El Hincha, Newell's Old Boys

Liga Profesional

Newell’s volvió a la victoria con un triunfazo ante Lanús con un doblete del pibe Castro


Amilcar Orfali

El fútbol es impredecible y eso lo hace atractivo, casi como ningún otro deporte. No siempre gana el que llega mejor, tampoco el que merece hacerlo por el trámite del partido. A veces un equipo es inefectivo, y a la semana siguiente mete todo lo que se le presenta. Y así se puede explicar la victoria de Newell’s 2 a 1 ante Lanús, con dos goles de Nicolás Castro y un Alana Aguerre decisivo.

Hay otra situación difícil de explicar. Este Newell’s no ganó mucho post pandemia, cueste encontrar victorias. Pero enfrentó cuatro veces a Lanús, uno de los equipos más sólidos del fútbol argentino, y fueron cuatro victorias leprosas. Tan ilógico como real.

Newell’s salió a jugar más suelto. Tal vez lo político destrabó tensiones previas. La racha de seis partidos sin triunfos no era causada por las elecciones, pero la soltura que mostró el equipo en el inicio ante Lanús dejó en claro que lo externo algo influía, para peor.

Y esa fluidez que mostró el equipo de Gamboa lo puso en partido ante un Lanús que necesitaba ganar para quedar como líder del torneo. Apuró un rato el local, para probar la resistencia de la Lepra, pero no generó riesgo.

Y Newell’s en la primera chance no perdonó. Salida rápida (tal vez trabajada) de un lateral y aparición al vacío de Nico Castro, quien remató con cara interna para abrir la parábola de la pelota y alejarla del esfuerzo del arquero rival. Ventaja tempranera de Newell’s, para bajar aún más las tensiones.

El Granate sintió el golpe. Esta vez Newell’s no quedó tan desguarnecido como ante River y a los de Zubeldía no le aparecían caminos liberados al área de Aguerre.

Y la Lepra volvió a lastimar. Scocco pivoteó muy lejos, lleevándose a Burdisso. Y Compagnucci puso un pase largo a Castro, quien vio el hueco, acomodó el cuerpo y colocó la pelota contra el palo, para un 2-0 sorpresivo, aunque a esa altura justo.

El fútbol no tiene lógica. Contra River la Lepra remató 20 tiros al arco, y apenas anotó un gol. Y en media hora con Lanús anotó dos de dos. Efectividad al palo.

El partido estaba bajo control. Aguerre casi no participaba. Pero a Newell’s todo le cuesta. Y a veces las incapacidades propias, la inexperiencia o la falta de jerarquía lo hacen sufrir. De una pelotazo largo y controlado por Mansilla, el pibe prefirió no reventar el balón y lo quiso cubrir para que se fuera al saque de arco, López lo primereó y vulneró a Aguerre, para dejar el resultado en suspenso.

Pudo empatar el Granate antes de irse al vestuario, pero Aguerre tuvo una doble atajada ante López y otra frente a un tiro libre de Bernabei que dejaron a la Lepra en ventaja.

Se cuidó más Newell’s en el complemento, con Fernández cubriendo huecos y todos ayudando. Pero se alejó mucho del arco de Acosta, demasiado.

Pudo empatar Lanús, pero el infalible Sand falló un mano a mano y Aguerre manoteó con lo justo una chilena de De la Vega. Pudo estar más tranquilo en el final la Lepra. Pero Giani no se animó a rematar cuando Scocco lo dejó cara a cara con Acosta y el propio Nacho falló desde un lugar donde erra poco.

No importó. El partido tenía destino leproso. Tal vez porque el cambio político liberó tensiones.

O porque Nico Castro demostró que tiene jerarquía, aunque a veces sea intermitente. O quizás porque Aguerre estuvo encendido. Aunque resulta más lógico pensar que la victoria fue porque enfrentó a Lanús, que por esas cosas inexplicables del fútbol es un rival que a Newell’s le sienta bien enfrentar. Créase o no.

Comentarios