar en abril del año próximo. El mismo cuenta con una jornada preparatoria, a realizarse en la sede de Gobierno de la Universidad Nacional de Rosario, en Maipú 1054, el 2 de agosto, estará destinado a docentes de todas las áreas disciplinares, directivos y asesores pedagógicos de instituciones formadoras de nivel superior y se organizará alrededor de la construcción de esos saberes.

Para José Goity, director del Congreso y decano de la Facultad de Humanidades, la construcción de saberes remite a “la Universidad como lugar del conocimiento”. Y agrega: “Se trata de una organización sumamente compleja, cuya materia prima es el saber, lo cual la transforma en un objeto extraño”. Y pasa a enumerar sus funciones: “La enseñanza, a la que transmite en el grado más elevado, en nuestro modelo también produce conocimiento y conjuga investigación y docencia. Como es tradición en nuestro país y en Latinoamérica, se pone en contacto con la comunidad por medio de la extensión universitaria que no es otra cosa que la proyección de la Universidad al medio ya que como tiene injerencia en la sociedad y es parte de ella, transfiere la solución a sus problemas; desde orientar un debate hasta proponer alternativas”.

—¿Por qué el calificativo de compleja?

—Porque se ocupa de innúmeras temáticas y porque se enfrenta a diversas áreas de conocimiento. De allí que el poder de la Universidad se sitúa en quienes producen y transmiten ese conocimiento. Estamos en presencia de una institución con una organización de jerarquías lábiles, de estructuras horizontales, donde la autoridad está en quién transmite idóneamente ese conocimiento, para el cual demanda el trabajo en redes.

—¿Puede darnos un ejemplo?

—Este congreso surge de una red académica que se conforma a partir de una asociación de didáctica y docencia universitaria en la que fueron los académicos quienes se juntaron alrededor de la idea por una afinidad de intereses. Y, luego, esas redes académicas esos docentes que se reúnen en encuentros informales y hasta cotidianos, a partir de afinidades, de compartir puntos de vista y de líneas de trabajo, fueron constituyendo una red que dio en llamarse Asociación Iberoamericana de Didáctica Universitaria (Aidu), conformando un ámbito institucional para trasladárselo a las instancias universitarias. Bianualmente, organiza congresos como éste que va a tener lugar, en Rosario, el año próximo, y que es el producto del encuentro de académicos por el mundo.

—¿Cuál es el interés en este caso?

—El interés está dado por la problemática de la enseñanza en la Universidad, en la que hay cada vez más conciencia en que tener el conocimiento no es lo mismo que transferirlo: no es lo mismo saber que saber enseñar, ya que no se trata de una cuestión mecánica. Con la complejidad del conocimiento y de las instituciones, la transmisión del conocimiento necesita contar con su propia reflexión y nosotros queremos aportar a ella.

Para Liliana Sanjurjo, docente e investigadora de la Facultad de Humanidades y Artes y una de las organizadoras del Congreso que llevará como título “La construcción de los saberes didácticos en la docencia de nivel superior”, el mismo representará “un excelente foro donde reflexionar, debatir y construir herramientas para que la enseñanza superior pueda ir más allá de los conocimientos básicos, disciplinares, adquiridos académicamente y de los contenidos pedagógicos que abordan los problemas de comprensión que enfrenta el docente, y se puedan tener en cuenta las experiencias que devienen de cada caso particular, y el contexto en el cual se desenvuelve el vínculo entre docente y alumno”. Para la docente se “trata de recuperar las experiencias particulares”, y aclara que “los docentes tienen una escasa historia de formación específica en lo pedagógico”, y agrega que “en la Universidad ha prevalecido el criterio según el cual basta conocer el contenido para enseñar bien”.

Sanjurjo reconoce que “de hecho, muchos docentes, a partir de preocuparse no sólo por el contenido sino por el acceso del alumno a la comprensión, han hecho buena docencia aún sin tener los contenidos teóricos pedagógicos”.

Hoy se tratan de recuperar las experiencias personales “porque también en esa construcción hay mucho de la experiencia de hacer docencia, a partir de la cual se va construyendo conocimiento acerca de la enseñanza”, reflexiona Sanjurjo.

—¿Entre quiénes se construyen los saberes?

—Justamente, el título del congreso, “La construcción de saberes acerca de la enseñanza”, apunta a lo que entendemos: que hay conocimientos básicos, disciplinares que se adquieren académicamente, contenidos pedagógicos que abordan los problemas de comprensión con los que se puede enfrentar el docente, además de la manera de resolver, en el aula, frente al alumno, cada cosa en particular; y entender el contexto en el cual están situados docentes y alumnos. No hay recetas. Muchos de los conocimientos provienen de los contenidos básicos pero también de la experiencia. Se trata de recuperar las experiencias particulares. Los docentes tienen una escasa historia de formación específica en lo pedagógico. Porque ha prevalecido en la universidad este criterio que basta con conocer el contenido. Pese a todo y, de hecho, muchos docentes, a partir de preocuparse no sólo por el contenido sino por el acceso del alumno a la comprensión, han hecho buena docencia aún sin tener los contenidos teóricos pedagógicos. Pero hay toda una tradición que ahora está cuestionada y lo que se está tratando de hacer es recuperar las experiencias personales porque también en esa construcción han volcado mucho de las experiencias de hacer docencia, y no hicieron otra cosa que ir construyendo conocimiento acerca de la enseñanza. La Asociación Iberoamericana de Didáctica Universitaria (Aidu) fue gestada al abrigo de una discusión y se decidió por poner en su nombre “didáctica”, o sea, docencia reflexionada, que no es otra cosa que el reflejo del docente que se ocupa de cómo hacer para que “este contenido” sea mejor comprendido, y va al encuentro de otras alternativas para alcanzar los objetivos. Por eso mismo hablamos de construcción y de saberes; porque no basta con saber sólo el contenido.

“La universidad no tiene una tradición en la formación de sus propios docentes”, afirma Goity, “lo cual es una paradoja”.

“Durante mucho tiempo se creyó que la sola posesión del conocimiento habilitaba en forma mecánica al dictado de una cátedra universitaria –siguió–. Si bien hoy la solvencia asentada en el conocimiento académico sigue siendo central a la hora de seleccionar un docente; cada vez es más importante acreditar experiencia y capacitación en la docencia. Es un camino arduo que recién empieza. La universidad ya provee la formación de docentes para el resto del sistema educativo. Y hoy el sistema universitario comienza a ver de otra manera la formación docente. Comienza a revalorizar la formación docente. Se han incorporado los profesorados universitarios que derivará en la formación de docentes del nivel superior. Cómo se forma un docente es muy complejo y tiene todavía mucho de artesanal. Hay mucho por reflexionar y escribir y trabajar sobre los modos de formar un docente porque evidentemente no hay un modo”.

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